{"id":20652,"date":"2013-07-13T10:02:43","date_gmt":"2013-07-13T16:02:43","guid":{"rendered":"http:\/\/elcronistadigital.com\/?p=20652"},"modified":"2013-07-13T10:02:43","modified_gmt":"2013-07-13T16:02:43","slug":"no-me-arrepiento-de-la-revolucion-mas-alla-del-desengano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elcronistadigital.com\/?p=20652","title":{"rendered":"No me arrepiento de la Revoluci\u00f3n, m\u00e1s all\u00e1 del desenga\u00f1o"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_20653\" style=\"width: 310px\" class=\"wp-caption alignleft\"><a href=\"https:\/\/elcronistadigital.com\/?attachment_id=20653\" rel=\"attachment wp-att-20653\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-20653\" class=\"size-medium wp-image-20653\" title=\"SERGIO-RAMIREZ_PREIMA20120324_0176_1\" src=\"https:\/\/elcronistadigital.com\/wp-content\/uploads\/2013\/07\/SERGIO-RAMIREZ_PREIMA20120324_0176_1-300x204.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"204\" srcset=\"https:\/\/elcronistadigital.com\/wp-content\/uploads\/2013\/07\/SERGIO-RAMIREZ_PREIMA20120324_0176_1-300x204.jpg 300w, https:\/\/elcronistadigital.com\/wp-content\/uploads\/2013\/07\/SERGIO-RAMIREZ_PREIMA20120324_0176_1-342x232.jpg 342w, https:\/\/elcronistadigital.com\/wp-content\/uploads\/2013\/07\/SERGIO-RAMIREZ_PREIMA20120324_0176_1.jpg 473w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-20653\" class=\"wp-caption-text\">Sergio Ram\u00edrez, escritor y ex vicepresidente de Nicaragua.<\/p><\/div>\n<p>* \u201cHe visto a los m\u00e1s valientes de mi generaci\u00f3n destruidos por la codicia, guerrilleros heroicos convertidos en millonarios, protagonistas de la m\u00e1s grande de las tragedias \u00e9ticas de esa historia\u201d<\/p>\n<p>Sergio Ram\u00edrez<\/p>\n<p>Ten\u00eda diecis\u00e9is a\u00f1os cuando sal\u00ed de mi pueblo natal, Masatepe, para matricularme en la Escuela de Derecho en Le\u00f3n. Mi padre nunca dud\u00f3 que yo ser\u00eda abogado. Yo s\u00ed ten\u00eda esa duda. O una certeza, quer\u00eda ser escritor. Pero de todas maneras fui el primero en obtener un t\u00edtulo universitario entre mis 56 primos hermanos.<\/p>\n<p>Acababa de triunfar la revoluci\u00f3n cubana y hab\u00eda manifestaciones diarias de estudiantes. Yo tambi\u00e9n estuve pronto en las calles, otro mundo distinto de aquel de donde yo ven\u00eda, porque mi familia era leal al partido liberal de los Somoza. Me veo subido a una balaustrada arengando a los estudiantes en imitaci\u00f3n del discurso radical de mis compa\u00f1eros. Levant\u00e1bamos a la gente y se sumaban cientos de personas. Hasta que lleg\u00f3 aquel 23 de julio.<\/p>\n<p>El cuartel de la Guardia Nacional estaba a dos cuadras de la Universidad, en una de las esquinas de la plaza central. Un pelot\u00f3n de soldados nos cerraba el paso y pocos segundos despu\u00e9s escuch\u00e9 el estallido de una bomba lacrim\u00f3gena. Vi correr por el pavimento las latas rojas humeantes que estallaban y qued\u00e9 cegado por el gas. O\u00ed los primeros disparos de los fusiles Garand, luego el tableteo de una ametralladora y comenc\u00e9 a correr. A escasos metros me top\u00e9 con la puerta de servicio de un restaurante. Empuj\u00e9 la puerta y cedi\u00f3. Sub\u00ed a un dormitorio de la segunda planta que daba a la calle, donde hab\u00eda dos ni\u00f1as en una cama, acompa\u00f1adas de una empleada.<\/p>\n<p>\u201cEstamos solas aqu\u00ed\u201d, me dijo la mujer con voz temblorosa.