{"id":29090,"date":"2014-02-09T11:56:40","date_gmt":"2014-02-09T17:56:40","guid":{"rendered":"http:\/\/elcronistadigital.com\/?p=29090"},"modified":"2014-02-09T11:56:40","modified_gmt":"2014-02-09T17:56:40","slug":"violentamente-dulce-y-tiernamente-amada","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elcronistadigital.com\/?p=29090","title":{"rendered":"Violentamente dulce y tiernamente amada"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_29091\" style=\"width: 248px\" class=\"wp-caption alignleft\"><a href=\"https:\/\/elcronistadigital.com\/?attachment_id=29091\" rel=\"attachment wp-att-29091\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-29091\" class=\"size-medium wp-image-29091\" alt=\"Julio Cort\u00e1zar.\" src=\"https:\/\/elcronistadigital.com\/wp-content\/uploads\/2014\/02\/Julio-Cortazar-238x300.jpg\" width=\"238\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/elcronistadigital.com\/wp-content\/uploads\/2014\/02\/Julio-Cortazar-238x300.jpg 238w, https:\/\/elcronistadigital.com\/wp-content\/uploads\/2014\/02\/Julio-Cortazar-300x377.jpg 300w, https:\/\/elcronistadigital.com\/wp-content\/uploads\/2014\/02\/Julio-Cortazar.jpg 302w\" sizes=\"auto, (max-width: 238px) 100vw, 238px\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-29091\" class=\"wp-caption-text\">Julio Cort\u00e1zar.<\/p><\/div>\n<p>* Julio Cort\u00e1zar y sus encuentros ochenteros con la Nicaragua de entonces\u2026<\/p>\n<p>Mart\u00edn Tovar y Tovar (*)<\/p>\n<p>La aldea misquita de Bismuna, en la frontera norte de Nicaragua, qued\u00f3 vac\u00eda despu\u00e9s del \u00faltimo combate entre el ej\u00e9rcito sandinista y los \u201ccontras\u201d atrincherados en sus campamentos en la franja sur de Honduras. Y hasta all\u00ed lleg\u00f3 el escritor argentino Julio Cort\u00e1zar.<\/p>\n<p>Cort\u00e1zar se uni\u00f3 a una veintena de intelectuales y religiosos norteamericanos que apoyaban al gobierno sandinista y decidieron viajar desde Managua hasta ese lugar remoto, a orillas del caudaloso r\u00edo Coco, para realizar una \u201cvigilia de paz\u201d que motivara un mayor respaldo internacional a la revoluci\u00f3n.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n la cantante local Norma Helena Gadea, la poeta nicarag\u00fcense Claribel Alegr\u00eda y su esposo, el periodista estadounidense Bud Flakoll (1923-1997), eran parte del grupo.<\/p>\n<p>El autor de Rayuela realizaba entonces su s\u00e9ptima visita a Nicaragua, pa\u00eds al que hab\u00eda entrado por primera vez y de forma clandestina en 1976, bajo el r\u00e9gimen somocista, y al que siempre regresaba \u201cpor una obsesi\u00f3n de amor\u201d, como lo dijo en una entrevista.<\/p>\n<p>Bajo las estrellas<\/p>\n<p>\u201cLa situaci\u00f3n es grave en Nicaragua. Comprenderlo ya es algo; tratar de echar una mano ser\u00eda mucho mejor\u201d, coment\u00f3 a mediados de 1982, al reafirmar su apoyo a la causa sandinista, que al igual que la revoluci\u00f3n cubana hab\u00eda captado su atenci\u00f3n varios a\u00f1os atr\u00e1s.<\/p>\n<p>Y con esa intenci\u00f3n lleg\u00f3 Cort\u00e1zar a Bismuna, un pueblo arrasado por la guerra. Muchos de sus pobladores hab\u00edan muerto, otros huyeron a Honduras y el resto fue evacuado por el ej\u00e9rcito nicarag\u00fcense hacia el interior del territorio. Como rastro de la \u00faltima batalla, ocurrida apenas 48 horas antes, el r\u00edo remojaba los cuerpos en descomposici\u00f3n de varios \u201ccontras\u201d tendidos en la orilla.