{"id":4414,"date":"2011-11-20T11:33:54","date_gmt":"2011-11-20T17:33:54","guid":{"rendered":"http:\/\/elcronistadigital.com\/?p=4414"},"modified":"2011-11-20T11:33:54","modified_gmt":"2011-11-20T17:33:54","slug":"%e2%80%9cseras-mi-puta%e2%80%9d","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elcronistadigital.com\/?p=4414","title":{"rendered":"\u201cSer\u00e1s mi puta\u201d"},"content":{"rendered":"<p>Tiene 22 a\u00f1os, es bella como un sol y est\u00e1 destrozada. A veces, se r\u00ede durante unos segundos, y entonces un destello infantil ilumina un rostro ara\u00f1ado por la vida. \u00ab\u00bfCu\u00e1ntos a\u00f1os me echa?\u00bb, pregunta, quit\u00e1ndose las gafas de sol. Espera un momento, esboza una leve sonrisa y murmura: \u00abYo me siento como si tuviera 40\u00bb. Y le parecen muchos.<\/p>\n<p>ANNICK COJEAN<\/p>\n<p>Le Monde<\/p>\n<div id=\"attachment_4415\" style=\"width: 310px\" class=\"wp-caption alignright\"><a rel=\"attachment wp-att-4415\" href=\"https:\/\/elcronistadigital.com\/?attachment_id=4415\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-4415\" class=\"size-medium wp-image-4415\" title=\"Esclava_sexual_Gadafi\" src=\"https:\/\/elcronistadigital.com\/wp-content\/uploads\/2011\/11\/Esclava_sexual_Gadafi-300x200.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"200\" srcset=\"https:\/\/elcronistadigital.com\/wp-content\/uploads\/2011\/11\/Esclava_sexual_Gadafi-300x200.jpg 300w, https:\/\/elcronistadigital.com\/wp-content\/uploads\/2011\/11\/Esclava_sexual_Gadafi-342x228.jpg 342w, https:\/\/elcronistadigital.com\/wp-content\/uploads\/2011\/11\/Esclava_sexual_Gadafi.jpg 350w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-4415\" class=\"wp-caption-text\">La presunta esclava sexual de Kadhafi.<\/p><\/div>\n<p>Aparta la mirada y se cubre la parte inferior del rostro con el velo negro; unas l\u00e1grimas asoman a sus ojos oscuros. \u00abMuamar el Gadafi me ha destrozado la vida\u00bb. Quiere contarlo todo. Piensa que es peligroso, pero acepta dar su testimonio durante un encuentro de varias horas en un hotel de Tr\u00edpoli. Sabe que est\u00e1 confusa, que no encontrar\u00e1 palabras para describir el universo de perversi\u00f3n y locura en el que la precipitaron.<\/p>\n<p>Pero necesita hablar. Sus recuerdos constituyen una carga demasiado pesada. \u00abManchas\u00bb, dice ella, que le provocan pesadillas. \u00abPor mucho que lo cuente, nadie sabr\u00e1 nunca de d\u00f3nde vengo ni lo que he pasado. Nadie puede imaginarlo. Nadie\u00bb. Sacude la cabeza con un aire de desesperaci\u00f3n. \u00abCuando vi el cad\u00e1ver de Gadafi expuesto ante la muchedumbre, experiment\u00e9 un breve momento de placer. Luego sent\u00ed un gusto amargo en la boca\u00bb.<\/p>\n<p>Ella hubiera querido que Gadafi sobreviviese, que hubiera sido capturado y juzgado por un tribunal internacional. Durante todos estos meses no pensaba en otra cosa. \u00abMe preparaba para enfrentarme a \u00e9l, para preguntarle, mir\u00e1ndolo a los ojos: &#8216;\u00bfPor qu\u00e9? \u00bfPor qu\u00e9 me hiciste eso? \u00bfPor qu\u00e9 me violaste? \u00bfPor qu\u00e9 me golpeaste, drogaste e insultaste? \u00bfPor qu\u00e9 me ense\u00f1aste a beber y a fumar? \u00bfPor qu\u00e9 me robaste mi vida?\u00bb.<\/p>\n<p>Cuando su familia, originaria del este del pa\u00eds, se traslada a Sirte, la ciudad natal del coronel Gadafi, ella tiene cinco a\u00f1os. En 2004, cuando la eligen entre las alumnas del instituto para entregar un ramo de flores al Gu\u00eda durante una visita al centro escolar, ella tiene 15 a\u00f1os. \u00abEra un gran honor. Yo lo llamaba &#8216;pap\u00e1 Muamar&#8217; y se me pon\u00eda la carne de gallina\u00bb. El coronel le apoya una mano en el hombro y le acaricia el cabello lentamente. Es una se\u00f1al para sus guardaespaldas que significa: \u00abA esta la quiero\u00bb. Ella lo sabr\u00e1 m\u00e1s tarde.