{"id":31014,"date":"2014-04-17T15:13:26","date_gmt":"2014-04-17T21:13:26","guid":{"rendered":"http:\/\/elcronistadigital.com\/?p=31014"},"modified":"2014-04-17T15:13:26","modified_gmt":"2014-04-17T21:13:26","slug":"asalto-al-palacio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elcronistadigital.com\/?p=31014","title":{"rendered":"Asalto al palacio"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/elcronistadigital.com\/?attachment_id=31015\" rel=\"attachment wp-att-31015\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-31015\" alt=\"gabo y ed\u00e9n pastora\" src=\"https:\/\/elcronistadigital.com\/wp-content\/uploads\/2014\/04\/gabo-y-ed\u00e9n-pastora.jpg\" width=\"240\" height=\"120\" \/><\/a>Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez<\/p>\n<p>Esta cr\u00f3nica magistral fue escrita en 1978 por Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez (1928) en base a los testimonios de los participantes en el asalto al Palacio Nacional en Managua, el 22 de agosto de ese mismo a\u00f1o, una operaci\u00f3n decisiva en el derrocamiento de la dictadura de la familia Somoza, que tuvo lugar menos de un a\u00f1o despu\u00e9s, el 19 de julio de 1979. Al cumplirse 25 a\u00f1os del triunfo de la revoluci\u00f3n sandinista, este texto ayuda a entender aquella gesta.<\/p>\n<p>El plan parec\u00eda una locura demasiado simple. Se trataba de tomar el Palacio Nacional de Managua a pleno d\u00eda, con solo veinticinco hombres, mantener en rehenes a los miembros de la C\u00e1mara de Diputados y obtener como rescate la liberaci\u00f3n de todos los presos pol\u00edticos. El Palacio Nacional, un viejo y desabrido edificio de dos pisos con \u00ednfulas monumentales, ocupa una manzana entera con numerosas ventanas en sus costados y una fachada con columnas de parten\u00f3n bananero hacia la desolada Plaza de la Rep\u00fablica. Adem\u00e1s del Senado en el primer piso y la C\u00e1mara de Diputados en el segundo, all\u00ed funcionan el Ministerio de Hacienda, el Ministerio de Gobernaci\u00f3n y la Direcci\u00f3n General de Ingresos, de modo que es el m\u00e1s p\u00fablico y populoso de todos los edificios p\u00fablicos de Managua. Por eso hay siempre un polic\u00eda con armas largas en cada puerta, dos m\u00e1s en las escaleras del segundo piso, y numerosos pistoleros de ministros y parlamentarios por todas partes. En horas h\u00e1biles, entre empleados y p\u00fablico, hay en los s\u00f3tanos, las oficinas y los corredores no menos de tres mil personas. Sin embargo, la direcci\u00f3n del Frente Sandinista de Liberaci\u00f3n Nacional (FSLN) no consider\u00f3 que el asalto de aquel mercado burocr\u00e1tico fuera una locura demasiado simple, sino todo lo contrario: un disparate magistral.<\/p>\n<p>En realidad, el plan lo hab\u00eda concebido y propuesto desde 1970 el veterano militante Ed\u00e9n Pastora, pero s\u00f3lo se puso en pr\u00e1ctica cuando se hizo demasiado evidente que Estados Unidos hab\u00eda resuelto ayudar a Somoza a quedarse en el trono de sangre hasta 1981. \u00abLos que especulan con mi salud, que no se equivoquen\u00bb, hab\u00eda dicho el dictador despu\u00e9s de reciente viaje a Washington. \u00abOtros la tienen peor\u00bb, habr\u00eda agregado, con una arrogancia muy propia de su car\u00e1cter.<\/p>\n<p>Tres empr\u00e9stitos de cuarenta, cincuenta y sesenta millones de d\u00f3lares se anunciaron poco despu\u00e9s. Por \u00faltimo, el propio presidente Carter, de su pu\u00f1o y letra, rebas\u00f3 la copa con una carta a Somoza en la cual lo felicitaba por una pretend\u00eda mejor\u00eda de los derechos humanos en Nicaragua. La Direcci\u00f3n Nacional del FSLN, estimulada por el ascenso notable de la agitaci\u00f3n popular, consider\u00f3 entonces que era urgente la r\u00e9plica terminante, y orden\u00f3 que se pusiera en pr\u00e1ctica el plan congelado y tantas veces aplazado durante ocho a\u00f1os. Como se trataba de secuestrar a los parlamentarios del r\u00e9gimen, se le puso a la acci\u00f3n el nombre clave de \u00abOperaci\u00f3n Chanchera\u00bb. Es decir: el asalto a la casa de los chanchos (cerdos).