<\/p>\n<p>Me asom\u00e9 por el balc\u00f3n y los soldados estaban colocados en tres posiciones: de pie, de rodillas y acostados, todos con los fusiles humeantes. Uno con una ametralladora de tr\u00edpode se hallaba echado en la esquina, en la banda izquierda. En la banda derecha yac\u00eda un mont\u00f3n de cuerpos. Alguien gritaba: \u201c\u00a1Una ambulancia!, \u00a1una ambulancia!\u201d.<\/p>\n<p>La mujer me dijo que no hab\u00eda un tel\u00e9fono. El aire se hab\u00eda vaciado de ruidos y todo me parec\u00eda en c\u00e1mara lenta. Vi llegar a un cura que daba los sacramentos a los heridos, un cura norteamericano que de casualidad se hallaba en Le\u00f3n, y luego supe se apellidaba Kaplan.<\/p>\n<p>En ese momento estall\u00f3 la banda de sonido en la pel\u00edcula muda y escuch\u00e9 la sirena de las ambulancias y desde el balc\u00f3n vi que la guardia no las dejaba pasar. Fernando Gordillo, con quien dirig\u00ed la revista Ventana donde \u00e9l publicaba poemas y yo cuentos, envuelto en una bandera marchaba resuelto ofreciendo el pecho al pelot\u00f3n de soldados.<\/p>\n<p>Parec\u00eda, me parece un sue\u00f1o. Baj\u00e9 corriendo, le grit\u00e9 que se detuviera.<\/p>\n<p>No me hizo caso, no me o\u00eda. El pelot\u00f3n abri\u00f3 sus filas en ese momento para darle paso a las ambulancias, y luego retrocedi\u00f3 hacia el cuartel. Ol\u00eda p\u00f3lvora. Erick Ram\u00edrez, mi compa\u00f1ero de banca, estaba tendido en el suelo. Ten\u00eda un orificio en la espalda. Me arrodill\u00e9 a su lado para decirle que lo llevar\u00edamos al hospital y cuando lo volte\u00e9 vi que ten\u00eda el pecho desflorado por el balazo.<\/p>\n<p>Subimos a los heridos y a los muertos en taxis y en veh\u00edculos particulares para trasladarlos al hospital. Era la primera vez que entraba a una morgue. Ah\u00ed descubr\u00ed sobre una de las losas a otro compa\u00f1ero de banca, Mauricio Mart\u00ednez.<\/p>\n<p>Erick y \u00e9l tendidos sobre las losas esperando para ser lavados con una manguera. La cuenta total fue de setenta heridos y cuatro muertos. Ese fue el d\u00eda que mi vida cambi\u00f3 para siempre.<\/p>\n<p>1968.<\/p>\n<p>La d\u00e9cada de los sesenta, la que no se repetir\u00e1, y sin la que nada de lo que est\u00e1 por venir en mi vida ser\u00eda posible, ni lo que me toc\u00f3 vivir ni lo que me ha tocado escribir. Aprend\u00ed que la m\u00e1s l\u00facida de las compatibilidades es que pod\u00eda ser un escritor y un revolucionario, alguien que piensa y que hace, y que encuentra que su sensibilidad para escribir es la misma que le sirve para pensar que otro mundo es posible en la realidad y en la narraci\u00f3n, tierra y cielo, el yin y el yang. Entr\u00e9 en el Club de la Serpiente, fui cronopio de primera fila y no apretaba el tubo de pasta dent\u00edfrica desde abajo. Cort\u00e1zar y Frantz Fanon, el Che y Janis Joplin, Martin Luther King y los Beatles, Ben Bella y los Rolling Stones, Lumumba y Bob Dylan, Woodstock el gran campo de batalla lo mismo que lo era la cordillera de los Andes, Argelia y el Congo, las calles de Par\u00eds en mayo y la plaza de Tlatelolco en octubre de 1968.