<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente, tres mujeres uniformadas al servicio del dictador -Salma, Mabrouka y Feiza- se presentan en el sal\u00f3n de belleza que regenta su madre. \u00abMuamar quiere verte. Desea darte unos regalos\u00bb. La adolescente -llam\u00e9mosla Safia- las acompa\u00f1a de buen grado. \u00ab\u00bfC\u00f3mo sospechar? Era el h\u00e9roe, el pr\u00edncipe de Sirte\u00bb.<\/p>\n<p>La conducen al desierto, donde la caravana del coronel, de 62 a\u00f1os, se ha instalado para una cacer\u00eda. La recibe enseguida, hier\u00e1tico, con ojos penetrantes. La interroga sobre su familia, sobre los or\u00edgenes de su padre, de su madre, sobre sus medios econ\u00f3micos. Despu\u00e9s, le pide fr\u00edamente que se quede a vivir con \u00e9l. La joven est\u00e1 desconcertada. \u00abTendr\u00e1s todo lo que quieras: casas, coches&#8230;\u00bb. Ella se asusta, sacude la cabeza, dice amar a su familia y querer estudiar. \u00abYo me ocupar\u00e9 de todo\u00bb, responde \u00e9l. \u00abConmigo estar\u00e1s a salvo. Te aseguro que tu padre lo comprender\u00e1\u00bb. Y llama a Mabrouka para que se ocupe de la adolescente.<\/p>\n<p>Durante las horas que siguen, Safia, aterrada, ve c\u00f3mo le adjudican un lote de lencer\u00eda y ropa sexi. Le ense\u00f1an a bailar y a desvestirse al son de la m\u00fasica, as\u00ed como \u00abotros deberes\u00bb. Ella solloza y pide que la lleven a casa de sus padres. Mabrouka sonr\u00ede. El regreso a una vida normal no forma parte de sus opciones.<\/p>\n<p>Durante las tres primeras noches, Safia baila sola ante Gadafi. \u00c9l escucha un casete de un m\u00fasico \u00abal que m\u00e1s tarde mandar\u00e1 matar\u00bb. La mira, pero no la toca. Simplemente, dice: \u00abSer\u00e1s mi puta\u00bb. La caravana vuelve a Sirte con Safia en el equipaje.<\/p>\n<p>La noche del regreso, ya en palacio, la viola. Ella se resiste. \u00c9l le da de palos y le tira del pelo. Ella intenta huir. Mabrouka y Salma intervienen y la golpean. \u00abContinu\u00f3 durante d\u00edas. Me convert\u00ed en su esclava sexual. Me viol\u00f3 durante cinco a\u00f1os\u00bb.<\/p>\n<p>Muy pronto se encuentra en Tr\u00edpoli, en la guarida de Bab el Azizia, un complejo ultraprotegido por tres recintos de murallas en el que viven, en diversos edificios, el amo y se\u00f1or de Libia, su familia, sus colaboradores y sus tropas de \u00e9lite. Al principio, Safia comparte una peque\u00f1a habitaci\u00f3n en la residencia del amo con otra joven de Bengasi, tambi\u00e9n raptada, pero que un d\u00eda conseguir\u00e1 huir.<\/p>\n<p>En la misma planta, en unos cuartos min\u00fasculos, hay permanentemente una veintena de muchachas, la mayor\u00eda de entre 18 y 19 a\u00f1os, en general reclutadas por las tres emisarias. Estas tres mujeres, brutales, omnipresentes, regentan una especie de har\u00e9n, en el que las chicas, camufladas como guardaespaldas, est\u00e1n a disposici\u00f3n del coronel. La mayor\u00eda solo se queda algunos meses, antes de desaparecer, una vez que el amo se cansa de ellas.<\/p>\n<p>Safia sabe que es la m\u00e1s joven y se pasa el tiempo viendo la televisi\u00f3n en su cuarto. Le niegan l\u00e1piz y cuaderno. Consume las horas delante del espejo, hablando sola en voz alta y llorando. Debe estar siempre preparada, por si la llama el coronel; d\u00eda y noche. Las dependencias de Gadafi est\u00e1n en el piso superior. Al principio, la llama constantemente. Luego, la relega en favor de otras, escogidas entre las amazonas, que a veces consienten -algunas dicen \u00abentregarse al Gu\u00eda\u00bb-, pero en su mayor\u00eda forzadas. El coronel sigue reclam\u00e1ndola al menos dos o tres veces por semana. Siempre violento, s\u00e1dico. Safia tiene moratones, mordeduras y el pecho desgarrado. Sufre hemorragias. Gala, una enfermera ucrania, es su \u00ab\u00fanica amiga\u00bb. Cada semana practica extracciones de sangre a las j\u00f3venes.