{"id":36619,"date":"2014-11-24T08:00:27","date_gmt":"2014-11-24T14:00:27","guid":{"rendered":"http:\/\/elcronistadigital.com\/?p=36619"},"modified":"2014-11-24T08:00:40","modified_gmt":"2014-11-24T14:00:40","slug":"vivir-para-contarla","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elcronistadigital.com\/?p=36619","title":{"rendered":"Vivir para contarla"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_36620\" style=\"width: 310px\" class=\"wp-caption alignleft\"><a href=\"https:\/\/elcronistadigital.com\/?attachment_id=36620\" rel=\"attachment wp-att-36620\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-36620\" class=\"size-medium wp-image-36620\" alt=\"Pepe Eliaschev, periodista argentino.\" src=\"https:\/\/elcronistadigital.com\/wp-content\/uploads\/2014\/11\/Pepe-Eliaschev-300x168.jpg\" width=\"300\" height=\"168\" srcset=\"https:\/\/elcronistadigital.com\/wp-content\/uploads\/2014\/11\/Pepe-Eliaschev-300x168.jpg 300w, https:\/\/elcronistadigital.com\/wp-content\/uploads\/2014\/11\/Pepe-Eliaschev-342x192.jpg 342w, https:\/\/elcronistadigital.com\/wp-content\/uploads\/2014\/11\/Pepe-Eliaschev.jpg 526w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-36620\" class=\"wp-caption-text\">Pepe Eliaschev, periodista argentino.<\/p><\/div>\n<p><strong>* Pepe Eliaschev estuvo en Nicaragua en 1979 y vivi\u00f3 el drama del asesinato del periodista norteamericano Bill Stewart. Despu\u00e9s de ese episodio naci\u00f3 un famoso hombre de radio en Argentina que perdur\u00f3 hasta su muerte el 18 de noviembre pasado. Esta es una cr\u00f3nica sobre la guerra contra Somoza contenida en un libro.<\/strong><\/p>\n<p>Pepe Eliaschev<br \/>\nUna ma\u00f1ana son\u00f3 el tel\u00e9fono en nuestro departamento del octavo piso del 333 East de la calle 43: desde Mil\u00e1n, Petrucci me dec\u00eda que hab\u00eda una guerra civil en Nicaragua y que una guerrilla castrista estaba a punto de deponer al dictador Somoza. Me propon\u00eda ir a Nicaragua, sin fecha de regreso, a cubrir esa guerra. Se me alborot\u00f3 la sangre. Cort\u00e9 y lo llam\u00e9 a Terragno a Caracas para proponerle ser tambi\u00e9n enviado del diario, donde se sal\u00edan de la vaina para cubrir el conflicto ya que en Venezuela hab\u00eda maciza simpat\u00eda por los sandinistas. \u201cHace d\u00edas que queremos entrar por Costa Rica y no podemos cruzar la frontera, si vos pod\u00e9s, sos nuestro enviado\u201d, me dijo.<\/p>\n<p>Como siempre, Victoria no s\u00f3lo no se opuso ni se asust\u00f3, sino que me dio su acuerdo y aprob\u00f3, con su coraje proverbial y sin cuestionarlo, mi plan: renunci\u00e9 a la AP, pas\u00e9 a retirar varios miles de d\u00f3lares para los gastos de la expedici\u00f3n en la Rizzoli de Nueva York, la editora de L\u2019Europeo, y me compr\u00e9 un pasaje a Miami por Eastern Airlines y el tramo a Managua por Lanica, la empresa a\u00e9rea de Somoza. Mi condici\u00f3n de corresponsal en Nueva York me permiti\u00f3 que me deslizara del aeropuerto Kennedy a Managua sin obst\u00e1culos.<\/p>\n<p>No ten\u00eda la m\u00e1s remota noci\u00f3n de c\u00f3mo volver\u00eda a suelo norteamericano. Nunca tenemos idea de las imprevisibles derivaciones de las cosas. Desde Caracas, la gente de El Diario alegaba que ellos no pod\u00edan entrar desde Venezuela a Nicaragua porque el gobierno de Carlos Andr\u00e9s P\u00e9rez apoyaba abiertamente a los sandinistas.