{"id":22023,"date":"2013-08-20T07:40:51","date_gmt":"2013-08-20T13:40:51","guid":{"rendered":"http:\/\/elcronistadigital.com\/?p=22023"},"modified":"2013-08-20T07:40:51","modified_gmt":"2013-08-20T13:40:51","slug":"los-cuerpos-del-mal","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elcronistadigital.com\/?p=22023","title":{"rendered":"Los cuerpos del mal"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/elcronistadigital.com\/?attachment_id=22024\" rel=\"attachment wp-att-22024\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-medium wp-image-22024\" title=\"mara3\" src=\"https:\/\/elcronistadigital.com\/wp-content\/uploads\/2013\/08\/mara3-300x233.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"233\" srcset=\"https:\/\/elcronistadigital.com\/wp-content\/uploads\/2013\/08\/mara3-300x233.jpg 300w, https:\/\/elcronistadigital.com\/wp-content\/uploads\/2013\/08\/mara3-342x265.jpg 342w, https:\/\/elcronistadigital.com\/wp-content\/uploads\/2013\/08\/mara3.jpg 386w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a>* Un libro retrata la crudeza de la vida cotidiana de las maras, pandillas violentas de Centroam\u00e9rica. Son rostros y voces de v\u00edctimas y victimarios que resumen el destino tr\u00e1gico de una \u00e9poca y un lugar<\/p>\n<p>H\u00e9ctor Pav\u00f3n<br \/>\nClar\u00edn.com<\/p>\n<p>Por favor, al retirar su cad\u00e1ver ll\u00e9vese el pl\u00e1stico\u201d. Dice, con crueldad seca, el cartel colocado en la morgue del hospital p\u00fablico de Guatemala. Un mensaje que esconde otros muchos en s\u00ed mismo, una advertencia y una amenaza que es cotidiana y banal. Hay otros que trascienden lo bizarro y lastiman a la distancia: \u201cVen enseguida. Estoy en la morgue. Han matado a la peque\u00f1a Laura\u201d.<\/p>\n<p>\u201c\u00a1Prefiero que lloren ojos ajenos y no los m\u00edos! Aqu\u00ed no hay leyes, no hay justicia\u201d. Todos ellos aparecen en un escenario desgarrador ubicado en suelo centroamericano y reproducido en las p\u00e1ginas de un libro estremecedor y con un impacto del que no se sale indemne ni con el alma en paz. El libro se llama La otra guerra (editado por Blume en 2012 y distribuido por Riverside) y es una recopilaci\u00f3n de fotograf\u00edas de Miquel Deweber-Plana sobre el fen\u00f3meno de las maras, las pandillas ultraviolentas conocidas por sus tatuajes en barrios guatemaltecos o salvadore\u00f1os.<\/p>\n<p>El fot\u00f3grafo y cronista de causas urgentes recorri\u00f3 la zona en la superficie y en la profundidad durante cinco a\u00f1os y logr\u00f3 este libro que es el mapa de un territorio desolado y aturdido por estas bandas que no son otra cosa que la consecuencia de escasas y desastrosas pol\u00edticas socioecon\u00f3micas. Y de la elecci\u00f3n por el reviente, como dir\u00eda la antrop\u00f3loga mexicana Rossana Reguillo Cruz.<\/p>\n<p>Las maras siempre son noticia. Dentro y fuera de los pa\u00edses donde surgieron y circulan. Y cobran espectacularidad donde quiera que est\u00e9n o donde se tema que puedan aparecer. Desde Guatemala, El Salvador, M\u00e9xico, Costa Rica o hasta el sur de Estados Unidos se constata la presencia violenta y los cuerpos tatuados de los miembros de las bandas m\u00e1s violentas que se han conocido con tanta identidad de las \u00faltimas d\u00e9cadas.<\/p>\n<p>Esos emblemas dibujados en su piel son los que los identifican y los que tanto golpean y rebotan en las lentes fotogr\u00e1ficas y en las c\u00e1maras de los documentalistas. Y esas im\u00e1genes poderosas ahora llegan del otro lado del oc\u00e9ano. Las \u00faltimas noticias desde Espa\u00f1a avisan que hubo enfrentamientos entre integrantes de diferentes grupos maras como la MS13 \u2013conocida como \u201cSalvatrucha\u201d\u2013 y la Pandilla 18 \u2013tambi\u00e9n identificada como Calle 18 o M18.<\/p>\n<p>La palabra mara proviene de \u201cmarabunta\u201d, grupo de hormigas que arrasan con lo que encuentran a su paso. Estas pandillas o bandas surgieron en ciudades de Estados Unidos, b\u00e1sicamente en Los \u00c1ngeles. Eran grupos formados por j\u00f3venes latinoamericanos que proven\u00edan de los grandes movimientos migratorios del siglo pasado. Muchos de ellos, delincuentes de distintos rubros y categor\u00edas, fueron deportados a sus pa\u00edses de origen y as\u00ed dieron nacimiento a las \u201cmaras\u201d latinoamericanas.