{"id":1811,"date":"2010-04-05T19:19:41","date_gmt":"2010-04-05T19:19:41","guid":{"rendered":"http:\/\/elcronistadigital.com\/?p=1811"},"modified":"2011-06-03T19:19:57","modified_gmt":"2011-06-03T19:19:57","slug":"jesus-entre-las-ruinas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elcronistadigital.com\/?p=1811","title":{"rendered":"Jes\u00fas entre las ruinas"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/elcronistadigital.com\/wp-content\/uploads\/2011\/06\/Hait\u00c3\u00ad-terremoto.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-1812\" title=\"Hait\u00c3\u00ad,-terremoto\" src=\"https:\/\/elcronistadigital.com\/wp-content\/uploads\/2011\/06\/Hait\u00c3\u00ad-terremoto.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"210\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Emergi\u00f3 entre las ruinas del Palacio Legislativo de Puerto Pr\u00edncipe como una aparici\u00f3n. Era un caballero de \u00e9bano, erecto e impecable, una presencia inveros\u00edmil en ese mediod\u00eda de calor torrencial, con su traje azul tan bien planchado, su chaleco, su corbata colorada, sus gruesos guantes negros de cuero y lana, su sombrero de fieltro, su bast\u00f3n con un mapamundi en la empu\u00f1adura, su espada flam\u00edgera en el costado derecho y su daga sarracena en el izquierdo. En medio de la polvareda, sus zapatos reluc\u00edan como espejos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">-Soy Jes\u00fas de Nazareth -nos dijo en perfecto franc\u00e9s, sin mezclarlo con una palabra de cr\u00e9ole-. He resucitado tres veces. La primera, ya saben cu\u00e1ndo. La segunda, para la independencia de Hait\u00ed. \u00c9sta es la tercera. Estaba sentado a la diestra del Padre y \u00c9l me mand\u00f3 volver, con una misi\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No tengo la menor simpat\u00eda por los santones, locos m\u00edsticos ni aparecidos. Pero despu\u00e9s de haber pasado unas cinco horas entre las cat\u00e1strofes y devastaciones de la capital haitiana, aquella figura ceremoniosa y profunda me inspir\u00f3 respeto y gratitud, pues parec\u00eda dar sentido, dignidad y trascendencia al cataclismo, el caos y la absurdidad que nos rodeaba.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ten\u00eda cabellos y barba muy blancos y le faltaban los dientes delanteros. Explic\u00f3 que, convertido en una bola de fuego, dio tres vueltas al globo terrestre antes de posarse \u00abaqu\u00ed\u00bb. Y, en el mapamundi de su bast\u00f3n, se\u00f1al\u00f3 Hait\u00ed. Est\u00e1bamos en lo que hab\u00eda sido la Plaza Italia o Plaza de las Naciones y de las banderas de todos los pa\u00edses que antes flameaban all\u00ed quedaban muy pocas enteras, la mayor\u00eda hab\u00edan sido arrancadas, robadas o convertidas en jirones por los elementos desencadenados contra este desgraciado pa\u00eds. A 500 metros a la redonda todo eran escombros. El Palacio Nacional se hab\u00eda doblado en dos y arrodillado, se hab\u00edan desfondado los cinco ministerios vecinos -Relaciones Exteriores, Obras P\u00fablicas, Interior, Econom\u00eda, Educaci\u00f3n-, el Palacio de Justicia, los Registros P\u00fablicos, la Penitenciar\u00eda -el terremoto amnisti\u00f3 a 4.000 presos-, la Catedral y, en todo lo que fue el coraz\u00f3n de la ciudad, no quedaba una construcci\u00f3n indemne, s\u00f3lo paredes, fachadas, cornisas y retazos de techos, y enormes bloques de piedras, escombros y basurales entre los que hormigueaba una multitud silenciosa desguazando lo que quedaba todav\u00eda por llevarse, varillas, marcos y vanos, calaminas, maderas, telas, vigas, pedazos de camas, mesas o escritorios, para armar con esos desechos los descuajeringados campamentos donde anidan por lo menos un mill\u00f3n y medio