<\/p>\n<p>En 1979, con un hijo que a\u00fan no hab\u00eda cumplido cinco a\u00f1os y otro que ten\u00eda dos, part\u00ed de Manhattan como si me fuese a una cobertura normal, sin dramatismo y con promesas de volver con regalos. Me compr\u00e9 una Asahi Pentax en el free shop de Miami y part\u00ed como se estilaba, con anotadores, una m\u00e1quina de escribir port\u00e1til, un pesado grabador de mano del tama\u00f1o de una caja de cigarros y los d\u00f3lares que hab\u00eda recogido en Nueva York. Empachado de orgullo estaba; iba como enviado de L\u2019Europeo, un hoy desaparecido semanario italiano con redacci\u00f3n en Mil\u00e1n, El Diario de Caracas de Rodolfo Terragno, y Unom\u00e1suno de Ciudad de M\u00e9xico. (\u2026)<\/p>\n<p>Cuando andamos por tierras lejanas imantados por un suceso que nos congrega, los reporteros somos una manada de gentes dif\u00edciles y poco queribles. Confusos, narcisistas, inestables, peripat\u00e9ticos, gregarios y a la vez ego\u00edstas, nos constituimos en un cuerpo amuchado y exigente. Las guerras civiles o los enfrentamientos que explotan dentro de naciones d\u00e9biles succionan hordas de enviados especiales exigentes y ansiosos.<\/p>\n<p>En ese junio de 1979 formar\u00eda parte de esa patrulla gru\u00f1ona, veterana e insaciable. El domingo 10 de junio estaba registr\u00e1ndome en el Intercontinental de Managua. Mientras recorr\u00eda la devastada e inconcebible Managua, sab\u00eda que mi vida hab\u00eda cambiado mucho. En nuestra casa neoyorquina de Tudor City me esperaban Nicol\u00e1s y Tom\u00e1s, un beb\u00e9 de veinte meses. Y Victoria, claro, una madre todoterreno. De inmediato me di cuenta de que era el \u00fanico periodista argentino en ese enjambre. Los norteamericanos hab\u00edan descendido en masa sobre la polvorienta Managua; la inminente ca\u00edda de Somoza era una historia irresistible, \u00e9l era el archi hijo de puta propio de los Estados Unidos, pero un canalla de ellos, inalienable. (\u2026)<\/p>\n<p>Por las ma\u00f1anas sal\u00edamos del Intercontinental en grupos de cuatro o cinco periodistas; consegu\u00edamos una camioneta de patrullaje para saltar el cerco de los soldados de Somoza y trat\u00e1bamos de verificar cu\u00e1l era la cercan\u00eda real de los sandinistas. Llevaba mi Pentax colgada del cuello y la grabadora con la que pretend\u00eda recoger sonido. Todo mi equipamiento era elemental y mis herramientas denotaban la frugalidad del francotirador. Aunque proced\u00eda de Nueva York, me sent\u00eda un imberbe cuando ve\u00eda trabajar a los equipos de la ABC, la NBC y la CBS que dominaban el escenario.