{"id":43477,"date":"2016-02-29T08:02:42","date_gmt":"2016-02-29T14:02:42","guid":{"rendered":"http:\/\/elcronistadigital.com\/?p=43477"},"modified":"2016-02-29T08:02:42","modified_gmt":"2016-02-29T14:02:42","slug":"entendernos-para-no-matarnos-la-salvacion-de-umberto-eco","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elcronistadigital.com\/?p=43477","title":{"rendered":"Entendernos para no matarnos. La salvaci\u00f3n de Umberto Eco"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_43478\" style=\"width: 310px\" class=\"wp-caption alignleft\"><a href=\"https:\/\/elcronistadigital.com\/wp-content\/uploads\/2016\/02\/Umberto-Eco.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-43478\" class=\"size-medium wp-image-43478\" alt=\"Umberto Eco, el gran escritor italiano.\" src=\"https:\/\/elcronistadigital.com\/wp-content\/uploads\/2016\/02\/Umberto-Eco-300x199.jpg\" width=\"300\" height=\"199\" srcset=\"https:\/\/elcronistadigital.com\/wp-content\/uploads\/2016\/02\/Umberto-Eco-300x199.jpg 300w, https:\/\/elcronistadigital.com\/wp-content\/uploads\/2016\/02\/Umberto-Eco-342x227.jpg 342w, https:\/\/elcronistadigital.com\/wp-content\/uploads\/2016\/02\/Umberto-Eco.jpg 360w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-43478\" class=\"wp-caption-text\">Umberto Eco, el gran escritor italiano.<\/p><\/div>\n<p>Jos\u00e9 Mart\u00ednez Rubio<\/p>\n<p><span style=\"color: #993300;\"><em><strong>* Experto en semi\u00f3tica, esa palabrita que gusta tanto a los comunicadores snobs del siglo XXI. El autor de El nombre de la rosa falleci\u00f3 hace 10 d\u00edas en Italia de manera casi desapercibida. Poco conocido en Nicaragua, ense\u00f1aba que \u201cQuien no lee tiene solo su vida, y os aseguro que es poqu\u00edsimo. En cambio nosotros cuando muramos recordaremos haber cruzado el Rubic\u00f3n con Julio C\u00e9sar, haber combatido en Waterloo con Napole\u00f3n, haber viajado con Gulliver y haber encontrado enanos y gigantes. Una peque\u00f1a compensaci\u00f3n para la ausencia de inmortalidad\u201d.<\/strong><\/em><\/span><\/p>\n<p>Bolonia.- Muri\u00f3 un viernes por la tarde, cuando las facultades cerraban sus puertas, sus portones, sus despachos, y las bibliotecas se vaciaban de estudiantes y bedeles cansados de la primera semana de clases. Cerraban los colegios, los palacios. Se abr\u00edan los bares donde herv\u00eda la muchedumbre en busca de aperitivos y copas. Alguna luz iluminar\u00eda un libro en esta ciudad.<\/p>\n<p>En Bolonia Umberto Eco era un mito m\u00e1s, un orgullo como la medalla de oro de la Resistencia. Y a vivir y a entender de la vida, desde esta ciudad inmensa, siempre viva, y desde todas, nos ense\u00f1\u00f3 el maestro. \u201cQuien no lee tiene solo su vida, y os aseguro que es poqu\u00edsimo. En cambio nosotros cuando muramos recordaremos haber cruzado el Rubic\u00f3n con Julio C\u00e9sar, haber combatido en Waterloo con Napole\u00f3n, haber viajado con Gulliver y haber encontrado enanos y gigantes. Una peque\u00f1a compensaci\u00f3n para la ausencia de inmortalidad\u201d. En eso consist\u00eda su humanismo: en potenciar la vida a trav\u00e9s de la cultura.<\/p>\n<p>Intelectual, columnista, ensayista o best-seller, sus p\u00e1ginas se llenaron de filosof\u00eda de Santo Tom\u00e1s de Aquino y de Superm\u00e1n. De historia y de periodismo. De abad\u00edas benedictinas y de redes sociales. Aqu\u00ed resid\u00eda su grandeza: haber entendido y haber ense\u00f1ado que la cultura no era exclusividad de una \u00e9lite y de unas formas repetidas, que en el espacio p\u00fablico todo texto y toda imagen nos modificaba para siempre, poco a poco, nos creaba una mentalidad colectiva, nos moldeaba como individuos, nos marcaba l\u00edmites para el conocimiento al tiempo que nos ofrec\u00eda placer, emoci\u00f3n, sabidur\u00eda. Que nuestro poder estaba en comprender los mecanismos con que escrib\u00edamos la realidad.<\/p>\n<p>Menos apocal\u00edptico que integrado, Umberto Eco combinaba la iron\u00eda del genio y la serenidad del maestro. Cuando la universidad europea estaba produciendo sus \u00faltimas teor\u00edas fuertes al calor del posestructuralismo sesentayochista de la Sorbonne y de Michel Foucault, Roland Barthes, Julia Kristeva, Lacan, Deleuze o L\u00e9vi-Strauss, la universidad norteamericana estaba planteando las bases de los Cultural Studies, postulando que la teor\u00eda del discurso y la cr\u00edtica del poder no se sosten\u00edan en una universidad tradicionalista. Desde la Universit\u00e0 di Bologna Umberto Eco fue uno de los primeros pensadores en entender el cambio y ensanchar la perspectiva de estudio en el campo de las Humanidades.<\/p>\n<p>Su pensamiento acompa\u00f1\u00f3 el devenir del mundo como un salvavidas interpretativo. Cr\u00edtico con la cultura de los simulacros en la que las mentiras de los medios de comunicaci\u00f3n se convierten en dolorosa verdad social, en que la virtualizaci\u00f3n del mundo propone una realidad m\u00e1s real que la f\u00edsica, su capacidad de intervenci\u00f3n en el \u00e1mbito p\u00fablico era indiscutible.