{"id":2020,"date":"2010-12-17T21:36:04","date_gmt":"2010-12-17T21:36:04","guid":{"rendered":"http:\/\/elcronistadigital.com\/?p=2020"},"modified":"2011-06-03T21:36:21","modified_gmt":"2011-06-03T21:36:21","slug":"la-bestia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elcronistadigital.com\/?p=2020","title":{"rendered":"La Bestia"},"content":{"rendered":"<p>\u00a0 <a href=\"https:\/\/elcronistadigital.com\/wp-content\/uploads\/2011\/06\/g\u00c3\u00a1rgola.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-2021\" title=\"g\u00c3\u00a1rgola\" src=\"https:\/\/elcronistadigital.com\/wp-content\/uploads\/2011\/06\/g\u00c3\u00a1rgola.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"200\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>E<\/strong>sa ma\u00f1ana le arranc\u00f3 un pedazo m\u00e1s o menos grande de carne, justo en el gl\u00fateo medio de la pierna derecha. Julio despert\u00f3 sin sobresalto -no era necesario- y se levant\u00f3 con delicadeza, tratando de no hacer ning\u00fan movimiento brusco que pudiera abrir m\u00e1s la herida, a\u00fan fresca y sangrante.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se dirigi\u00f3 hacia el ba\u00f1o, donde guardaba todos los instrumentos de limpieza y sanitizaci\u00f3n. Abri\u00f3 el peque\u00f1o botiqu\u00edn de primeros auxilios y tom\u00f3 un frasco de quinolona, un peque\u00f1o gotero con algo de yodo, algod\u00f3n y una gasa limpia. Empez\u00f3 a desinfectar la herida; ya estaba acostumbrado al ardor que produc\u00eda el contacto del yodo con su carne. Con el algod\u00f3n limpiaba los bordes de la herida, marcados con la forma de los colmillos de la bestia. Luego, pas\u00f3 la gasa sobre su pierna, tratando de no apretar mucho para no lastimar la herida y entorpecer su cicatrizaci\u00f3n, pero tampoco muy holgada; siempre exist\u00eda el riesgo de una infecci\u00f3n. Tom\u00f3 el antibi\u00f3tico con un poco de agua y regres\u00f3 a su cama, no a dormir, sino a recoger las s\u00e1banas manchadas de sangre, para lavarlas y desinfectarlas. Las envolvi\u00f3 y las llev\u00f3 al patio, las sumergi\u00f3 un momento en una tina con agua, cloro y hojas de ruda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mientras las dejaba remojando, camin\u00f3 hacia el peque\u00f1o corral improvisado de su patio. Las gallinas indias, agitando sus alas, armaron un tremendo alboroto -extra\u00f1amente guardaban silencio cuando la bestia rondaba- cuando Julio entr\u00f3 al corral. Tom\u00f3 dos huevos de amor de una gallina echada en una vieja caja de cart\u00f3n y entr\u00f3 a la cocina. Abri\u00f3 la alacena de madera para tomar pan, y del refrigerador tom\u00f3 leche y mantequilla. Coci\u00f3 la leche con un poco caf\u00e9 y unas cuantas rajitas de canela; fr\u00edo los dos huevos con un poco de mantequilla, no le gustaba el aceite como elemento de cocina, prefer\u00eda la margarina o la mantequilla. Con un cuchillo fino, brillante y con delicados grabados, unt\u00f3 un poco de mantequilla en el pan; la leche empez\u00f3 a emanar un olor dulce que invad\u00eda toda la cocina y despertaba los sentidos de Julio. El olor pudo haber llegado hasta las fosas nasales de la bestia, pero en ese momento se encontraba en un s\u00fabito sue\u00f1o, satisfecha del fest\u00edn de carne que extirp\u00f3 de la pierna de Julio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Julio desayun\u00f3, lav\u00f3 su plato y todos los otros instrumentos de cocina que ensuci\u00f3. Sali\u00f3 de nuevo al patio y sac\u00f3 las s\u00e1banas -que a\u00fan no hab\u00edan soltado la mayor parte de sangre- del agua rojiza oscura que rebasaba los bordes de la tina. Restreg\u00f3 la tela blanca contra el lavandero, en un af\u00e1n de higiene y frustraci\u00f3n. Ya casi no le quedaban s\u00e1banas limpias, ten\u00eda que cambiarlas casi