<\/p>\n<p>Proced\u00eda con temeridad rid\u00edcula, como si las balas estuvieran preocupadas por no tocarme jam\u00e1s. Los tiroteos ya se daban en la ciudad fantasmal y todav\u00eda m\u00e1s demencial era regresar al hotel y pedir un s\u00e1ndwich de at\u00fan o una ensalada C\u00e9sar en la cafeter\u00eda. Sin miedo consciente, en esas excursiones al frente de batalla contemplaba la cercan\u00eda de los balazos en las escaramuzas m\u00e1s o menos abiertas entre la Guardia Nacional de la dictadura y los insurgentes sandinistas que ganaban terreno hora a hora. Imperturbable, recog\u00eda vainas servidas para llevar de regalo a mi familia y segu\u00eda junto a mis colegas, entre quienes recuerdo a una preciosa fot\u00f3grafa francesa, un ap\u00e1tico reportero brasile\u00f1o y una intensa cronista del Washington Post. (\u2026)<\/p>\n<p>Fue el 20 de junio de 1979 cuando pas\u00f3 lo que ten\u00eda que pasar, la muerte vino a visitarnos. Yo llegaba al hotel con dos reporteras brasile\u00f1as y un camar\u00f3grafo mexicano cuando vimos un alboroto notable en la puerta y una nube de veh\u00edculos. Supimos que est\u00e1bamos en problemas. Ser\u00edan las tres de la tarde cuando observamos en la puerta del Intercontinental un bullicio especial que enseguida se hizo temible. Camionetas, ambulancias y autos varios, soldados con el fusil en posici\u00f3n de tiro. Algo feo y grande hab\u00eda pasado. Lo supimos enseguida al pisar el lobby, polvorientos y agotados.<\/p>\n<p>Hab\u00edan matado a un camar\u00f3grafo norteamericano. Enseguida nos enteramos de que Bill Stewart, un reportero de ABC News de los Estados Unidos, de 37 a\u00f1os, hab\u00eda sido matado a balazos por un soldado de la Guardia Nacional somocista. El equipo de ABC regresaba a Managua desde el norte en una camioneta que, como todos los taxis y furgonetas que us\u00e1bamos, llevaba el cartel \u201cForeign press\u201d. Detenidos por una patrulla, los norteamericanos y su int\u00e9rprete quisieron identificarse y exhibieron una bandera blanca. Seg\u00fan los relatos que con los a\u00f1os se fueron armando, el soldado lo enca\u00f1on\u00f3 con su fusil M16 y le grit\u00f3: \u201cPonte de rodillas, hijoeputa, ponte de rodillas\u201d. El periodista, arrodillado, alcanz\u00f3 a suplicar: \u201cNo espa\u00f1ol, no espa\u00f1ol, yo periodista\u201d. De inmediato, el soldado le orden\u00f3 que se echara a tierra. \u201c\u00a1Acu\u00e9state, hijoeputa!\u201d. El periodista obedeci\u00f3, pero el nicarag\u00fcense le dio un puntapi\u00e9 en el lado derecho y retrocedi\u00f3, mientras Stewart se quejaba del golpe. Volvi\u00f3 a implorar: \u201cNo espa\u00f1ol, yo periodista, yo periodista\u201d.<\/p>\n<p>El guardia somocista levant\u00f3 en el aire su M16, apunt\u00f3 y le dispar\u00f3 en la nuca. Se ha dicho que el asesino ten\u00eda 18 a\u00f1os y, enjuiciado tiempo despu\u00e9s por los revolucionarios ya en el poder, llor\u00f3 amargamente.<\/p>\n<p>Mientras los periodistas nos contaban los acontecimientos en el lobby del alborotado hotel, sab\u00edamos que el equipo de la ABC se hab\u00eda encerrado en el tercer piso, que estaba totalmente contratado por la TV norteamericana. Desde all\u00ed transmitieron las im\u00e1genes a todo el mundo, empezando por el noticiero de la ABC, conducido por Ted Koppel desde Washington DC. Esa noche no s\u00f3lo hab\u00eda muerto Stewart, fr\u00edamente asesinado por un vulgar analfabeto uniformado. Tambi\u00e9n le hab\u00eda llegado el final a Tachito, convertido en un dead man walking. (\u2026)<\/p>\n<p>Anocheci\u00f3 en medio de las murmuraciones y las conjeturas de los cien reporteros que dorm\u00edamos en el Intercontinental, un 75% de los cuales eran norteamericanos.