<\/p>\n<p>Militantes probados<\/p>\n<p>La responsabilidad de la operaci\u00f3n recay\u00f3 sobre tres militantes bien probados. El primero fue el hombre que la hab\u00eda concebido y que hab\u00eda de comandarla, y cuyo nombre real parece un seud\u00f3nimo de poeta en la propia patria de Rub\u00e9n Dar\u00edo: Ed\u00e9n Pastora. Es un hombre de cuarenta y dos a\u00f1os, con veinte de militancia muy intensa y con una decisi\u00f3n de mando que no logra disimular con su estupendo buen humor. Hijo de un hogar conservador, estudi\u00f3 el bachillerato con los jesuitas, y luego hizo tres a\u00f1os de medicina en la Universidad de Guadalajara, M\u00e9xico. Tres a\u00f1os en cinco, porque varias veces interrumpi\u00f3 las clases para volver a las guerrillas de su pa\u00eds, y s\u00f3lo cuando lo derrotaban volv\u00eda a la Escuela de Medicina. Su recuerdo m\u00e1s antiguo, a los siete a\u00f1os, fue la muerte de su padre, asesinado por la Guardia Nacional de Anastasio Somoza Garc\u00eda. Por ser el comandante de la operaci\u00f3n, de acuerdo con una norma tradicional del FSLN, ser\u00eda distinguido con el nombre de \u00abCero\u00bb.<\/p>\n<p>En el segundo lugar fue designado Hugo Torres Jim\u00e9nez, un veterano guerrillero de treinta a\u00f1os, con una formaci\u00f3n pol\u00edtica tan eficiente como su formaci\u00f3n militar. Hab\u00eda participado en el c\u00e9lebre secuestro de una fiesta de parientes de Somoza en 1974, lo hab\u00edan condenado en ausencia a treinta a\u00f1os de c\u00e1rcel y desde entonces viv\u00eda en Managua en la clandestinidad absoluta. Su nombre, igual que la operaci\u00f3n anterior, fue el n\u00famero \u00abUno\u00bb.<\/p>\n<p>La n\u00famero \u00abDos\u00bb, \u00fanica mujer del comando, es Dora Mar\u00eda T\u00e9llez, de veintid\u00f3s a\u00f1os, una muchacha muy bella, t\u00edmida y absorta, con una inteligencia y un buen juicio que le habr\u00edan servido para cualquier cosa grande en la vida. Tambi\u00e9n ella estudi\u00f3 tres a\u00f1os, de medicina en Le\u00f3n. \u00abPero desist\u00ed por frustraci\u00f3n\u00bb, dice. \u00abEra muy triste curar ni\u00f1os desnutridos con tanto trabajo, para que tres meses despu\u00e9s volvieran al hospital en peor estado de desnutrici\u00f3n. \u00abProcede del Frente Guerrillero del Norte. \u00abCarlos Fonseca Amador\u00bb. Desde enero de 1976 viv\u00eda en la clandestinidad.<\/p>\n<p>Otros veintitr\u00e9s muchachos completaban el comando. La direcci\u00f3n del FSLN los escogi\u00f3 con mucho rigor entre los m\u00e1s resueltos y probados en acciones de guerra de todos los comit\u00e9s regionales de Nicaragua, pero lo que m\u00e1s sorprende en ellos es su juventud. Omitiendo a Pastora, la edad promedio del comando era de veinte a\u00f1os. Tres de sus miembros tienen dieciocho.<\/p>\n<p>Los veinticinco miembros del comando se reunieron por primera vez en una casa de seguridad de Managua, solo tres d\u00edas antes de la fecha prevista para la acci\u00f3n. Salvo los tres primeros n\u00fameros, ninguno de ellos se conoc\u00eda entre s\u00ed, ni ten\u00edan la menor idea de la naturaleza de la operaci\u00f3n. Solo les hab\u00edan advertido que era un acto audaz y con un riesgo enorme para sus vidas, y todos hab\u00edan aceptado.<\/p>\n<p>El \u00fanico que hab\u00eda estado alguna vez dentro del Palacio Nacional era el comandante \u00abCero\u00bb, cuando era muy ni\u00f1o y acompa\u00f1aba a su madre a pagar los impuestos. Dora Mar\u00eda, la n\u00famero \u00abDos\u00bb, ten\u00eda una cierta idea del Sal\u00f3n Azul, donde se re\u00fane la C\u00e1mara de Diputados, porque alguna vez lo hab\u00eda visto en la televisi\u00f3n. El resto del grupo no s\u00f3lo no conoc\u00eda el Palacio Nacional, ni siquiera por fuera, sino que la mayor\u00eda nunca hab\u00eda estado en Managua. Sin embargo, los tres dirigentes ten\u00edan un plano perfecto dibujado con un cierto primor cient\u00edfico por un m\u00e9dico del FSLN, y desde varias semanas antes de la acci\u00f3n conoc\u00edan de memoria los pormenores del edificio como si hubieran vivido all\u00ed media vida.