todas las noches; la bestia lo estaba dejando sin ropa de cama limpia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tendi\u00f3 las s\u00e1banas y entr\u00f3 a la sala, una habitaci\u00f3n amplia, iluminada por grandes ventanales y de una altura tal que permit\u00eda la fresca circulaci\u00f3n de aire. Ah\u00ed, encendi\u00f3 el viejo tocadiscos de su abuelo para escuchar un viejo vinilo de \u00c9dith Piaf; prendi\u00f3 un Popular, uno de los \u00faltimos que un buen amigo le trajo despu\u00e9s de una r\u00e1pida estad\u00eda por Cuba; busc\u00f3 entre todos sus libros algo interesante en que ocupar su ma\u00f1ana -necesitaba poner su mente a trabajar en otra cosa que no fuera la bestia- y recrear su imaginativo casi inconsciente. Escogi\u00f3 un libro de Faulkner, bastante deteriorado en la portada pero con p\u00e1ginas legibles. Se tir\u00f3 en el viejo sill\u00f3n de tapiz verde y empez\u00f3 a leer. Repasaba con sus dedos las p\u00e1ginas de \u00abEl ruido y la furia\u00bb mientras tomaba largos sorbos del cigarrillo, extingui\u00e9ndolo con sus labios. El aire fresco que recorr\u00eda la habitaci\u00f3n, casi arrullaba a Julio, provoc\u00e1ndole un tentador sue\u00f1o -en las noches no pod\u00eda dormir por el acecho de la bestia- que lo invitaba a dormir.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Julio viv\u00eda en esa casa hace un poco m\u00e1s de 4 a\u00f1os, pero el asedio de la bestia comenz\u00f3 hace menos de dos a\u00f1os. El joven, moreno y alto, tom\u00f3 la herencia de su abuelo para emanciparse del n\u00facleo familiar. Su abuelo siempre le tuvo especial aprecio, estimulado por s\u00f3lo tener una hija y tres nietas; Julio -aunque no compart\u00edan el apellido- era la \u00fanica esperanza del viejo de salvar al menos la sangre de su familia. El padre de Julio, un oficial en retiro, no acept\u00f3 la decisi\u00f3n de su hijo de irse del hogar; a su parecer, no le faltaba nada. Su madre y hermanas lloraron y suplicaron que no se marchara, pero fue en vano. Con su parte de la herencia compr\u00f3 una vieja casa estilo neocolonial -bastante lejos de la de sus padres- y guard\u00f3 un poco m\u00e1s para sus gastos personales. Con s\u00f3lo 18 a\u00f1os ya ten\u00eda su propia casa, de tejas de barro, con un enorme zagu\u00e1n, un jard\u00edn central y una hermosa sala con un amplio librero donde acomod\u00f3 todos los textos favoritos de su abuelo, que tambi\u00e9n le serv\u00eda como estudio de trabajo. Julio disfrutaba de traducir grandes obras del ingl\u00e9s al espa\u00f1ol y decidi\u00f3 -en contra de los deseos de su padre- tomar esta afici\u00f3n como carrera. Su labor demandaba bastante tiempo, al punto que dej\u00f3 de frecuentar sus c\u00edrculos de amigos y dej\u00f3 de visitar los bunkers de cultura de los que tanto gustaba. Ya no acud\u00eda a recitales de poes\u00eda, ni a exposiciones de arte surrealista; incluso, construy\u00f3 un peque\u00f1o corral que pobl\u00f3 con gallinas que compr\u00f3 en el mercado m\u00e1s pr\u00f3ximo, para evitarse tener que salir en busca de alimento. Adem\u00e1s, una se\u00f1ora hac\u00eda sus compras todos los s\u00e1bados por la ma\u00f1ana, con \u00f3rdenes explicitas de qu\u00e9 o qu\u00e9 no quer\u00eda comer esa semana. Sus amigos le hac\u00edan llegar revistas, peri\u00f3dicos y algunos t\u00edtulos que sab\u00edan interesar\u00eda a Julio; siempre los dejaban en la puerta, tocaban tres veces y desaparec\u00edan. Sus d\u00edas eran aburridamente cotidianos, pero intranquilos; siempre sinti\u00f3 que algo m\u00e1s estaba en la casa con \u00e9l.