<\/p>\n<p>Regularmente, se celebran fiestas con modelos italianas, belgas y africanas, o con estrellas de esas pel\u00edculas egipcias que aprecian los hijos del coronel y otros dignatarios. Cenas, bailes, m\u00fasica, \u00aborg\u00edas\u00bb. En ellas, Gadafi se muestra generoso. Safia recuerda haber visto maletas llenas de euros y d\u00f3lares. \u00abSe las daba a los extranjeros, nunca a los libios\u00bb. Seg\u00fan ella, el coronel ten\u00eda tambi\u00e9n numerosos compa\u00f1eros sexuales masculinos.<\/p>\n<p>Su mujer y el resto de la familia, que viven en otros edificios de Bab el Azizia, est\u00e1n al tanto de las costumbres del dictador. \u00abPero sus hijas no quer\u00edan verlo en compa\u00f1\u00eda de otras mujeres, as\u00ed que se reun\u00eda con ellas el viernes, en su otra residencia, cerca del aeropuerto\u00bb. En el jacuzzi que tiene en su habitaci\u00f3n, y desde el que consulta su ordenador, exige juegos y masajes. Obliga a Safia a fumar, a beber whisky Black Label, a esnifar coca\u00edna. Ella la odia. Tiene miedo. La segunda vez sufre \u00abuna sobredosis\u00bb y termina en el hospital de Bab el Azizia. \u00c9l la consume sin cesar. \u00abSiempre estaba bajo sus efectos y nunca dorm\u00eda\u00bb.<\/p>\n<p>En junio de 2007 la lleva a un viaje oficial de dos semanas por \u00c1frica. Mal\u00ed, Guinea-Conakry, Sierra Leona, Costa de Marfil, Ghana. El coronel le coloca un uniforme caqui y la presenta como guardaespaldas, cosa que no es, pese a que Mabrouka la haya ense\u00f1ado a recargar, desmontar, limpiar y utilizar un kal\u00e1shnikov. \u00abEl uniforme azul estaba reservado para los verdaderos guardias entrenados. En general, el uniforme caqui no era sino puro teatro\u00bb.<\/p>\n<p>Los padres de Safia no han tardado en conocer el destino de su hija. Su madre ha podido ir a verla una vez a palacio. A veces, Safia puede llamarla por tel\u00e9fono, pero siempre bajo escucha. Le han dicho que si sus padres se quejan, los matar\u00e1n. El padre est\u00e1 tan avergonzado que no quiere saber nada. Sin embargo, es \u00e9l quien organiza la fuga de su hija. Pues, harto de verla deprimida, Gadafi la autoriza tres veces a visitar brevemente a su familia en un coche de palacio. Durante la cuarta visita, en 2009, consigue abandonar la casa disfrazada de anciana y, gracias a un c\u00f3mplice en el aeropuerto, toma un avi\u00f3n hacia Francia.<\/p>\n<p>Permanecer\u00e1 all\u00ed durante un a\u00f1o, para luego volver a Libia, donde tendr\u00e1 que esconderse, y oponerse a su madre, que quiere casarla enseguida con un viejo primo viudo; m\u00e1s tarde huye a T\u00fanez y, en abril de 2011, se casa en secreto, con la esperanza de partir con su joven marido hacia Malta o Italia. La guerra los separa. \u00c9l cae gravemente herido. Safia no tendr\u00e1 noticias suyas durante meses.<\/p>\n<p>Ahora fuma. Llora a menudo. Se siente \u00abdestruida\u00bb. Quisiera testificar ante un tribunal, pero sabe que, en su pa\u00eds, el oprobio ser\u00eda tal que se convertir\u00e1 en una paria. Su vida est\u00e1 en peligro. \u00abGadafi a\u00fan tiene partidarios\u00bb. Ya no sabe ad\u00f3nde ir.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u00a9 Le Monde | Traducci\u00f3n: Jos\u00e9 Luis S\u00e1nchez-Silva<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Tiene 22 a\u00f1os, es bella como un sol y est\u00e1 destrozada. A veces, se r\u00ede durante unos segundos, y entonces un destello infantil ilumina un rostro ara\u00f1ado por la vida. \u00ab\u00bfCu\u00e1ntos a\u00f1os me echa?\u00bb, pregunta, quit\u00e1ndose las gafas de sol. 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