<\/p>\n<p>El d\u00eda escogido para la acci\u00f3n fue el martes 22 de agosto, porque la discusi\u00f3n del Presupuesto Nacional aseguraba una asistencia m\u00e1s numerosa. A las 9.30 de la ma\u00f1ana de ese d\u00eda, cuando los servicios de vigilancia confirmaron que habr\u00eda reuni\u00f3n de la C\u00e1mara de Diputados, los veintitr\u00e9s muchachos fueron informados de todos los secretos del plan y se les asign\u00f3 a cada uno una misi\u00f3n precisa. Divididos en seis escuadrones de a cuatro, mediante un sistema complejo pero muy eficaz, a cada uno le correspondi\u00f3 un n\u00famero que permit\u00eda saber cu\u00e1l era su escuadra y su posici\u00f3n dentro de ella.<\/p>\n<p>Fabuloso ingenio<\/p>\n<p>El ingenio de la acci\u00f3n consist\u00eda en hacerse pasar por una patrulla de la Escuela de Entrenamiento B\u00e1sico de Infanter\u00eda de la Guardia Nacional. De modo que se uniformaron de verde olivo, con uniformes hechos por costureras clandestinas en tallas medianas, y se pusieron botas militares compradas el s\u00e1bado anterior en tiendas distintas. A cada uno le dieron un bolso de campa\u00f1a con el pa\u00f1uelo rojo y negro del FSLN, dos pa\u00f1uelos de bolsillo por si sufr\u00edan heridas, un foco de mano, m\u00e1scaras y anteojos contra gases, bolsas pl\u00e1sticas para almacenar el agua en caso de urgencias y bicarbonato para afrontar los gases lacrim\u00f3genos.<\/p>\n<p>En la dotaci\u00f3n general del comando hab\u00eda, adem\u00e1s diez cuerdas de nylon de metro y medio para amarrar rehenes y tres cadenas con candados para cerrar por dentro todas las puertas del Palacio Nacional. No llevaban equipo m\u00e9dico porque sab\u00edan que en el Sal\u00f3n Azul hab\u00eda servicios y medicinas de urgencia. Por \u00faltimo se les repartieron las armas que de ning\u00fan modo pod\u00edan ser distintas a las que usa la Guardia Nacional, porque casi todas hab\u00edan sido capturadas en combate. El parque completo eran dos subametralladoras UZI, un G3, un M3, un M2, veinte fusiles Garand, una pistola Browning y cincuenta granadas. Cada uno dispon\u00eda de trescientos tiros.<\/p>\n<p>La \u00fanica resistencia que opusieron todos fue a la hora de cortarse el cabello y afeitarse las barbas cultivada con tanto esmero en los frentes de guerra. Sin embargo, ning\u00fan miembro de la Guardia Nacional puede llevar cabellos largos ni barbas, y solo los oficiales pueden llevar bigotes. No hab\u00eda m\u00e1s remedio que cortar, y de cualquier manera, porque el FSLN no tuvo a \u00faltima hora un peluquero de confianza. Se peluquearon los uno s loa otros. A Dora Mar\u00eda, una compa\u00f1era resuelta, le trasquil\u00f3 de dos tijeretazos su hermosa caballera de combate, para que no se ve viera que era mujer con la boina negra.<\/p>\n<p>A las 11.50 de la ma\u00f1ana, con el retraso habitual, la C\u00e1mara de Diputados inici\u00f3 la sesi\u00f3n en el Sal\u00f3n Azul. Solo dos partidos forman parte de ella: el Liberal, que es el partido oficial de Somoza y el Partido Conservador, que hace el juego de la oposici\u00f3n legal.<\/p>\n<p>Desde la gran puerta de cristales de la entrada principal se ve la bancada liberal a la derecha y la bancada conservadora a la izquierda. Al fondo, sobre un estrado, est\u00e1 la larga mesa de la Presidencia. Detr\u00e1s de cada bancada hay un balc\u00f3n para las barras de cada partido y una tribuna para los periodistas, pero el balc\u00f3n de las barras conservadoras est\u00e1 cerrado desde hace mucho tiempo, mientras que el de los liberales est\u00e1 abierto y siempre muy concurrido por partidarios a sueldo. Aquel martes estaba m\u00e1s concurrida que de costumbre y hab\u00eda adem\u00e1s unos veinte periodistas en la tribuna de prensa. Asist\u00edan casi todos los diputados y dos de ellos val\u00edan su peso en oro para el FSLN: Luis Pallais Debayle, primo hermano de Anastasio Somoza, y Jos\u00e9 Somoza Abrego, hijo del general Jos\u00e9 Somoza, que es medio hermano del dictador.<\/p>\n<p>El debate sobre el presupuesto hab\u00eda comenzado a las 12.30 cuando dos camionetas Ford, pintadas de verde militar con toldos de lona verde y bancas de madera en la parte posterior, se detuvieron al mismo tiempo frente a las dos puertas laterales del Palacio Nacional. En cada una de las puertas, como estaba previsto, hab\u00eda un polic\u00eda armado con una escopeta, y ambos estaban bastante acostumbrados a su rutina, para darse cuenta de que el verde de las camionetas era mucho m\u00e1s brillante que el de la Guardia Nacional. R\u00e1pidamente, con ruidosas \u00f3rdenes militares, de cada una de las camionetas descendieron tres escuadras de soldados.