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El primer ataque de la bestia fue una noche de marzo. Julio dorm\u00eda -o pretend\u00eda dormir, pues no era lo mismo sin Catalina a su lado, una antigua novia cuya compa\u00f1\u00eda por las noches extra\u00f1aba- cuando escuch\u00f3 por primera vez los ruidos. Un zumbido sobre su cabeza, acompa\u00f1ado de rasgu\u00f1os sobre las tejas y un extra\u00f1o olor que no pudo reconocer. R\u00e1pidamente, perdi\u00f3 el inter\u00e9s en el asunto y cerr\u00f3 los ojos -pero no durmi\u00f3-. A la ma\u00f1ana siguiente, despert\u00f3 sin un pedazo de carne en su hombro derecho, justo del dorsal mayor. Julio solt\u00f3 un grito que revolvi\u00f3 a las gallinas y corri\u00f3 despavorido al ba\u00f1o para revisar los da\u00f1os contra su humanidad en el espejo. D\u00e9bilmente, empez\u00f3 a curar su herida -que luego har\u00eda a la perfecci\u00f3n- mientras trataba de explicarse el porqu\u00e9 de su herida. Primero, culp\u00f3 a los murci\u00e9lagos, idea que descart\u00f3 luego de haber colocado m\u00faltiples trampas y veneno para los bichillos voladores. Pens\u00f3 en un perro, un gato o alguna otra criatura salvaje que pudiera invadir la seguridad de su casa, pero poco a poco fue descartando cada posible culpable. Trampas, cerrojos, protecci\u00f3n de los brujos del pueblo, nada funcionaba. Los ataques no ten\u00edan un orden cronol\u00f3gico estricto: hab\u00edan semanas en que la bestia pod\u00eda agredir a Julio al menos dos o tres noches; en otras ocasiones una noches bastaba; una mala semana, eran 7 d\u00edas de tortura y s\u00e1banas manchadas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Julio despert\u00f3; la colilla del cigarro le quemaba la entrepierna. Se incorpor\u00f3 de golpe, tirando las cenizas a la alfombra peruana. Mir\u00f3 el reloj, las 11 de la ma\u00f1ana. Se dispuso a hacer el aseo de la casa. La gran extensi\u00f3n de la casa pod\u00eda parecer mucho para una sola persona, lo que complicaba un poco el aseo. Pero a Julio le parec\u00eda ameno, hasta divertido. Le serv\u00eda como ejercicio f\u00edsico -que bien lo necesitaba, el ocio le hab\u00eda hecho ganar unos cuantos kilos\u2013 barrer y sacudir la casa. A eso de las 1 menos 15 termin\u00f3 la limpieza, se dirigi\u00f3 a la cocina para preparar su almuerzo. No ten\u00eda mucha hambre, se prepar\u00f3 un s\u00e1ndwich de jam\u00f3n con queso madurado, cebolla, tomate, lechuga y aceitunas -ten\u00eda una especial afici\u00f3n por las rellenas con pimiento-, con un pedazo de pan que dej\u00f3 del desayuno. Almorz\u00f3 -no tuvo que lavar nada- y regres\u00f3 al estudio, para concluir la lectura. Encendi\u00f3 otro cigarro \u2013cada vez ten\u00eda menos, tendr\u00eda que mandar a pedir m\u00e1s el pr\u00f3ximo s\u00e1bado- y dej\u00f3 descansar su cabeza sobre el respaldar del sill\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La bestia era semejante a un cr\u00f3talo, recubierta con un duro exoesqueleto de quitina, s\u00f3lido como el cuarzo. Un cuadr\u00fapedo con patas unguladas, que saboreaba el aire a su alrededor con su lengua bifurcada y chillaba como chillan los cerdos salvajes, llamando a la desgracia. De su cabeza sobresal\u00edan dos enormes cuernos, puntiagudos y curvos, y su carne brillaba con una lucidez que pod\u00eda tiritar hasta en la noche m\u00e1s oscura. Negras y deformes verrugas cubr\u00edan todo su cuerpo, y una aleta llena de espinas recorr\u00eda toda su espalda hasta el extremo de su larga cola. El tono verduzco de su carne recordaba a los dragones asesinos de paladines que se perdieron en el anta\u00f1o, y de su largo hocico pend\u00edan tres filas de colmillos, con los que todas las noches desgarraba la carne tr\u00e9mula de su v\u00edctima. El hedor de su saliva, viscosa y amarillenta, emulaba al olor de la materia descompuesta y guardaba una cantidad incre\u00edble de bacterias. Era una criatura enorme, pero capaz de ocultarse en el escondite m\u00e1s rec\u00f3ndito y diminuto de toda la casa; sus ojos, que recordaban a la carro\u00f1a y la