<\/p>\n<p>Reguillo Cruz conoce el tema y ha pensado y escrito al respecto. Aclara: \u201cDos cuestiones resultan relevantes aqu\u00ed: la primera, el reconocimiento temprano de que estas expresiones juveniles no pod\u00edan leerse al margen de una cuesti\u00f3n de clase y, de manera especial, como expresiones que se insertaban de forma m\u00e1s o menos clara no solo en el fracaso aparente de los movimientos populares, sino en la derrota evidente de las luchas pol\u00edticas de los 70 y principios de los 80 en buena parte de Am\u00e9rica Latina.<\/p>\n<p>La otra cuesti\u00f3n es la ambivalencia como signo primero de estos colectivos juveniles, su rostro bifronte y desconcertante: la recuperaci\u00f3n de las tradiciones democr\u00e1ticas de lucha y reivindicaci\u00f3n ciudadana junto a incipientes formas de expresi\u00f3n violenta y de ruptura con el orden social\u201d.<\/p>\n<p>No es un detalle menor subrayar que en Guatemala hubo un largo conflicto armado que dej\u00f3 m\u00e1s de 200 mil muertos y que reci\u00e9n a partir del a\u00f1o 1996 se empez\u00f3 a avizorar el horizonte con la firma de los Acuerdos de Paz. Sin embargo, este pacto no implic\u00f3 un cese de la violencia. Hacia el a\u00f1o 2000 se produc\u00edan unas seis mil muertes violentas por a\u00f1o.<\/p>\n<p>Seg\u00fan Marco Antonio Canteo Patz\u00e1n, director del Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales de Guatemala en un art\u00edculo incluido en el libro \u201cLas presiones de los organismos finacieros internacionales durante la d\u00e9cada de 1990 para constituir Estados \u2018m\u00e1s eficientes\u2019 y controlar su d\u00e9ficit p\u00fablico indujeron la aplicaci\u00f3n de una pol\u00edtica neoliberal sumamente agresiva, Se tuvo as\u00ed en la regi\u00f3n una justificaci\u00f3n para no invertir en pol\u00edticas sociales y preventivas, a pesar de la enorme demanda existente para resolver los problemas sociales y estructurales que dieron origen al conflicto armado, acentuando la desigualdad y la injusticia\u201d.<\/p>\n<p>Tatuajes mortales<\/p>\n<p>Una de las agrupaciones m\u00e1s grandes en t\u00e9rminos num\u00e9ricos es la Mara Salvatrucha (MS-13). Se supone que no posee un \u00fanico l\u00edder sino que se organiza en peque\u00f1os grupos o sub grupos determinados por su ubicaci\u00f3n geogr\u00e1fica o territorial, denominadas como clicas. En Latinoam\u00e9rica se cree que re\u00fane a m\u00e1s de 70.000 miembros. Muchos de ellos han entrado en contacto con el temible cartel de Sinaloa que los contrata para su guerra narco contra el cartel de los Zetas.<\/p>\n<p>\u201cLa mara representa el retrato perfecto de la amenaza extrema y, lamentablemente, sus integrantes colaboran activamente en la propagaci\u00f3n de su propia leyenda, en la que ficci\u00f3n y realidad se entremezclan para certificar que las profec\u00edas posapocal\u00edpticas se realizan en esos cuerpos plagados de mensaje, que avanzan ominosamente sobre territorios reales y simb\u00f3licos, como testimonios vivos de la fragilidad del orden social que nos hemos dado\u201d, se\u00f1ala Reguillo Cruz.<\/p>\n<p>\u201cLas violaciones se convirtieron en algo muy com\u00fan dentro de la pandilla. Al ver una mujer bonita, mis homies (compa\u00f1eros) solo pensaban en abusar de ella. Me ped\u00edan que la llevara, con falsos pretextos, a nuestro punto a un terreno bald\u00edo, y all\u00ed la violaban. No solo uno, sino todos los de la clica abusaban de ella. Siendo mujer, sab\u00eda muy bien el sufrimiento que viv\u00edan esas pobres patojas (chicas). En algunos casos, las mataban por miedo a que los denunciaran. Nunca hubiera querido participar en esto, pero dentro de la clica ya no eres t\u00fa, ya no te perteneces, ya no eres libre, t\u00fa ya no te mandas sino que te mandan todos. Y cuando me daban la orden no pod\u00eda negarme, porque en realidad no quer\u00eda ser yo la violada\u201d. Esto le dijo Alicia M. de 23 a\u00f1os, una ex integrante de una pandilla a Deweber-Plana.