<\/p>\n<p>Y despu\u00e9s de la cena, encerrados en el hotel asediado, circul\u00f3 la versi\u00f3n de que a primera hora de la ma\u00f1ana el dictador dar\u00eda una conferencia de prensa en su b\u00fanker. En el desayuno de ese 21 de junio se nos confirm\u00f3 la versi\u00f3n, y al mediod\u00eda ingresamos al refugio de Somoza. El s\u00e1trapa se present\u00f3 con llamativa presencia de \u00e1nimo, ley\u00f3 una declaraci\u00f3n lastimera, en su dicci\u00f3n repulsiva, pidi\u00f3 disculpas por el crimen, inform\u00f3 que el soldado estaba preso y que la prensa ten\u00eda todo su respeto. Hablaba como lo hizo a\u00f1os m\u00e1s tarde el presidente Gonzalo S\u00e1nchez de Losada, Goni, de Bolivia, con ese acento fuerte e inconfundible de quien ha cursado la escuela primaria y su secundaria en los Estados Unidos. Hablaba como un yanqui, eso es. Su verba era repelente. Yo lo encar\u00e9 y le pregunt\u00e9 por las garant\u00edas que ten\u00edamos los periodistas de que los soldados no siguieran disparando al bulto contra nosotros. Somoza, que ten\u00eda una mirada verdaderamente torva, negaba todo y hablaba de lamentables errores. Nos fuimos del b\u00fanker sabiendo que era el final. El diario de Somoza, un pasqu\u00edn llamado Novedades, public\u00f3 esa tarde que los corresponsales form\u00e1bamos parte de una conspiraci\u00f3n urdida por la \u201cpropaganda comunista\u201d.<\/p>\n<p>Somoza hablaba ingl\u00e9s como primera lengua y le costaba el espa\u00f1ol. Cuando se expuso a las preguntas de los periodistas, lo arrasamos con interrogantes. Ante mi estocada, el tipo me contest\u00f3 con desprecio.<\/p>\n<p>La gente de ABC News estaba furiosa, y el propio Somoza debe haber comprendido en ese momento que el asesinato de un periodista de los Estados Unidos presagiaba su propia e inexorable ca\u00edda. En Washington, el asesinato conmovi\u00f3 y las networks de TV le bajaron el dedo a Somoza.<br \/>\nGobernaba Jimmy Carter, y el r\u00e9gimen nicarag\u00fcense no era apoyado por nadie en los Estados Unidos. Pero a Somoza lo sosten\u00edan otros poderes. En mis diarias incursiones por las calles de la Managua a\u00fan en poder de la Guardia Nacional, habl\u00e9 con varios soldados y oficiales y, al revelar mi peculiar condici\u00f3n de periodista argentino exiliado que trabajaba para medios de Italia y Venezuela, varios sonrieron y agradecieron el apoyo del gobierno argentino al r\u00e9gimen de Somoza.<\/p>\n<p>De regreso del encuentro con Somoza, los periodistas norteamericanos fueron llamando a una especie de asamblea de corresponsales en el lobby del Intercontinental.<\/p>\n<p>Uno de ellos fue derecho al grano: debemos decir si hay condiciones para permanecer en Nicaragua. Si la mayor\u00eda quiere irse, dijeron, nosotros conseguimos un avi\u00f3n para salir del pa\u00eds. La votaci\u00f3n fue abrumadora: el 90% resolvi\u00f3 mandarse a mudar. Absolutamente seguros de que el avi\u00f3n se materializar\u00eda no m\u00e1s pedirlo, nos sugirieron que prepar\u00e1ramos nuestras pertenencias y que en dos horas nos recoger\u00eda un \u00f3mnibus en la puerta del hotel. Resolvimos por