de sobrevivientes en carpas y refugios min\u00fasculos y asfixiantes que, seg\u00fan todos los pron\u00f3sticos, ser\u00e1n barridos y descuajados por las lluvias que, dentro de pocas semanas, se abatir\u00e1n como una nueva calamidad b\u00edblica sobre los haitianos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En las improvisadas oficinas de las Naciones Unidas erigidas en un rinc\u00f3n del aeropuerto nos hab\u00edan dicho que era riesgoso internarse en algunos de los \u00abcampamentos espont\u00e1neos\u00bb, donde, empujados por el hambre, la sed y la desesperaci\u00f3n, algunos desplazados hab\u00edan agredido a los voluntarios de las organizaciones humanitarias que distribuyen comida, agua, art\u00edculos de primera necesidad, vacunas y curan u operan a las v\u00edctimas. Pero nosotros -\u00e9ramos dos funcionarios del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) y yo- no encontramos la menor hostilidad en nuestro recorrido, sino algo todav\u00eda m\u00e1s angustiante: la pasividad de unos seres despojados de nervio y \u00e1nimo, sumidos en un sopor hipn\u00f3tico, como bajo el efecto de una droga que estupidiza antes de matar. Frente a esa humanidad esterilizada por el dolor y la desolaci\u00f3n, el Jes\u00fas de Nazareth haitiano era la encarnaci\u00f3n de la vida, un monumento a la esperanza.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tengo como una de las experiencias m\u00e1s tristes que he vivido el recorrido por el atestado y laber\u00edntico campamento erigido por los sobrevivientes en lo que fueron los patios y campos deportivos del Colegio San Luis Gonzaga, de los jesuitas, derruido en gran parte. Las fr\u00e1giles carpas se amontonan sobre un suelo de restos de cemento y tierra cruda, con petates o camastros donde las familias deben dormir entreveradas o altern\u00e1ndose porque no es posible que esas cuatro, cinco o seis personas que alberga cada una de ellas tengan espacio suficiente para estar todas tendidas al mismo tiempo. Ah\u00ed est\u00e1n, tumbadas o sentadas, algunas rociando chorritos de agua a los ni\u00f1os, pero, las m\u00e1s, quietas y con la mirada perdida, en medio de montoncitos de objetos dom\u00e9sticos rescatados a la loca, cuando hu\u00edan de la tempestad de piedras que se les ven\u00eda encima, la polvareda que los cegaba y -seg\u00fan muchos, lo peor- el ronquido volc\u00e1nico que reventaba los t\u00edmpanos. Contestan a las preguntas con desgano y sin esperanzas. No piden nada aunque algunos chiquillos alargan la mano, de manera mec\u00e1nica, ejecutando un rito en el que ya no creen. Lo m\u00e1s extraordinario es el silencio que reina. \u00a1Estamos en el Caribe y nadie habla, canta, grita, r\u00ede o chilla! Hay una quietud y un silencio inconcebibles en ese espacio tan reducido donde se api\u00f1an m\u00e1s de mil familias. En algunas esquinas hay largas colas, sobre todo de mujeres, con botellas, ollas y recipientes, esperando el cami\u00f3n cisterna que repartir\u00e1 agua, el bien m\u00e1s preciado y escaso hoy en Hait\u00ed.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La tristeza y anomia de Puerto Pr\u00edncipe desaparecer\u00e1n unos d\u00edas m\u00e1s tarde cuando visite, en Santo Domingo, el Hogar Vida y Esperanza, que el padre Manuel Ruiz ha llenado de ni\u00f1as y ni\u00f1os haitianos malheridos por el se\u00edsmo. (Dicho sea de paso, la Rep\u00fablica Dominicana ha brindado ayuda m\u00e9dica a miles de haitianos heridos en el terremoto). Aunque sin piernas, sin brazos, con los cr\u00e1neos fracturados, enyesados y vendados, han recobrado la alegr\u00eda de vivir. Corren, juegan, o escuchan las historias que les cuenta el director del albergue, que habla cr\u00e9ole. Inolvidable la imagen de Cristina, ni\u00f1a