<\/p>\n<p>El fot\u00f3grafo cronista se camufla para ser parte del paisaje que est\u00e1 interpretando: \u201cCon el tiempo, y con la confianza que me he ido ganando, los mareros ya no reparan en m\u00ed cuando hablan por tel\u00e9fono de una extorsi\u00f3n, de una violaci\u00f3n o incluso de un asesinato, a veces en directo, de un chofer de autob\u00fas.<\/p>\n<p>Yo hago ver que no me entero, que no entiendo nada. Pero el cansancio me vence. Acabo teniendo la insoportable sensaci\u00f3n de haberme convertido en c\u00f3mplice o testigo, por m\u00e1s que me sepa impotente ante semejante realidad. As\u00ed que antes de cometer una torpeza que podr\u00eda ser fatal, decido poner fin a mis visitas cotidianas. Hago una \u00faltima foto\u201d. Deweber-Planas est\u00e1 abrumado pero blindado ante los espect\u00e1culos terror\u00edficos que presenci\u00f3 en su paso por el territorio en guerra no formal.<\/p>\n<p>Reguillo, int\u00e9rprete singular de este fen\u00f3meno, analiza en detalle el contexto y de forma acertada indica que los datos corroboran aquellas intuiciones, y en torno de las direcciones posibles \u2013la pobreza estructural, el repliegue del Estado benefactor, los m\u00faltiples fracasos de la escuela, ya sea como instancia garante de la incorporaci\u00f3n social, como espacio de socializaci\u00f3n o como escenario para la formaci\u00f3n de ciudadanos\u2013 las evidencias no pueden ser m\u00e1s elocuentes.<\/p>\n<p>Seg\u00fan la Comisi\u00f3n Econ\u00f3mica para Am\u00e9rica Latina y el Caribe (Cepal), sobre la base de datos de la Organizaci\u00f3n Panamericana de la Salud, 31.867 j\u00f3venes varones murieron en la regi\u00f3n por causas violentas (homicidio) y 2.814 j\u00f3venes mujeres perdieron la vida de igual forma. En Brasil, Colombia, El Salvador y M\u00e9xico se registraron los mayores porcentajes de estas formas de violencia extrema. La Cepal produjo un material titulado \u201cLa juventud en Iberoam\u00e9rica. Tendencias y urgencias\u201d, all\u00ed asume que la violencia mortal en El Salvador est\u00e1 vinculada a las maras: \u201cdenominaci\u00f3n que reciben los grupos de pandillas juveniles en ese pa\u00eds, constituidas originalmente por j\u00f3venes salvadore\u00f1os deportados de los Estados Unidos y que son reconocidos por su agresividad, formas violentas de cohesi\u00f3n interna y defensa de su territorio y actividades, entre las que se presume vinculaci\u00f3n con redes internacionales de narcotr\u00e1fico\u201d.<\/p>\n<p>La guerra sin fin<\/p>\n<p>Las fotos de Dewever-Plana son descarnadas e \u00edntimas, trascienden el documento period\u00edstico y muestran no s\u00f3lo la \u201cotra guerra\u201d sino tambi\u00e9n la \u201cotra cara\u201d de las maras. Aquella de la v\u00edctima victimario, la del que mata y es matado, del que viola y es violado. La del arrepentido tard\u00edo.<\/p>\n<p>Pero la violencia retratada no es unidireccional sino la que se dispara en mil direcciones posibles y reales. En todas ellas est\u00e1 la muerte como destino. \u201cLa violencia es un monstruo de mil cabezas, le cortas una y salen dos. Quitas la vida a un pandillero pero hay dos ni\u00f1os que sue\u00f1an con ocupar su lugar. Siento que todos los esfuerzos que realizan las organizaciones para la reinserci\u00f3n y la rehabiltaci\u00f3n de esos j\u00f3venes son como un grito en el desierto. Al final, la voz se pierde y nadie la escucha\u201d, dice Ver\u00f3nica J. trabajadora social de 32 a\u00f1os asumiendo una realidad indiscutible. Un futuro oscuro, a\u00fan.<\/p>\n<p>Dewever-Plana y la periodista Isabelle Foug\u00e8re filmaron el documental \u201cAlma, hija de la violencia\u201d. Es la confesi\u00f3n de una ex mara en un formato interactivo novedoso e impactante. Alma es mucho m\u00e1s que ella misma, es la voz colectiva de un pa\u00eds que no sale del arrasamiento sufrido, de la violencia en todas sus formas. Es el retrato de una voz que encarna, en definitiva, la voz de una generaci\u00f3n sacrificada.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>* Un libro retrata la crudeza de la vida cotidiana de las maras, pandillas violentas de Centroam\u00e9rica. Son rostros y voces de v\u00edctimas y victimarios que resumen el destino tr\u00e1gico de una \u00e9poca y un lugar H\u00e9ctor Pav\u00f3n Clar\u00edn.com Por favor, al retirar su cad\u00e1ver ll\u00e9vese el pl\u00e1stico\u201d. 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