<\/p>\n<p>El primero que baj\u00f3 fue el comandante \u00abCero\u00bb, frente a la puerta oriental, seguido por tres escuadras. La \u00faltima estaba comandada por la n\u00famero \u00abDos\u00bb: Dora Mar\u00eda. Tan pronto como salt\u00f3 a tierra, \u00abCero\u00bb grit\u00f3 con su voz recia y bien cargada de autoridad: \u00ab\u00a1Ap\u00e1rtense! \u00a1Viene el jefe!\u00bb<\/p>\n<p>El polic\u00eda de la puerta se hizo a un lado de inmediato y el \u00abCero\u00bb dej\u00f3 a uno de sus hombres montando guardia a su lado. Seguido por sus hombres subi\u00f3 la amplia escalera hasta el segundo piso, con los mismos gritos b\u00e1rbaros de la Guardia Nacional cuando se aproxima Somoza, y lleg\u00f3 hasta donde estaban otros dos polic\u00edas con rev\u00f3lveres y bolillos. \u00abCero\u00bb desarm\u00f3 a uno y la \u00abDos\u00bb desarm\u00f3 al otro con el mismo grito paralizante: \u00ab\u00a1Viene el jefe!\u00bb<\/p>\n<p>All\u00ed quedaron apostados otros dos guerrilleros. Para entonces, la muchedumbre de los corredores hab\u00eda o\u00eddo los gritos, hab\u00eda visto a los guardias armados, y hab\u00eda tratado de escapar. En Managua es casi un reflejo social: cuando llega Somoza todo el mundo huye.<\/p>\n<p>\u00abCero\u00bb llevaba la misi\u00f3n espec\u00edfica de entrar en el Sal\u00f3n Azul y mantener a raya a los diputados, sabiendo que todos los liberales y muchos de los conservadores estaban armados. La \u00abDos\u00bb llevaba la misi\u00f3n de cubrir esa operaci\u00f3n frente a la gran puerta de cristales, desde donde dominaba, abajo, la entrada principal del edificio. A ambos lados de la puerta de cristales hab\u00eda previsto encontrar dos polic\u00edas con rev\u00f3lveres. Abajo, en la entrada principal, que era una verja de hierro forjado, hab\u00eda dos hombres armados con una escopeta y una subametralladora. Uno de ellos era un capit\u00e1n de la Guardia Nacional.<\/p>\n<p>\u00abCero\u00bb y la \u00abDos\u00bb, seguidos por sus escuadras, se abrieron paso por entre la muchedumbre despavorida hasta la puerta del Sal\u00f3n Azul, donde se llevaron la sorpresa de que uno de los polic\u00edas ten\u00eda una escopeta. \u00ab\u00a1Viene el jefe!\u00bb, volvi\u00f3 a gritar \u00abCero\u00bb y le arrebat\u00f3 el arma. El \u00abCuatro\u00bb desarm\u00f3 al otro, pero los agentes fueron los primeros en comprender que aquello era un enga\u00f1o, y escaparon por las escaleras hacia la calle. Entonces los dos guardias de la entrada dispararon contra los hombre de la \u00abDos\u00bb, y estos respondieron con una descarga de fuego cerrado. El capit\u00e1n de la Guardia Nacional qued\u00f3 muerto en el acto, y el otro guardia qued\u00f3 herido. La entrada principal, por el momento, qued\u00f3 desguarnecida, pero la \u00abDos\u00bb dej\u00f3 a varios hombres tendidos para protegerla.<\/p>\n<p>Al o\u00edr los primeros tiros, como estaba previsto, los sandinistas apostados en las puertas laterales desarmaron y pusieron en fuga a los polic\u00edas, cerrando las puertas por dentro con cadenas y candados y corrieron a reforzar a sus compa\u00f1eros por entre una muchedumbre que corr\u00eda sin direcci\u00f3n acosada por el p\u00e1nico.<\/p>\n<p>La \u00abDos\u00bb, mientras tanto, pas\u00f3 de largo frente al Sal\u00f3n Azul y lleg\u00f3 hasta el extremo del corredor donde estaba el bar de los diputados. Cuando empuj\u00f3 la puerta con la carabina M1 dispuesta a disparar, solo vio un mont\u00f3n de hombres tendidos y apelotonados en la alfombra azul. Eran diputados dispersos que se hab\u00edan tirado a tierra al o\u00edr los primeros disparos. Sus guardaespaldas, creyendo que en efecto se trataba de la Guardia Nacional, se rindieron sin resistencia.