<\/p>\n<p>Ser joven por primera vez en la vida es una carga seria, la barricada cierra la calle pero abre el camino. Es necesario explorar sistem\u00e1ticamente el azar, dicen tambi\u00e9n los grafitis, una frase que parece escrita por Cort\u00e1zar. Sin los sesentas no habr\u00e1 setentas, querido Perogrullo, sin esa explosi\u00f3n de locura y esperanzas no habr\u00e1 revoluci\u00f3n en Nicaragua, todos esos r\u00edos azarosos y revueltos que van a dar a la mar, que es el vivir. Los guerrilleros en sus escondites le\u00edan Rayuela y le\u00edan La ciudad y los perros, el boom tambi\u00e9n era una rebeli\u00f3n armada; un primo m\u00edo comandante guerrillero se puso por seud\u00f3nimo Aureliano, por Aureliano Buend\u00eda, y otro vino a llamarse directamente Macondo. A nadie hubiera extra\u00f1ado ver a un Ixca Cienfuegos con el fusil en la mano en busca de la regi\u00f3n m\u00e1s transparente del aire.<\/p>\n<p>1979.<\/p>\n<p>En el mismo Paraninfo de la Universidad de donde salimos en manifestaci\u00f3n la tarde de la masacre veinte a\u00f1os atr\u00e1s, en otro mes de julio, soy juramentado como miembro de la Junta Revolucionaria de Gobierno de cinco miembros. Le\u00f3n liberado, capital provisional, una trinchera en cada bocacalle, bulle este 19 de julio de guerrilleros adolescentes que se pasan el santo y se\u00f1a.<\/p>\n<p>Somoza ha huido a Miami con su familia y sus secuaces y la Guardia Nacional se ha desbandado. En las pantallas de televisi\u00f3n Sandino se quita y se pone el sombrero en una vieja toma de archivo de Movietone de pocos segundos. Y al d\u00eda siguiente estamos ya en Managua, un viaje bajo un cielo ardiente sin nubes a bordo de unos Mercedes negros quitados a jerarcas del r\u00e9gimen.<\/p>\n<p>Y otra vez, la sordera. No hay sonidos en el aire cuando subidos a un cami\u00f3n de bomberos rojo encendido, avanzamos por las calles desiertas hacia la plaza donde est\u00e1 todo el mundo y de pronto estalla el bullicio y las campanas de la Catedral repican. La historia seguir\u00e1 siendo escrita por los sobrevivientes porque quienes tejieron la urdimbre de este d\u00eda quedaron en el camino, empezando por Erick y Mauricio, mis dos compa\u00f1eros de banca, y Jorge Navarro, mi otro compa\u00f1ero de banca que dej\u00f3 el aula para irse a la guerrilla y muri\u00f3 en las selvas de Bocay con los pies engusanados. Son miles atr\u00e1s en el camino.<\/p>\n<p>Esta es una revoluci\u00f3n de los muertos que pesar\u00e1 sobre las espaldas de los vivos ahora que pretendemos un mundo que no se parezca a ning\u00fan otro del pasado. Improvisaci\u00f3n y locura. Hay que alfabetizar en pocos meses, acabar con la poliomielitis, repartir la tierra hoy, no ma\u00f1ana. El futuro es concreto y lo imposible no existe: tomemos en serio la revoluci\u00f3n pero no nos tomemos en serio a nosotros mismos, dec\u00edan las paredes de la Sorbona, y esa fue una regla de oro que seguimos con alegr\u00eda desde el nuevo poder hasta que llegamos a olvidarla. Cada vez que un ideal se convierte en decreto, algo de ese ideal se pierde, y cuando ese decreto se aplica, se pierde a\u00fan m\u00e1s, advert\u00eda Pasternak. Nadie estaba para o\u00edr advertencias pero la burocracia es un animal sordo y ciego que se alimenta de papeles, leyes, decretos, reglamentos, circulares.<\/p>\n<p>2013.<\/p>\n<p>En una reuni\u00f3n de conspiradores en San Jos\u00e9 de Costa Rica se planeaba el ataque al cuartel de San Carlos en el r\u00edo San Juan en 1977, y entre quienes iban a participar en la acci\u00f3n se hallaba el Chato Medrano, fugado del hospital donde convalec\u00eda despu\u00e9s que le hab\u00edan cortado medio intestino grueso, y mientras se\u00f1alaba con una mano un mapa con la otra se sosten\u00eda la bolsa por la que defecaba y as\u00ed se fue al combate donde lo mataron. Santidad, si es que no tiene otro nombre.