muerte, eran como dos brasas fulgurantes con una eterna e incontrolable combusti\u00f3n dentro de ellos, el impulso del insaciable apetito de la bestia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Julio despert\u00f3 ya casi a las 6 -el cielo ten\u00eda ese tono naranja que despide al sol-, s\u00f3lo para notar que el cigarro hab\u00eda ca\u00eddo sobre la alfombra, dej\u00e1ndole un gran agujero que luego tapar\u00eda con alg\u00fan mueble. Guard\u00f3 el libro donde lo hab\u00eda encontrado y apag\u00f3 el tocadiscos, que hace rato ya no dejaba escapar ninguna nota de Chanson d&#8217;Amour. Camin\u00f3 hasta la cocina para prepararse un t\u00e9 -los kilos de m\u00e1s ya estaban empezando a preocuparlo- e irse a la cama; antes sali\u00f3 al patio para recoger las s\u00e1banas limpias. Las gallinas ya dorm\u00edan, serenas, con un apaciguamiento que Julio envidiaba; no hay bestia que las acose a ellas. Luego de interminables vueltas por la casa, dos t\u00e9s y un poco de galletas con jalea -beber\u00eda s\u00f3lo uno de menta y otro verde, pero el hambre lo venci\u00f3- y una r\u00e1pida revisi\u00f3n de sus libros, se fue a la cama. Como siempre, el insomnio hizo de las suyas; Julio daba vueltas en la cama, deseando dormir. En la soledad y oscuridad del cuarto, pod\u00eda escucharse el vuelo de un zancudo, necio y aventurero, que rondaba la carne de Julio. Ah\u00ed mismo, pero escuch\u00e1ndose m\u00e1s lejos, hab\u00eda un sonido m\u00e1s pesado -y temible-, una respiraci\u00f3n profunda, inhalaciones y exhalaciones que generaban un vac\u00edo en la habitaci\u00f3n, un revuelo en cada rinc\u00f3n de la casa, una especia de premonici\u00f3n, de advertencia, como la cuenta regresiva previa al ataque; la bestia acechaba.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0 Esa ma\u00f1ana le arranc\u00f3 un pedazo m\u00e1s o menos grande de carne, justo en el gl\u00fateo medio de la pierna derecha. Julio despert\u00f3 sin sobresalto -no era necesario- y se levant\u00f3 con delicadeza, tratando de no hacer ning\u00fan movimiento brusco que pudiera abrir m\u00e1s la herida, a\u00fan fresca y sangrante. \u00a0 Se dirigi\u00f3 hacia [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":2021,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"om_disable_all_campaigns":false,"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[12],"tags":[],"class_list":["post-2020","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-blugs"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/elcronistadigital.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2020","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/elcronistadigital.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/elcronistadigital.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/elcronistadigital.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/elcronistadigital.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=2020"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/elcronistadigital.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2020\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":2023,"href":"https:\/\/elcronistadigital.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2020\/revisions\/2023"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/elcronistadigital.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/2021"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/elcronistadigital.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=2020"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/elcronistadigital.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=2020"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/elcronistadigital.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=2020"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}