<\/p>\n<p>\u00abCero\u00bb empuj\u00f3 entonces con el ca\u00f1\u00f3n del G3 la amplia puerta de vidrios esmerilados del Sal\u00f3n Azul, y se encontr\u00f3 con la C\u00e1mara de Diputados paralizada en pleno: cuarenta y nueve hombres l\u00edvidos mirando hacia la puerta con una expresi\u00f3n de estupor. Temiendo ser reconocido, porque algunos de ellos hab\u00edan sido sus condisc\u00edpulos en la escuela de los jesuitas, \u00abCero\u00bb solt\u00f3 r\u00e1faga de plomo contra el techo y grit\u00f3 : \u00ab\u00a1La Guardia! \u00a1Todo el mundo a tierra!\u00bb Todos los diputados se tiraron al sueldo detr\u00e1s de los pupitres salvo Pallais Debayle, que estaba hablando por tel\u00e9fono en la mesa de la Presidencia y se qued\u00f3 petrificado. Mas tarde ellos mismos hab\u00edan de explicar el motivo de su terror: pensaron que la Guardia Nacional hab\u00eda dado un golpe contra Somoza y que ven\u00edan a fusilarlos.<\/p>\n<p>Formaci\u00f3n marcial<\/p>\n<p>En el ala oriental del edificio el n\u00famero \u00abUno\u00bb oy\u00f3 los disparos cuando ya sus hombres hab\u00edan neutralizado a los dos polic\u00edas del segundo piso y \u00e9l se dirig\u00eda hacia el fondo del corredor donde estaba el Ministerio de Gobernaci\u00f3n. Al contrario de las escuadras de \u00abCero\u00bb, las del n\u00famero \u00abUno\u00bb entraron en formaci\u00f3n marcial y se iban quedando en el camino para cumplir las misiones asignadas. La escuadra tercera, comandada por el n\u00famero \u00abTres\u00bb, empuj\u00f3 la puerta del Ministerio de Gobernaci\u00f3n, en el momento en que reson\u00f3 en el edificio la r\u00e1faga de plomo de \u00abCero\u00bb. En la antesala del Ministerio se encontraron con un teniente y un capit\u00e1n de la Guardia Nacional, guardaespaldas del ministro, que al o\u00edr los disparos se aprestaban a salir. La escuadra de \u00abTres\u00bb no les dio tiempo a disparar. Luego empujaron las puertas del fondo y se encontraron en un despacho mullido y refrigerado, y vieron detr\u00e1s del escritorio a un hombre de unos cincuenta y dos a\u00f1os, muy alto y un poco cadav\u00e9rico que levant\u00f3 las manos sin que nadie se lo ordenara. Era el agr\u00f3nomo Jos\u00e9 Antonio Mora, ministro de Gobernaci\u00f3n y sucesor de Somoza por designaci\u00f3n del Congreso. Se rindi\u00f3 sin saber ante qui\u00e9n, aunque llevaba en el cinto una pistola Browning y cuatro cargadores repletos en los bolsillos.<\/p>\n<p>El \u00abUno\u00bb, mientras tanto, hab\u00eda llegado hasta la puerta posterior del Sal\u00f3n Azul, saltando por encima de los montones de hombres y mujeres que estaban tirados en el suelo. Luego empuj\u00f3 a la puerta y se qued\u00f3 estupefacto: vio a \u00abCero\u00bb caminando hacia la mesa de la presidencial, mientras gritaba improperios con su voz de trueno, pero no vio a nadie m\u00e1s en el recinto. El \u00abUno\u00bb tuvo la impresi\u00f3n instant\u00e1nea de que todo hab\u00eda fracasado. Lo mismo le ocurri\u00f3 a la \u00abDos\u00bb, que entr\u00f3 en ese momento por la puerta de cristales llevando con la manos en alto a los diputados que encontr\u00f3 en el bar. Solo al cabo de un instante se dieron cuenta de que el sal\u00f3n les pareci\u00f3 desierto porque los diputados estaban tirados en el suelo detr\u00e1s de los pupitres.<\/p>\n<p>Afuera, en ese instante, se oy\u00f3 un breve tiroteo. \u00abCero\u00bb volvi\u00f3 a salir del sal\u00f3n y vio una patrulla de la Guardia Nacional al mando de un capit\u00e1n, que disparaba desde la puerta principal del edificio contra los guerrilleros apostado frente al Sal\u00f3n Azul.\u00bbCero\u00bb les lanz\u00f3 una granada de fragmentaci\u00f3n, y puso t\u00e9rmino al asalto. Un silencio sin fondo se impuso en el interior del enorme edificio cerrado con gruesas cadenas de acero, donde no menos de dos mil quinientas personas, pecho a tierra, se hac\u00edan preguntas sobre su destino. Toda la operaci\u00f3n, como estaba previsto, hab\u00eda durado tres minutos exactos.<\/p>\n<p>Un mal almuerzo<\/p>\n<p>Anastasio Somoza Debayle, el cuarto de la dinast\u00eda que ha oprimido a Nicaragua por m\u00e1s de cuarenta a\u00f1os, conoci\u00f3 la noticia en el momento en que se sentaba a almorzar en el s\u00f3tano refrigerado de su fortaleza privada. Su reacci\u00f3n inmediata fue ordenar que se disparar sin discriminaci\u00f3n contra el Palacio Nacional.