{"id":36769,"date":"2014-12-01T18:01:16","date_gmt":"2014-12-02T00:01:16","guid":{"rendered":"http:\/\/elcronistadigital.com\/?p=36769"},"modified":"2014-12-01T18:01:16","modified_gmt":"2014-12-02T00:01:16","slug":"no-pises-la-isla-de-los-pajaros","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elcronistadigital.com\/?p=36769","title":{"rendered":"No pises la isla de los p\u00e1jaros"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_36770\" style=\"width: 310px\" class=\"wp-caption alignleft\"><a href=\"https:\/\/elcronistadigital.com\/?attachment_id=36770\" rel=\"attachment wp-att-36770\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-36770\" class=\"size-medium wp-image-36770\" alt=\"Vista de Ometepe. (Foto: Volanthevist). \" src=\"https:\/\/elcronistadigital.com\/wp-content\/uploads\/2014\/12\/Ometepe-foto-de-Volanthevist-300x199.jpg\" width=\"300\" height=\"199\" srcset=\"https:\/\/elcronistadigital.com\/wp-content\/uploads\/2014\/12\/Ometepe-foto-de-Volanthevist-300x199.jpg 300w, https:\/\/elcronistadigital.com\/wp-content\/uploads\/2014\/12\/Ometepe-foto-de-Volanthevist-342x227.jpg 342w, https:\/\/elcronistadigital.com\/wp-content\/uploads\/2014\/12\/Ometepe-foto-de-Volanthevist.jpg 980w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-36770\" class=\"wp-caption-text\">Vista de Ometepe. (Foto: Volanthevist).<\/p><\/div>\n<p>Luisg\u00e9 Mart\u00edn |El Pa\u00eds<\/p>\n<p><strong>* Hay playas solitarias y c\u00e1lidas en las que los bosques llegan hasta el borde de la arena y los lagartos se solean en paz. Hay todo eso y m\u00e1s, pero la zona m\u00e1gica del pa\u00eds, que ning\u00fan buscador de atl\u00e1ntidas y eldorados deber\u00eda dejar de visitar, es la del r\u00edo San Juan.<\/strong><\/p>\n<p>En estos tiempos de turismo higi\u00e9nico en los que las ciudades y los paisajes se parecen cada vez m\u00e1s unos a otros, Nicaragua es todav\u00eda un pa\u00eds milagroso. Perviven en \u00e9l la selva, la brutalidad de la naturaleza y el aire primitivo de los lugares que pertenecen a otra \u00e9poca.<\/p>\n<p>En Nicaragua hay dos ciudades hermosas, de trazo colonial, que merecen una visita reposada: Le\u00f3n, donde creci\u00f3 y luego muri\u00f3 Rub\u00e9n Dar\u00edo, y Granada. Hay imperiosos volcanes de silueta perfecta y cr\u00e1ter humeante, como el Concepci\u00f3n, en la isla de Ometepe, o el Masaya. Hay playas solitarias y c\u00e1lidas en las que los bosques llegan hasta el borde de la arena y los lagartos se solean en paz. Hay todo eso y m\u00e1s, pero la zona m\u00e1gica del pa\u00eds, que ning\u00fan buscador de atl\u00e1ntidas y eldorados deber\u00eda dejar de visitar, es la del r\u00edo San Juan.<\/p>\n<p>Cuando los ingenieros estudiaron en el siglo XIX la geograf\u00eda centroamericana en busca del lugar \u00f3ptimo para construir un canal mar\u00edtimo que uniera el Pac\u00edfico con el Atl\u00e1ntico, llegaron a la conclusi\u00f3n de que una de las dos rutas posibles estaba en territorio nicarag\u00fcense, en el sur, atravesando el gran lago Nicaragua y siguiendo luego el curso del r\u00edo San Juan hacia el este. Esa ruta, remontando el r\u00edo desde San Carlos hasta la peque\u00f1a ciudad de El Castillo, resulta hoy apasionante. No hay comunicaciones terrestres, s\u00f3lo la corriente fluvial adentr\u00e1ndose en una regi\u00f3n salvaje.<\/p>\n<p>A San Carlos se llega en autob\u00fas desde Managua. Es una poblaci\u00f3n deslucida en la que no merece la pena hacer noche, pero justo enfrente, en la embocadura del r\u00edo, aislado en una lengua de tierra, hay un hospedaje desvencijado por el tiempo donde el viajero puede prepararse espiritualmente para el camino. Desde su gran balconada de madera, llena de hamacas deshilachadas donde tumbarse, puede contemplarse un paisaje curativo. Sobre la superficie del r\u00edo asoman bancales de arena en los que los muchachos, llegados hasta all\u00ed en barca, juegan al f\u00fatbol entre aves zancudas. El albergue, La Esquina del Lago, lo regenta un franc\u00e9s que hace muchos a\u00f1os se enamor\u00f3 de esa tierra, se cas\u00f3 con una costarricense y se instal\u00f3 all\u00ed. En sus mesas exteriores, al alcance de los mosquitos, sirven una comida elemental pero exquisita: ensalada de aguacate, gallopinto \u2014arroz con frijoles\u2014 y alg\u00fan pescado reci\u00e9n sacado del lago, como el guapote, de aspecto monstruoso pero suculento.