<\/p>\n<p>De \u00e9l me acord\u00e9 cuando perdimos las elecciones en 1990, aturdido entre la bruma de la derrota inesperada, porque c\u00f3mo iba el pueblo a votar en contra de una revoluci\u00f3n popular; y cuando la revoluci\u00f3n se fue por el ca\u00f1o de otra derrota peor que fue la derrota \u00e9tica, me acord\u00e9 de Panchito Guti\u00e9rrez muerto mientras disparaba una ametralladora .50 contra el cuartel de Rivas en 1978 y dej\u00f3 hu\u00e9rfanos a sus tres hijos; m\u00e1s muertos que recordar s\u00f3lo que ahora no hab\u00eda remedio.<\/p>\n<p>Cay\u00f3 el muro de Berl\u00edn, la ciudad dividida donde yo viv\u00ed en los setenta, y se acab\u00f3 el fementido socialismo real. Esos noventa cuando mueren los sesenta, los sue\u00f1os colectivos hechos trizas y el pensar en los dem\u00e1s se convierte en el pensar solamente en uno mismo que es la gran derrota de la aventura humanista, el futuro tan luminoso de los himnos de victoria que pervirti\u00f3 el ego\u00edsmo.<\/p>\n<p>He visto a los m\u00e1s valientes de mi generaci\u00f3n destruidos por la codicia, guerrilleros heroicos convertidos en millonarios, protagonistas de la m\u00e1s grande de las tragedias \u00e9ticas de esa historia. Envilecidos por el poder y por la idea de poder para siempre. Pero tambi\u00e9n he visto a otros que tambi\u00e9n estuvieron a la cabeza de la revoluci\u00f3n y jam\u00e1s tocaron un centavo ajeno y viven en digna pobreza: esos son los imprescindibles.<\/p>\n<p>Si miro atr\u00e1s me veo como fui entonces, y me digo que volver\u00eda a hacer lo mismo que entonces hice. Nunca podr\u00e9 arrepentirme de haber cre\u00eddo porque ser\u00eda arrepentirme de haber vivido, ni tampoco cedo a la tentaci\u00f3n de corregirme a m\u00ed mismo. Pero, ay, no puedo regresar a cobijarme bajo la sombra del lozano \u00e1rbol dorado de la juventud, y las teor\u00edas, tan grises que fueron siempre y ya ni hablemos de las t\u00e9tricas ideolog\u00edas mamotr\u00e9ticas, ideolog\u00edas redentoras que cuando terminan en maquinarias de poder transforman en bagazo los ideales.<\/p>\n<p>Siempre rechazar\u00e9 el poder mal\u00e9volo que se disfraza de benefactor para oprimir, esa rueda que da siempre las mismas vueltas y muele las mismas palabras enga\u00f1osas y numerosas porque la mentira es siempre exuberante. La verdad que no cambia en mi vida sigue siendo un compa\u00f1ero de aula tendido en una losa de la morgue esperando ser lavado por una manguera.<\/p>\n<p>Entr\u00e9 en una revoluci\u00f3n, no en la pol\u00edtica, qu\u00e9 importante se vuelve a estas alturas la sem\u00e1ntica, y lo hice abandonando mi oficio de escritor que luego recuper\u00e9 cuando ya no hubo m\u00e1s revoluci\u00f3n, mi territorio para siempre donde vivo a gusto y el m\u00e1s libre que uno pueda imaginar. Piensas, luego existes; existes, luego imaginas. Pero el viaje por el otro territorio de la revoluci\u00f3n me trajo una experiencia de vida inolvidable, y recog\u00ed tantas cosas que a\u00fan no acabo de vaciar mi equipaje. Me har\u00eda falta otra vida para escribirlas y describirlas todas.<br \/>\nFuente: Clar\u00edn.com<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>* \u201cHe visto a los m\u00e1s valientes de mi generaci\u00f3n destruidos por la codicia, guerrilleros heroicos convertidos en millonarios, protagonistas de la m\u00e1s grande de las tragedias \u00e9ticas de esa historia\u201d Sergio Ram\u00edrez Ten\u00eda diecis\u00e9is a\u00f1os cuando sal\u00ed de mi pueblo natal, Masatepe, para matricularme en la Escuela de Derecho en Le\u00f3n. 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