{"id":33500,"date":"2014-07-09T14:02:47","date_gmt":"2014-07-09T20:02:47","guid":{"rendered":"http:\/\/elcronistadigital.com\/?p=33500"},"modified":"2014-07-09T14:02:47","modified_gmt":"2014-07-09T20:02:47","slug":"en-miami-el-angel-de-la-guarda-es-nicaraguense","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elcronistadigital.com\/?p=33500","title":{"rendered":"En Miami el \u00e1ngel de la guarda es nicarag\u00fcense"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_33501\" style=\"width: 310px\" class=\"wp-caption alignleft\"><a href=\"https:\/\/elcronistadigital.com\/?attachment_id=33501\" rel=\"attachment wp-att-33501\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-33501\" class=\"size-medium wp-image-33501\" alt=\"Al centro, Nora S\u00e1ndigo.\" src=\"https:\/\/elcronistadigital.com\/wp-content\/uploads\/2014\/07\/Nora-S\u00e1ndigo-300x145.jpg\" width=\"300\" height=\"145\" srcset=\"https:\/\/elcronistadigital.com\/wp-content\/uploads\/2014\/07\/Nora-S\u00e1ndigo-300x145.jpg 300w, https:\/\/elcronistadigital.com\/wp-content\/uploads\/2014\/07\/Nora-S\u00e1ndigo-342x165.jpg 342w, https:\/\/elcronistadigital.com\/wp-content\/uploads\/2014\/07\/Nora-S\u00e1ndigo.jpg 620w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-33501\" class=\"wp-caption-text\">Al centro, Nora S\u00e1ndigo.<\/p><\/div>\n<p>Diego Urdaneta *<\/p>\n<p>Miami.- Norita, as\u00ed la llaman sus 817 ni\u00f1os. Aunque realmente no son sus ni\u00f1os, son los hijos estadounidenses de padres indocumentados a cargo de Nora S\u00e1ndigo, una nicarag\u00fcense en Miami a quien no le alcanzan las horas del d\u00eda para prestar ayuda a inmigrantes.<\/p>\n<p>Los padres de estos ni\u00f1os saben que en cualquier momento pueden ser detenidos y deportados de Estados Unidos, donde se calcula que viven unos once millones de personas sin papeles.<\/p>\n<p>Entra entonces en escena S\u00e1ndigo: los padres firman documentos con ella para convertirla en guardiana legal de sus hijos.<\/p>\n<p>\u201cLa gente se ha dado cuenta que de pronto los deten\u00edan e iban a parar a la c\u00e1rcel y no sab\u00edan qu\u00e9 pasaba con los ni\u00f1os. Los ni\u00f1os pod\u00edan quedarse en la escuela y no hab\u00eda quien los recogiera\u201d, explica S\u00e1ndigo, de 48 a\u00f1os, al frente desde hace dos d\u00e9cadas de la organizaci\u00f3n a favor de los inmigrantes Fraternidad Americana.<\/p>\n<p>Solo dos de los 817 ni\u00f1os viven con S\u00e1ndigo, casada y con dos hijos propios. Los dem\u00e1s viven a\u00fan con sus padres o han ido a parar a casa de familiares tras la deportaci\u00f3n de sus progenitores, pero la activista ocupa sus d\u00edas en procurar que no les falte nada, desde comida hasta atenci\u00f3n m\u00e9dica.<\/p>\n<p>S\u00e1ndigo se apoya en una red de voluntarios para velar por los ni\u00f1os, ya que varios de ellos viven en otros estados fuera de Florida.<\/p>\n<p>\u201cA todos los he cargado\u201d &#8211;<\/p>\n<p>En 2008 S\u00e1ndigo acept\u00f3 por primera vez ser guardiana de unos ni\u00f1os peruanos. Desde entonces no ha parado.<\/p>\n<p>\u201cA todos los he visto por lo menos una vez en la vida. A todos los he cargado y algunos que estaban chiquiticos ahora est\u00e1n grandes y los he vuelto a ver\u201d, dice con los ojos h\u00famedos.<\/p>\n<p>Para poder atenderlos, recauda fondos a trav\u00e9s de su organizaci\u00f3n, pero tambi\u00e9n usa sus ahorros.