<\/p>\n<p>Y a la altura de los sabios, defendi\u00f3 tanto la excelencia de los estudios human\u00edsticos (lleg\u00f3 a fundar en Bolonia la selecta Scuola Superiore di Studi Umanistici) como su aplicaci\u00f3n en el devenir cotidiano. Por eso no dud\u00f3 en alzar la voz de los dignos cuando toda Italia descubri\u00f3 (y consinti\u00f3) la prostituci\u00f3n de la vida p\u00fablica bajo el mandato del berlusconismo.<\/p>\n<p>Para entonces hac\u00eda ya varias d\u00e9cadas que el fil\u00f3sofo hab\u00eda alcanzado la categor\u00eda de patrimonial. Un punto de luz en tiempos de incertidumbre y de bajeza europea.<\/p>\n<p>Con la cultura no se come<\/p>\n<p>Una de sus \u00faltimas apariciones p\u00fablicas se produjo en la Exposici\u00f3n Universal de Mil\u00e1n, ante los ministros de cultura de la Uni\u00f3n Europea. Su intervenci\u00f3n fue el \u00faltimo acto de lucha por el papel de las Humanidades en el mundo. \u201cAlguno podr\u00eda preguntarse por qu\u00e9 reunir a los ministros de cultura para discutir sobre los problemas de los pueblos, si los problemas de una sociedad global son el terrorismo, las guerras, los problemas econ\u00f3micos que hunden pa\u00edses enteros, el hambre o el cambio clim\u00e1tico\u201d, comenzaba su exposici\u00f3n.<\/p>\n<p>Con la cultura non si mangia. Con la cultura no se come, dec\u00eda Eco, repitiendo las palabras de uno de los m\u00e1s fan\u00e1ticos ministros de Silvio Berlusconi, Giulio Tremonti, en lo sucesivos gabinetes de Il Cavaliere durante los a\u00f1os noventa y dos mil. Frente a la vulgaridad del mal, Eco defend\u00eda con serenidad que estas acusaciones no ten\u00edan sentido. Y hablaba del Louvre, de la Galleria degli Uffizi, del MOMA, pero tambi\u00e9n de las Pir\u00e1mides o las estatuas de la isla de Pascua.<\/p>\n<p>Sin embargo, el barro ser\u00e1 siempre barro. Por eso pronto abandonaba el discurso econ\u00f3mico y las pullas pol\u00edticas para ascender hacia lo verdaderamente trascendente: \u201cel mundo siempre ha estado atravesado de incomprensiones culturales\u201d. La censura, el esc\u00e1ndalo o el rechazo de las \u00e9lites han sido siempre reacciones del poder frente a una realidad diversa.<\/p>\n<p>Desde su l\u00f3gica, la cultura no ser\u00eda otra cosa sino el intento de entendernos para no matarnos. Eco recuerda: el gran desaf\u00edo global ha sido siempre el contacto entre pueblos y en la eterna di\u00e1spora humana lo ser\u00e1 cada vez m\u00e1s.<\/p>\n<p>\u201cHabr\u00eda que preguntarse si muchos fan\u00e1ticos que pondr\u00edan una bomba en las naves de Notre-Dame han tenido realmente la posibilidad de observar Notre-Dame y de entender lo que representa, o si se han visto obligados a pasar por delante de ella como s\u00edmbolo de una sociedad que los confinaba a su barrio de chabolas\u201d. La cultura, como elemento de conocimiento rec\u00edproco entre sociedades, es uno de los elementos que pueden salvar el mundo. Por eso Notre Dame es m\u00e1s que un espacio o un monumento, es un conjunto de significados diversos que hay que entender y hay que controlar.<\/p>\n<p>Su legado, la prolongaci\u00f3n de su pensamiento y de su palabra, la defensa de este humanismo en otros hombres y en otras mujeres va a servir de c\u00f3digo y consigna para descifrar los signos de una nueva realidad. Esos nuevos tiempos, en cambio, deberemos afrontarlos ya sin los maestros.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jos\u00e9 Mart\u00ednez Rubio * Experto en semi\u00f3tica, esa palabrita que gusta tanto a los comunicadores snobs del siglo XXI. El autor de El nombre de la rosa falleci\u00f3 hace 10 d\u00edas en Italia de manera casi desapercibida. Poco conocido en Nicaragua, ense\u00f1aba que \u201cQuien no lee tiene solo su vida, y os aseguro que es [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":43478,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"om_disable_all_campaigns":false,"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[10],"tags":[],"class_list":["post-43477","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-cultura"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/elcronistadigital.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/43477","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/elcronistadigital.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/elcronistadigital.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/elcronistadigital.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/elcronistadigital.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=43477"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/elcronistadigital.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/43477\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":43479,"href":"https:\/\/elcronistadigital.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/43477\/revisions\/43479"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/elcronistadigital.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/43478"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/elcronistadigital.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=43477"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/elcronistadigital.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=43477"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/elcronistadigital.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=43477"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}