<\/p>\n<p>As\u00ed se hizo, pero las patrullas militares no pudieron acercarse porque las escuadras sandinistas los rechazaban con un fuego intenso desde las ventanas de los cuatro costados. Durante quince minutos, un helic\u00f3ptero pas\u00f3 disparando r\u00e1fagas de metralla contra las ventanas y alcanz\u00f3 a herir a un guerrillero en una pierna: el n\u00famero \u00abSesenta y dos\u00bb.<\/p>\n<p>Poco despu\u00e9s, otra llamada de Pallais Debayle le inform\u00f3 a Somoza que el FSLN propon\u00eda como intermediarios a tres obispos nicarag\u00fcenses: monse\u00f1or Miguel Obando y Bravo, arzobispo de Managua, que ya hab\u00eda sido intermediario cuando el asalto a la fiesta de somocistas en 1974; monse\u00f1or Manuel Salazar y Espinosa, obispo de Le\u00f3n, y monse\u00f1or Leovigildo L\u00f3pez Fitoria, obispo de Granada. Los tres, por casualidad, se encontraban en Managua en una reuni\u00f3n especial. Somoza acept\u00f3. Mas tarde, tambi\u00e9n a instancias de los sandinistas, se unieron a los obispos los embajadores de Costa Rica y Panam\u00e1. Los sandinistas, por su parte, encomendaron la dura carga de las negociaciones a la tenacidad y el buen juicio de la n\u00famero \u00abDos\u00bb.<\/p>\n<p>Su primera misi\u00f3n, cumplida a las 2:45 de la tarde, fue entregarles a los obispos el pliego de condiciones. Ped\u00edan la libertad inmediata de todos los presos pol\u00edticos, la publicaci\u00f3n por todos los medios de los partes de guerra y de un comunicado pol\u00edtico adjunto, el retiro de agentes armados a m\u00e1s de trescientos metros del Palacio Nacional, aceptaci\u00f3n de todo cuanto ped\u00edan los empleados en huelga del gremio hospitalario, diez millones de d\u00f3lares y garant\u00edas para que el comando y los presos liberados viajaran a Panam\u00e1 una vez logrado el acuerdo. De modo que las conversaciones empezaron el mismo martes, continuaron toda la noche y culminaron el mi\u00e9rcoles hacia las seis de la tarde. En ese lapso, los negociadores estuvieron cinco veces en el Palacio Nacional, una de ellas a las 3 de la madrugada del mi\u00e9rcoles, y en realidad no parec\u00eda vislumbrarse un acuerdo en las primeras veinticuatro horas.<\/p>\n<p>Lectura del comunicado<\/p>\n<p>La petici\u00f3n de que se leyeran por radio los partes de guerra y un largo comunicado pol\u00edtico que el FSLN hab\u00eda preparado, de antemano resultaba inaceptable para Somoza. Pero otra le resultaba imposible: la liberaci\u00f3n de todos los presos que estaban en la lista. En realidad, en esa lista se hab\u00edan incluido, con toda intenci\u00f3n, veinte presos sandinistas que sin duda hab\u00edan muerto en las c\u00e1celes, v\u00edctimas de torturas y ejecuciones sumarias, pero que el gobierno se negaba a reconocer.<\/p>\n<p>Somoza envi\u00f3 al Palacio Nacional tres respuestas escritas impecablemente en m\u00e1quina el\u00e9ctrica, pero todas sin firmas y redactadas en un estilo informal plagado de ambig\u00fcedades astutas. Nunca hizo una contrapropuesta sino que trataba de eludir las condiciones de los guerrilleros. Desde el primer mensaje fue evidente que quer\u00eda ganar tiempo, convencido de que veinticinco adolescentes no ser\u00edan capaces de mantener a raya por mucho tiempo a m\u00e1s de dos mil personas acosadas por la ansiedad, el hambre el sue\u00f1o. Por eso su primera respuesta a las 9 de la noche del martes fue un desplante ol\u00edmpico que ped\u00eda veinticuatro horas para pensar.<\/p>\n<p>Sin embargo, en su segundo mensaje, a las 8.30 de la ma\u00f1ana del mi\u00e9rcoles, hab\u00eda cambiado la arrogancia por las amenazas, pero empezaba a aceptar condiciones. La raz\u00f3n parec\u00eda clara: los negociadores hab\u00edan recorrido el Palacio Nacional a las 3 de la madrugada y hab\u00edan comprobado que Somoza se equivocaba en sus c\u00e1lculos. Los guerrilleros hab\u00edan desalojado por iniciativa propia a las pocas mujeres embarazadas y a los ni\u00f1os, hab\u00edan entregado por medio de la Cruz Roja a los militares muertos y heridos, y el ambiente en el interior era ordenado y tranquilo. En le primer