<\/p>\n<p>Antes de emprender el viaje hacia El Castillo conviene visitar el archipi\u00e9lago de Solentiname, un grupo de 36 islas famosas por su belleza y por su artesan\u00eda. Es f\u00e1cil encontrar porteadores que te lleven en barca a hacer el recorrido, aunque los precios suelen ser abusivos. En la isla de Mancarr\u00f3n, la m\u00e1s grande, se fund\u00f3 una comunidad campesina. All\u00ed pervive la iglesia de Ernesto Cardenal, Nuestra Se\u00f1ora de Solentiname, alzada en un entorno pl\u00e1cido donde las humildes casas de los habitantes desprenden una pulcritud que resulta dif\u00edcil de ver en otras partes del pa\u00eds. En las islas de San Fernando y de La Venada \u2014en realidad en todo el archipi\u00e9lago\u2014 es posible visitar los talleres dom\u00e9sticos de los artesanos, que ofrecen sus pinturas naifs o sus tallas de madera de balsa reproduciendo p\u00e1jaros coloristas. Son obras de aire primitivo y jubiloso.<\/p>\n<p>Garzas y cormoranes<\/p>\n<p>Lo m\u00e1s estremecedor de la visita, sin embargo, aguarda en la isla Zapote, conocida como la isla de los p\u00e1jaros. No est\u00e1 permitido desembarcar en ella, pero la lancha se acerca hasta su orilla para que el viajero contemple la fronda de \u00e1rboles abarrotados en sus ramas por aves quietas. La impresi\u00f3n, quiz\u00e1 mediatizada por la imaginer\u00eda de Hitchcock, puede llegar a ser aterradora. Garzas, esp\u00e1tulas rosadas y sobre todo cormoranes observan desde la isla como si fueran un ej\u00e9rcito al acecho.<\/p>\n<p>El remonte del r\u00edo rumbo a El Castillo, despu\u00e9s de la visita a Solentiname, puede hacerse en lancha privada \u2014a los mismos precios excesivos\u2014 o en la panga, una embarcaci\u00f3n estrecha y despintada en la que se desplazan los lugare\u00f1os. Cubre varias veces al d\u00eda el trayecto San Carlos-El Castillo y va deteni\u00e9ndose en peque\u00f1os fondeaderos de tierra de las dos riberas para recoger o dejar a los campesinos, que acarrean en la barcaza fardos grandes, bolsones con mercanc\u00edas y hasta animales.<\/p>\n<p>El viaje, que serpentea en paralelo a la frontera con Costa Rica, dura varias horas y es fascinante. A uno y otro lado, el paisaje va cambiando: boscaje tupido, praderas ralas, arboledas de diferentes especies, jungla. Aparecen y desaparecen chamizos miserables y muelles de madera desde los que los ni\u00f1os se arrojan al r\u00edo. Y en la superficie del agua se ve la cabeza rugosa de cocodrilos y el lomo de grandes peces que saltan.<\/p>\n<p>Un poco m\u00e1s all\u00e1 de la mitad de camino est\u00e1 S\u00e1balos, una poblaci\u00f3n sin otro inter\u00e9s tur\u00edstico que el de la soledad. Se puede dormir all\u00ed en habitaciones con terrazas silenciosas que dan al r\u00edo y dejar pasar el tiempo mirando su curso.<\/p>\n<p>El Castillo, en cambio, es un pueblo aseado y pintoresco. Justo a esa altura del r\u00edo est\u00e1 el caudal del Diablo, que interrumpe la navegabilidad y que obligaba a los pasajeros a cambiar de barco. Ese fue el sentido fundacional del enclave y el alimento mayor de su prosperidad. Tiene hotelitos, restaurantes y tiendas de recuerdos. Y tiene sobre todo una impresionante fortaleza en ruinas que guarda la memoria legendaria de toda la historia centroamericana. Por all\u00ed pasaba la ruta de la fiebre del oro y hasta all\u00ed llegaban los piratas del Caribe. A\u00fan quedan en la zona restos de vapores hundidos en el r\u00edo a principios del siglo XX.<\/p>\n<p>Desde lo alto del castillo se divisa una vez m\u00e1s un panorama resplandeciente. La luz prodigiosa de Nicaragua.<br \/>\n&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8211;<br \/>\nC\u00f3mo llegar<\/p>\n<p>Iberia tiene vuelos en febrero desde Madrid y Barcelona a la capital, Managua, a partir de unos 670 euros ida y vuelta: www.iberia.com<\/p>\n<p>Instituto Nicarag\u00fcense de Turismo: www.intur.gob.ni<\/p>\n<p>Visita Nicaragua: www.visitanicaragua.com<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Luisg\u00e9 Mart\u00edn |El Pa\u00eds * Hay playas solitarias y c\u00e1lidas en las que los bosques llegan hasta el borde de la arena y los lagartos se solean en paz. 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