{"id":25479,"date":"2013-11-12T06:59:09","date_gmt":"2013-11-12T12:59:09","guid":{"rendered":"http:\/\/elcronistadigital.com\/?p=25479"},"modified":"2013-11-12T06:59:09","modified_gmt":"2013-11-12T12:59:09","slug":"llegara-el-dia-en-que-abrace-a-mis-hijos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elcronistadigital.com\/?p=25479","title":{"rendered":"\u201cLlegar\u00e1 el d\u00eda en que abrace a mis hijos\u201d"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_25480\" style=\"width: 237px\" class=\"wp-caption alignleft\"><a href=\"https:\/\/elcronistadigital.com\/?attachment_id=25480\" rel=\"attachment wp-att-25480\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-25480\" class=\"size-medium wp-image-25480\" title=\"Glenda Vazquez\/San Sebastian\/08-11-2013\/LUSA\" src=\"https:\/\/elcronistadigital.com\/wp-content\/uploads\/2013\/11\/Glenda-V\u00e1squez-227x300.jpg\" alt=\"\" width=\"227\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/elcronistadigital.com\/wp-content\/uploads\/2013\/11\/Glenda-V\u00e1squez-227x300.jpg 227w, https:\/\/elcronistadigital.com\/wp-content\/uploads\/2013\/11\/Glenda-V\u00e1squez.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 227px) 100vw, 227px\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-25480\" class=\"wp-caption-text\">Glenda Vazquez, nicarag\u00fcense migrante en el Pa\u00eds Vasco, Espa\u00f1a.<\/p><\/div>\n<p>* Migrante de Nicaragua en el Pa\u00eds Vasco, Espa\u00f1a, cuenta aspectos de lo duro de dejar su tierra y del hecho de que pese a su sacrificio, le echen en cara haber dejado a sus hijos al cuido de su mam\u00e1<\/p>\n<p>Hace seis a\u00f1os y medio, Glenda V\u00e1zquez viv\u00eda en Ocotal, al norte de Nicaragua. Trabajaba en el hospital municipal como auxiliar de estad\u00edstica. Ten\u00eda un empleo cualificado que, sin embargo, resultaba insuficiente para sostener a su familia, pues su sueldo era el \u00fanico ingreso del hogar y hab\u00eda que sacar adelante a tres hijos, seg\u00fan publica elcorreo.com de Espa\u00f1a.<\/p>\n<p>La suya era una situaci\u00f3n l\u00edmite. Los ni\u00f1os crec\u00edan. El mayor ten\u00eda 14 a\u00f1os; el menor, 11. Y Glenda, como muchas otras madres solas, cabezas de familia en entornos adversos, supo que el \u00fanico modo de brindarles un futuro era mediante la educaci\u00f3n. Comprendi\u00f3 que la llave que abr\u00eda esa puerta estaba lejos. Y emigr\u00f3.<\/p>\n<p>\u00abFue una decisi\u00f3n muy dura. Hubo momentos tristes y dif\u00edciles\u00bb, dice antes de mencionar la soledad y la extra\u00f1eza de los primeros tiempos, cuando lleg\u00f3 a Lasarte. \u00abTodo era muy diferente, empezando por las calles, que aqu\u00ed est\u00e1n pavimentadas y all\u00ed son de tierra o adoquines. La cultura, la gastronom\u00eda, la m\u00fasica&#8230; Pero eso -matiza- es lo de menos. Incluso tiene aspectos positivos. Lo verdaderamente doloroso es estar lejos de tus hijos y que los dem\u00e1s te juzguen por ello\u00bb.<\/p>\n<p>Madre a distancia<\/p>\n<p>Glenda no es la \u00fanica mujer convertida en madre a distancia. Como ella hay cientos, miles de personas que han tenido que aprender un nuevo modelo de maternidad o paternidad, uno que sacrifica la proximidad f\u00edsica en aras de la supervivencia, el progreso o el aumento de oportunidades para los hijos. Implica grandes renuncias y convicciones muy profundas. No tiene nada que ver con el abandono o con la falta de inter\u00e9s y, sin embargo, as\u00ed se percibe muchas veces desde fuera.