<\/p>\n<p>Cort\u00e1zar vest\u00eda una camisa blanca holgada, jeans y botas de cuero, cuyos cordones at\u00f3 una y otra vez mientras conversaba con los j\u00f3venes soldados. En silencio, su silueta recorri\u00f3 varias veces el riesgoso paisaje rural, sus piernas largu\u00edsimas avanzando sobre las piedras.<\/p>\n<p>\u201cAlguna vez \u00e9ste ser\u00e1 un lugar de paz y aqu\u00ed se construir\u00e1n escuelas. Y siempre habr\u00e1 gente para recoger todas las naranjas\u201d, afirm\u00f3 entonces.<\/p>\n<p>A las 5:00 de la tarde, el militar sandinista a cargo de la zona pidi\u00f3 a los visitantes que ayudaran a cavar trincheras antes de que oscureciera. Al igual que los dem\u00e1s, Julio Cort\u00e1zar tom\u00f3 una pala y comenz\u00f3 a abrir la zanja, labor que le llevar\u00eda casi tres horas.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de corear canciones revolucionarias frente a una fogata, no dud\u00f3 incluir su nombre en el rol de guardia nocturna. Y as\u00ed le toc\u00f3 asumir un turno de cuatro horas de vigilia bajo el cielo negro, apenas salpicado de destellos.<\/p>\n<p>\u201cYo creo que desde muy peque\u00f1o mi desdicha y mi dicha al mismo tiempo fue el no aceptar verdades fabricadas. A m\u00ed no me bastaba que me dijeran que eso era una mesa, o que la palabra madre era la palabra madre y ah\u00ed se acababa todo. Al contrario, en el objeto mesa y en la palabra madre empezaba para m\u00ed un itinerario misterioso que a veces llegaba a franquear y en el que a veces me estrellaba\u201d.<\/p>\n<p>La visita a Bismuna fue registrada por el novelista en su libro Nicaragua tan violentamente dulce, una bit\u00e1cora de sus viajes publicada durante ese mismo 1983.<\/p>\n<p>Nicaragua revolucionaria<\/p>\n<p>\u201cNunca las estrellas de la caliente noche tropical me parecieron m\u00e1s brillantes y hermosas, mientras velaba junto con mis compa\u00f1eros norteamericanos; nunca estuve m\u00e1s seguro de que el futuro centroamericano pertenece a sus pueblos en lucha, desde Guatemala hasta El Salvador. Se lo dije a uno de esos amigos a la vez moment\u00e1neos y permanentes: \u2018El d\u00eda vendr\u00e1 en que aqu\u00ed podremos mirar el cielo por el placer de contemplar estas estrellas y no para detectar los aviones que traen la muerte\u2019. El humo de nuestros cigarrillos era m\u00e1s dulce y m\u00e1s perfumado en torno a la fogata de medianoche\u201d.<\/p>\n<p>Claribel Alegr\u00eda, que en mayo cumplir\u00e1 90 a\u00f1os, dice que no recuerda detalles de aquella visita a Bismuna, pero s\u00ed tiene presente \u201cel gran amor\u201d de Cort\u00e1zar por la Nicaragua revolucionaria.<\/p>\n<p>\u201cJulio ador\u00f3 la revoluci\u00f3n cubana pero nunca estuvo tan enamorado de una revoluci\u00f3n como de la revoluci\u00f3n sandinista. Ahora, si hubiera vivido&#8230; mejor que ya no est\u00e9 porque se hubiera desencantado, pero eso es otra cosa\u201d, declar\u00f3 la poeta a la Radio Universidad de Managua en el a\u00f1o 2000.<\/p>\n<p>D\u00edas despu\u00e9s de su viaje a la frontera norte, el escritor volvi\u00f3 a Managua para recibir del gobierno sandinista la Orden de la Independencia Cultural Rub\u00e9n Dar\u00edo. Un a\u00f1o m\u00e1s tarde, el 12 de febrero de 1984, falleci\u00f3 en Par\u00eds.<\/p>\n<p>(*) Gran relator de la \u00e9pica.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>* Julio Cort\u00e1zar y sus encuentros ochenteros con la Nicaragua de entonces\u2026 Mart\u00edn Tovar y Tovar (*) La aldea misquita de Bismuna, en la frontera norte de Nicaragua, qued\u00f3 vac\u00eda despu\u00e9s del \u00faltimo combate entre el ej\u00e9rcito sandinista y los \u201ccontras\u201d atrincherados en sus campamentos en la franja sur de Honduras. 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