<\/p>\n<p>\u201cLa gente viene a nosotros y creo que es un deber hacerlo, no tenemos alternativa, alguien tiene que hacerlo\u201d, dice esta mujer a quien los ni\u00f1os llaman Norita.<\/p>\n<p>\u201cTratamos de ayudar a todo el mundo. No sabemos c\u00f3mo decir que no\u201d, se\u00f1ala el tambi\u00e9n nicarag\u00fcense Raymundo, casado con S\u00e1ndigo desde hace siete a\u00f1os.<\/p>\n<p>\u201cNo\u201d, responde S\u00e1ndigo tajantemente si se le pregunta si alguna vez se toma un descanso. \u201c\u00bfC\u00f3mo ver tanta desgracia y cerrar los ojos y no hacer nada?\u201d, dice, ella misma inmigrante llegada a Estados Unidos en 1988.<\/p>\n<p>S\u00e1ndigo comenz\u00f3 la jornada del martes organizando cajas con comida que ir\u00e1 repartiendo junto a su esposo a lo largo del d\u00eda.<\/p>\n<p>Pero su actividad es interrumpida. Toca a la puerta una familia con una beb\u00e9 pidiendo ayuda.<\/p>\n<p>La pareja tiene otra hija de once a\u00f1os en M\u00e9xico y no ha podido traerla a Estados Unidos. Quiere que S\u00e1ndigo env\u00ede una carta a la embajada mexicana para abogar por la ni\u00f1a.<\/p>\n<p>S\u00e1ndigo le toma las manos a la madre mientras le cuenta el caso. Llora con ella y la abraza. \u201cVamos a hacer todo lo que sea necesario\u201d, intenta tranquilizarla.<\/p>\n<p>\u201cSolo veo el lado humano\u201d &#8211;<\/p>\n<p>Una hora m\u00e1s tarde, S\u00e1ndigo se encuentra en la humilde casa de Miami Beach de una madre nicarag\u00fcense indocumentada. Sus cuatro hijos est\u00e1n desde hace tres a\u00f1os bajo el cuidado de la activista, quien les lleva comida una vez por semana.<\/p>\n<p>Antes de meter alimentos en el frigor\u00edfico, S\u00e1ndigo muestra que est\u00e1 vac\u00edo.<\/p>\n<p>\u201cMuchas veces aun teniendo la mam\u00e1 o el pap\u00e1, aqu\u00ed la gente est\u00e1 en una situaci\u00f3n muy dif\u00edcil econ\u00f3micamente\u201d, lamenta.<\/p>\n<p>\u201cGracias a Dios, que pone personas tan buenas en el camino\u201d, dice Marta Pineda, otra madre indocumentada, de Guatemala, que se acerc\u00f3 a la casa de Miami Beach cuando se enter\u00f3 que vendr\u00eda S\u00e1ndigo, guardiana de dos de sus hijos.<\/p>\n<p>\u201cEs una desgracia lo que pasa, el destrozar familias, es injusto, no deber\u00eda suceder y mucho menos en este pa\u00eds\u201d, critica S\u00e1ndigo, quien en el pasado intent\u00f3 sin \u00e9xito que la Corte Suprema detuviera las deportaciones de padres de ni\u00f1os estadounidenses.<\/p>\n<p>\u201cLa gente no ve el lado humano de esta situaci\u00f3n. Yo solo veo ese lado\u201d, dice, al confesar que estos a\u00f1os han tenido un fuerte costo emocional.<\/p>\n<p>El sue\u00f1o de la activista es comprar un edificio donde albergar a familiares de personas deportadas y facilitarles abogados, m\u00e9dicos y sic\u00f3logos.<\/p>\n<p>\u201cSi hubiera m\u00e1s \u2018Noritas\u2019 pudi\u00e9ramos hacer mucho m\u00e1s\u201d, concluye, antes de caminar hacia un parque en Miami Beach para jugar con varios de sus protegidos. Pero solo unos minutos: otros peque\u00f1os la esperan en otro rinc\u00f3n de Miami.<\/p>\n<p>* AFP<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Diego Urdaneta * Miami.- Norita, as\u00ed la llaman sus 817 ni\u00f1os. Aunque realmente no son sus ni\u00f1os, son los hijos estadounidenses de padres indocumentados a cargo de Nora S\u00e1ndigo, una nicarag\u00fcense en Miami a quien no le alcanzan las horas del d\u00eda para prestar ayuda a inmigrantes. 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