piso, en cuyas oficinas se hab\u00edan concentrado los empleados subalterno, muchos dorm\u00edan en paz en sillones y escritorios y otros se dedicaban pasatiempos inventados. No hab\u00eda le menor se\u00f1al de hostilidad, sino todo lo contrario, contra los muchachos uniformados que cada cuatro horas hac\u00edan una inspecci\u00f3n del recinto. M\u00e1s a\u00fan; en algunas de las oficinas p\u00fablicas hab\u00edan preparado caf\u00e9 para ellos, y muchos de los rehenes les hab\u00edan expresado su simpat\u00eda y solidaridad, incluso por escrito, y hab\u00edan pedido permanecer all\u00ed de todos modos como rehenes voluntarios.<\/p>\n<p>En el Sal\u00f3n Azul, donde hab\u00edan concentrado a los rehenes de oro, los negociadores hab\u00edan podido observar que el ambiente era tan sereno como en el primer piso. Ninguno de los diputados hab\u00eda ofrecido la menor resistencia, los hab\u00edan desarmado sin dificultad y a medida que pasaban las horas se notaba en ellos un rencor creciente contra Somoza por la demora de los acuerdos. Los guerrilleros, por su parte, se mostraban seguros y bien educados, pero tambi\u00e9n muy resueltos. Su r\u00e9plica a las ambig\u00fcedades del segundo documento fue terminante: si dentro de cuatro horas no hab\u00edan respuestas definitivas empezar\u00edan a ejecutar rehenes.<\/p>\n<p>Somoza debi\u00f3 comprender entonces la vanidad de sus c\u00e1lculos y concibi\u00f3 el temor de una insurrecci\u00f3n popular, cuyos s\u00edntomas comenzaban a vislumbrarse en distintos lugares del pa\u00eds. De modo que a la 1:30 de la tarde del mi\u00e9rcoles, en su tercer mensaje, acept\u00f3 la m\u00e1s amarga de las condiciones: la lectura del documento pol\u00edtico del FSLN a trav\u00e9s de todas las emisoras del pa\u00eds. A las seis de la tarde, despu\u00e9s de dos horas y media, la transmisi\u00f3n hab\u00eda terminado.<\/p>\n<p>Signos de capitulaci\u00f3n<\/p>\n<p>Aunque todav\u00eda no se llegaba a ning\u00fan acuerdo, la verdad parece ser que Somoza estaba dispuesto a capitular desde el mediod\u00eda del mi\u00e9rcoles. En efecto, a esa hora los presos de Managua hab\u00edan recibido \u00f3rdenes de preparar sus maletas para viajar. La mayor\u00eda estaba enterada de la acci\u00f3n por los propios guardianes, y muchos de \u00e9stos, en distintas c\u00e1rceles, les expresaron sus simpat\u00edas secretas. En el interior del pa\u00eds, los presos pol\u00edticos estaban siendo conducidos a Managua desde mucho antes de que se vislumbrara un acuerdo.<\/p>\n<p>A esa misma hora, los servicios de seguridad de Panam\u00e1 le informaron al General Omar Torrijos que un funcionario nicarag\u00fcense de mediano nivel quer\u00eda saber si \u00e9l estar\u00eda dispuesto a enviar un avi\u00f3n para los guerrilleros y los presos liberados. Torrijos estuvo de acuerdo. Minutos despu\u00e9s recibi\u00f3 una llamada del presidente de Venezuela Carlos Andr\u00e9s P\u00e9rez, quien estaba muy al corriente de las negociaciones y notablemente preocupado por la suerte de los sandinistas, y quer\u00eda coordinar con su colega de Panam\u00e1 la operaci\u00f3n del transporte. Esa tarde, el gobierno paname\u00f1o alquil\u00f3 un Electra comercial de la compa\u00f1\u00eda COPA y Venezuela mand\u00f3 un H\u00e9rcules inmenso. Ambos aviones esperaron en el aeropuerto de Panam\u00e1, listos para despegar, el final de la negociaciones.<\/p>\n<p>Culminaron, en realidad , a las 4 de la tarde del mi\u00e9rcoles y a \u00faltima hora trat\u00f3 Somoza de imponer a los guerrilleros un plazo de tres horas para abandonar el pa\u00eds, pero estos se negaron, por razones obvias, a salir de noche. Los diez millones de d\u00f3lares fueron reducidos a quinientos mil, pero el FSLN decidi\u00f3 no discutir m\u00e1s, primero porque el dinero era de todos modos una condici\u00f3n secundaria, pero en especial porque los miembros del comando empezaban a dar peligrosas se\u00f1ales de cansancio despu\u00e9s de dos d\u00edas sin dormir y sometidos a una presi\u00f3n intensa. Los primeros s\u00edntomas, graves, los not\u00f3 en s\u00ed mismo el comandante \u00abCero\u00bb, cuando descubri\u00f3 que no lograba concebir la ubicaci\u00f3n del Palacio Nacional dentro de la ciudad de Managua. Poco despu\u00e9s, el n\u00famero \u00abUno\u00bb le confes\u00f3 que hab\u00eda sido v\u00edctima de una alucinaci\u00f3n: crey\u00f3 o\u00edr que pasaban trenes irreales por la Plaza de la Rep\u00fablica. Por \u00faltimo, \u00abCero\u00bb observ\u00f3 que la n\u00famero \u00abDos\u00bb hab\u00eda empezado a cabecear y en un pesta\u00f1eo instant\u00e1neo estuvo a punto de soltar la carabina. Entonces comprendi\u00f3 que era urgente terminar aquel drama que hab\u00eda de durar, minuto a minuto, cuarenta y cinco horas.