mayor\u00eda abandonar Nicaragua, acusando al r\u00e9gimen de no garantizar la vida de los periodistas. (\u2026)<\/p>\n<p>Al pie de la rampa, unos marines con fusil al hombro s\u00f3lo quer\u00edan saber nombre y direcci\u00f3n de cada periodista y enseguida nos mandaban adentro del avi\u00f3n, casi al trote. Al bajar del \u00f3mnibus en la pista vimos c\u00f3mo sub\u00edan el f\u00e9retro con el cad\u00e1ver de Stewart. Vendr\u00eda con nosotros. Entr\u00e9 al aparato, cuyas butacas de lona sostenidas por ca\u00f1os de metal estaban colocadas de manera longitudinal, mirando hacia dentro, porque era una m\u00e1quina de transporte de tropas.<\/p>\n<p>Me sent\u00e9 justo frente al f\u00e9retro de Stewart, y el uruguayo (H\u00e9ctor Carballo) se sent\u00f3 al lado m\u00edo. La escena era cinematogr\u00e1fica y densa. En el medio del fuselaje estaba el f\u00e9retro con los restos del camar\u00f3grafo. All\u00ed, frente al sarc\u00f3fago, viaj\u00e9 hasta la zona norteamericana del Canal. Cuando la escotilla se cerr\u00f3, el comandante nos dijo que sal\u00edamos ya mismo para la Zona del Canal de Panam\u00e1, entonces bajo jurisdicci\u00f3n de los Estados Unidos.<\/p>\n<p>Ya en altura de crucero, los marines distribuyeron unas cajitas de cart\u00f3n que ten\u00edan caf\u00e9 caliente, pan y barras de chocolate. Carballo y yo pens\u00e1bamos en los cad\u00e1veres calcinados. En un punto, el uruguayo, que mojaba el chocolate en el vaso de caf\u00e9, a 20 cent\u00edmetros del f\u00e9retro, me pregunt\u00f3 qu\u00e9 iba a hacer con todo eso que hab\u00eda visto. Le contest\u00e9 desde la obviedad: \u201cMir\u00e1, yo llego a Panam\u00e1, me meto en un hotel, consigo una m\u00e1quina y preparo mi nota para los italianos y para los venezolanos. Eso hago\u201d. Sentado a mi lado, el reportero de Somos compart\u00eda conmigo las vivencias de la salida del hotel, la traves\u00eda por las calles alfombradas de cad\u00e1veres quemados y ahora este avi\u00f3n funerario, incluyendo el f\u00e9retro del pobre Stewart.<\/p>\n<p>Carballo, tipazo querible, me sacudi\u00f3 el brazo y me dispar\u00f3 varias preguntas, qui\u00e9n soy, qu\u00e9 hago, de d\u00f3nde vengo, ad\u00f3nde voy. Me mir\u00f3 a los ojos y, a bordo del H\u00e9rcules color verde oliva y con el f\u00e9retro a medio metro de nuestros ojos, me orden\u00f3: \u201cVos ten\u00e9s que contarle toda esta tragedia a una radio argentina\u201d. \u201c\u00bfA una radio argentina? \u00bfVos est\u00e1s loco? \u00bfNo supiste y no viste que la Guardia Nacional est\u00e1 siendo entrenada por militares argentinos? \u00bfQui\u00e9n se va a atrever a dejarme contar esto?\u201d. \u201cYo me ocupo\u201d, dijo Carballo, \u201cesper\u00e1 que lleguemos a Panam\u00e1, nos repongamos y yo me ocupo\u201d. Se ocup\u00f3. Ese d\u00eda naci\u00f3 mi carrera como hombre de radio.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>* Pepe Eliaschev estuvo en Nicaragua en 1979 y vivi\u00f3 el drama del asesinato del periodista norteamericano Bill Stewart. Despu\u00e9s de ese episodio naci\u00f3 un famoso hombre de radio en Argentina que perdur\u00f3 hasta su muerte el 18 de noviembre pasado. 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