de siete u ocho a\u00f1os que fue extra\u00edda de una monta\u00f1a de derrumbes tras seis d\u00edas del terremoto, con una pierna gangrenada que debieron cortarle. Apoyada en su muleta salta y brinca, muerta de risa, como si viviera en el mejor de los mundos. He aqu\u00ed, adem\u00e1s de Jes\u00fas de Nazareth, otra haitiana que no se deja derrotar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En los dos d\u00edas que estoy en Hait\u00ed no veo un solo perro, ni en la ciudad ni en el campo. Unos me explican que, seg\u00fan la vieja creencia, los perros olfatean y oyen antes que nadie la descomposici\u00f3n subterr\u00e1nea que provocar\u00e1 el terremoto y, ladrando fren\u00e9ticos, huyen lo m\u00e1s lejos posible del lugar del sacud\u00f3n. Otros, que los sobrevivientes azuzados por el hambre se los han comido, igual que a los gatos y dem\u00e1s animales dom\u00e9sticos. En todo caso, han desaparecido y acaso sea mejor as\u00ed. Porque a todos los espect\u00e1culos de horror que se ven en las calles de Puerto Pr\u00edncipe se a\u00f1adir\u00eda, si no, el de canes hambrientos escarbando los escombros en busca de cad\u00e1veres para no morir de inanici\u00f3n. (Unos 200.000 han sido enterrados en fosas comunes, pero se calcula que al menos otros 100.000 yacen a\u00fan sepultados bajo los bloques de cemento, piedras y ladrillos).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Visit\u00e9 s\u00f3lo Puerto Pr\u00edncipe y algunas localidades vecinas a la frontera dominicana como Ganthier y Fond Parisien, donde el se\u00edsmo no provoc\u00f3 mayores da\u00f1os. Pero me aseguran que en otras dos ciudades pr\u00f3ximas al centro neur\u00e1lgico del terremoto, Leogane y Jacmel, los estragos fueron equivalentes a los que han aniquilado la capital de Hait\u00ed.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfQu\u00e9 ocurrir\u00e1 ahora? Jes\u00fas de Nazareth piensa que uno de los efectos beneficiosos de esta tragedia ser\u00e1 la desaparici\u00f3n del sida y, con un brillo p\u00edcaro en los ojos, nos asegura que \u00e9l tiene en sus manos el secreto de su cura. Pero acaso est\u00e9 m\u00e1s cerca de la verdad el pron\u00f3stico pesimista de un italiano, que, como mi hijo Gonzalo, recorre el planeta hace 20 a\u00f1os tratando de aliviar las atrocidades que padece: guerras, genocidios, tifones, plagas, terremotos. \u00abPronto comenzar\u00e1n a irse los 10.000 marines que ahora nos ayudan a mantener el orden y a distribuir alimentos y medicinas. Hait\u00ed dejar\u00e1 de ser noticia en los medios del mundo. Los donativos y env\u00edos caritativos caer\u00e1n en picada. Como, a diferencia de los individuos, las sociedades siempre pueden estar peor, los niveles de vida de los haitianos se degradar\u00e1n todav\u00eda m\u00e1s y habr\u00e1 m\u00e1s pobreza, desocupaci\u00f3n, migraciones y desesperaci\u00f3n. Pero Hait\u00ed no desaparecer\u00e1. Porque, a diferencia de las personas, los pa\u00edses, sabe Dios c\u00f3mo, siempre sobreviven\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Le pregunto a Jes\u00fas de Nazareth por qu\u00e9 el Padre ha elegido, entre los innumerables lugares del globo terr\u00e1queo, mandarlo precisamente a Hait\u00ed. Me responde con una rotunda afirmaci\u00f3n: \u00abPorque mi padre quiere mucho a Hait\u00ed\u00bb. Mientras lo veo alejarse en una nube de polvo amarillo me pregunto c\u00f3mo ser\u00eda si, en vez de quererlo, el Padre Eterno odiara a este pa\u00eds.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mario Vargas Llosa, 2010<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Emergi\u00f3 entre las ruinas del Palacio Legislativo de Puerto Pr\u00edncipe como una aparici\u00f3n. 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