<\/p>\n<p>\u00abDuele que te juzguen por eso, porque no es f\u00e1cil. No lo es para m\u00ed y tampoco para mis hijos, que se quedaron al cuidado de mi madre. Yo tom\u00e9 esta decisi\u00f3n para que ellos tuvieran estudios, para que pudieran ir a la universidad y valerse por sus propios medios. No quer\u00eda que se frustraran en ese aspecto, sino que tuvieran todas las oportunidades a su alcance\u00bb, explica ahora, satisfecha porque \u00abal mayor s\u00f3lo le queda un a\u00f1o para terminar la carrera\u00bb.<\/p>\n<p>Entre las muchas renuncias que entra\u00f1a su decisi\u00f3n est\u00e1n la realizaci\u00f3n personal, la reivindicaci\u00f3n de derechos y el orgullo. \u00abNo se trata de que no puedas ejercer tu profesi\u00f3n, si la tienes, ni de que no puedas aprovechar todo tu potencial. Se trata de que las condiciones de trabajo y el trato que recibes son muy severos y, en ocasiones, injustos\u00bb, reflexiona.<\/p>\n<p>Sobrexplotaci\u00f3n<\/p>\n<p>Recuerda jornadas de diecis\u00e9is horas o marcas en las piernas por fregar suelos arrodillada. \u00abDesde que vine, me he dedicado a cuidar personas, a tareas del hogar. El tipo de trabajo no es el problema, porque vienes a eso, a abrirte paso como puedas. Es el trato. S\u00f3lo quien lo ha vivido sabe lo que es, lo cruel que puede llegar a ser. Yo nunca hab\u00eda experimentado algo as\u00ed, ni siquiera en mi pa\u00eds, que en muchos aspectos sigue siendo subdesarrollado\u00bb.<\/p>\n<p>El \u00faltimo desencanto fue perder su empleo por quedarse embarazada. \u00abNo lo buscaba -admite-, pero ocurri\u00f3. Vuelvo a ser madre sola ahora, cuando mis hijos mayores son grandes. Y s\u00ed, podr\u00eda haber decidido otra cosa. Lo f\u00e1cil habr\u00eda sido no tener a mi ni\u00f1a, pero mi conciencia me imped\u00eda seguir por ese camino. Uno tiene que asumir las responsabilidades de sus actos\u00bb, sostiene Glenda que, pese a todo, mantiene el optimismo.<\/p>\n<p>\u00abHay un punto en el que te mentalizas y aprendes a vivir la vida tal cual, asumiendo lo que hay y tirando para adelante. Si empiezas a darle vueltas a la cabeza, te deprimes y no puedes avanzar ni lograr esos objetivos por los que hab\u00edas venido. Algo que me ha ayudado mucho es vincularme a otras personas y conocer mejor la cultura de aqu\u00ed. Me apunt\u00e9 a cursos para aprender euskera los domingos con la asociaci\u00f3n Banaiz Bagara y para cantar en un coro canciones t\u00edpicas de aqu\u00ed. As\u00ed he conocido a gente de diversos pa\u00edses, incluido este, y he aprendido much\u00edsimas cosas\u00bb.<\/p>\n<p>Aprende euskera<\/p>\n<p>\u00abEn la asociaci\u00f3n Esperanza Latina, a la que tambi\u00e9n me acerqu\u00e9, he encontrado a muy buenas personas. He vencido mi timidez y visto iniciativas muy interesantes y \u00fatiles para quienes estamos aqu\u00ed y no tenemos todos los recursos. Ahora, por ejemplo, vendr\u00e1 un consulado itinerante de Nicaragua, mi pa\u00eds, para que podamos hacer nuestros tr\u00e1mites sin tener que desplazarnos a Madrid, que cuesta mucho dinero e implica perder d\u00edas de trabajo\u00bb, comenta Glenda, que sue\u00f1a con abrazar a sus hijos. \u00abYo esperaba emigrar dos a\u00f1os y han pasado muchos m\u00e1s. Cuesta, es duro. Pero ya llegar\u00e1 el d\u00eda\u00bb.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>* Migrante de Nicaragua en el Pa\u00eds Vasco, Espa\u00f1a, cuenta aspectos de lo duro de dejar su tierra y del hecho de que pese a su sacrificio, le echen en cara haber dejado a sus hijos al cuido de su mam\u00e1 Hace seis a\u00f1os y medio, Glenda V\u00e1zquez viv\u00eda en Ocotal, al norte de Nicaragua. 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