<\/p>\n<p>El jueves, a las 9.30 de la ma\u00f1ana, veinticinco sandinistas, cinco negociadores y cuatro rehenes abandonaron el Palacio Nacional con rumbo al aeropuerto. Los rehenes eran los m\u00e1s importantes: Luis Pallais Debayle, Jos\u00e9 Somoza, Jos\u00e9 Antonio Mora y el diputado Eduardo Chamorro. A esa hora, sesenta presos pol\u00edticos de todo el pa\u00eds estaban a bordo de los dos aviones llegados de Panam\u00e1, donde todos hab\u00edan de pedir asilo pocas horas despu\u00e9s. S\u00f3lo faltaban por supuesto, los veinte que nunca m\u00e1s se podr\u00edan rescatar.<\/p>\n<p>Los sandinistas hab\u00edan puesto como condiciones finales que no hubiera militares a la vista ni ninguna clase de tr\u00e1fico en la ruta del aeropuerto. Ninguna de las condiciones se cumpli\u00f3, porque el gobierno orden\u00f3 a la Guardia Nacional salir a las calles para impedir cualquier manifestaci\u00f3n de simpat\u00eda popular. Fue un intento vano. Una ovaci\u00f3n cerrada acompa\u00f1o el paso del autob\u00fas escolar, y las gentes se echaban a la calle para celebrar la victoria, y una larga fila de autom\u00f3viles y motocicletas, cada m\u00e1s numerosa y entusiasta, los sigui\u00f3 hasta el aeropuerto. El diputado Eduardo Chamorro se mostr\u00f3 asombrado de aquella explosi\u00f3n j\u00fabilo popular. El comandante \u00abUno\u00bb, que viajaba a su lado, le dijo con el buen humor de alivio: \u00abYa ve, esto es lo \u00fanico que no se puede comprar con plata\u00bb.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez Esta cr\u00f3nica magistral fue escrita en 1978 por Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez (1928) en base a los testimonios de los participantes en el asalto al Palacio Nacional en Managua, el 22 de agosto de ese mismo a\u00f1o, una operaci\u00f3n decisiva en el derrocamiento de la dictadura de la familia Somoza, que tuvo lugar [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":31015,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"om_disable_all_campaigns":false,"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[3,10],"tags":[],"class_list":["post-31014","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-nacionales","category-cultura"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/elcronistadigital.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/31014","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/elcronistadigital.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/elcronistadigital.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/elcronistadigital.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/elcronistadigital.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=31014"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/elcronistadigital.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/31014\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":31016,"href":"https:\/\/elcronistadigital.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/31014\/revisions\/31016"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/elcronistadigital.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/31015"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/elcronistadigital.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=31014"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/elcronistadigital.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=31014"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/elcronistadigital.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=31014"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}