{"id":48011,"date":"2017-11-24T08:05:07","date_gmt":"2017-11-24T14:05:07","guid":{"rendered":"http:\/\/elcronistadigital.com\/?p=48011"},"modified":"2017-11-24T08:05:07","modified_gmt":"2017-11-24T14:05:07","slug":"los-ilegales-barcos-carceles-de-estados-unidos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elcronistadigital.com\/?p=48011","title":{"rendered":"Los ilegales barcos-c\u00e1rceles de Estados Unidos"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_48012\" style=\"width: 460px\" class=\"wp-caption alignleft\"><a href=\"https:\/\/elcronistadigital.com\/wp-content\/uploads\/2017\/11\/guardia-costera.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-48012\" class=\"size-full wp-image-48012\" alt=\"Un barco de la guardia costera de Estados Unidos.\" src=\"https:\/\/elcronistadigital.com\/wp-content\/uploads\/2017\/11\/guardia-costera.jpg\" width=\"450\" height=\"298\" srcset=\"https:\/\/elcronistadigital.com\/wp-content\/uploads\/2017\/11\/guardia-costera.jpg 450w, https:\/\/elcronistadigital.com\/wp-content\/uploads\/2017\/11\/guardia-costera-300x198.jpg 300w, https:\/\/elcronistadigital.com\/wp-content\/uploads\/2017\/11\/guardia-costera-342x226.jpg 342w\" sizes=\"auto, (max-width: 450px) 100vw, 450px\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-48012\" class=\"wp-caption-text\">Un barco de la guardia costera de Estados Unidos.<\/p><\/div>\n<p>Seth Freed Wessler* | NYT<\/p>\n<p>En las noches, cuando ca\u00eda la lluvia de noviembre y no hab\u00eda dormido en absoluto, Jhonny Arcentales ten\u00eda visiones de s\u00ed mismo muerto y de que su cuerpo era arrojado al oscuro mar. Se imaginaba a su esposa y a su hijo adolescente lanzando su ropa en una fosa en un cementerio y una reuni\u00f3n en la iglesia local para su funeral. Hab\u00edan pasado m\u00e1s de dos meses desde que Arcentales, un pescador de 40 a\u00f1os de la costa central de Ecuador, hab\u00eda salido de su casa y le hab\u00eda dicho a su esposa que regresar\u00eda en cinco d\u00edas. El grillete que lo sujetaba por el tobillo lo manten\u00eda encadenado a un cable a lo largo de la cubierta del barco en todo momento, excepto cuando hac\u00eda la traves\u00eda ocasional, vigilado por un marino, para defecar en una cubeta. La mayor parte del tiempo, no pod\u00eda moverse m\u00e1s all\u00e1 de un brazo de distancia sin chocar con el siguiente hombre encadenado. \u201cEl mar antes significaba libertad\u201d, me dijo el ecuatoriano. A bordo de ese barco, sin embargo, \u201cera lo opuesto. Era como una prisi\u00f3n a mar abierto\u201d.<\/p>\n<p>Durante el d\u00eda, Arcentales se paraba contra la pared y miraba hacia el agua; su mente quedaba en blanco por un momento y al siguiente se llenaba de pensamientos sobre su esposa y su hijo reci\u00e9n nacido. No hab\u00eda hablado con su familia, aunque todos los d\u00edas solicitaba llamar a casa. Cada vez sent\u00eda m\u00e1s p\u00e1nico y tem\u00eda que su esposa pensara que estaba muerto.<\/p>\n<p>Arcentales ten\u00eda hombros anchos y musculosos tras veinticinco a\u00f1os de jalar redes de pescar del mar. Sin embargo, a bordo del barco pod\u00eda sentir c\u00f3mo su cuerpo se encog\u00eda por una nutrici\u00f3n deficiente \u2014apenas un pu\u00f1ado de arroz y frijoles\u2014 y por la inmovilidad. \u201cEn cuantos nos par\u00e1bamos nos daban n\u00e1useas; la cabeza nos daba vueltas\u201d, recuerda. Los veintitantos prisioneros a bordo del nav\u00edo \u2014ecuatorianos, guatemaltecos y colombianos\u2014 a menudo pasaban la noche de pie, con dolor de espalda, su cuerpo helado por el viento y la lluvia, esperando que saliera el sol y los secara.<\/p>\n<p>Durante las primeras semanas, Arcentales hab\u00eda recurrido a su amigo Carlos Quijije, otro pescador del peque\u00f1o pueblo de Jaramij\u00f3, para que lo calmara. Estaban encadenados uno al lado del otro y el joven de 26 a\u00f1os ten\u00eda otro enfoque. \u201cTranquilo, hermano, todo va a salir bien\u201d, recuerda Arcentales que le dec\u00eda Quijije. \u201cNos llevar\u00e1n a Ecuador y podremos ver a nuestra familia\u201d. Pero despu\u00e9s de dos meses de estar prisioneros a bordo del barco, Quijije parec\u00eda igual de abatido. Con frecuencia pensaban que simplemente desaparecer\u00edan.<\/p>\n<p>Mientras, ese mismo noviembre de 2014 en la casa cuadrada de ladrillos donde viv\u00eda Arcentales en Ecuador, su esposa, Lorena Mendoza, y sus hijos rezaban juntos en espera de su regreso. En Jaramij\u00f3 llega a suceder que desaparecen los pescadores; a veces quedan varados por un motor que ya no funciona, son baleados por piratas o naufragan en medio de una tormenta. \u201cSiempre me preocupaba que no volvi\u00e9ramos a verlo\u201d, me dijo Mendoza. \u201cPero regresaba a casa\u201d. Esta vez ella estaba segura de que recibir\u00eda una llamada para ir a recoger el cuerpo ahogado de los muelles.<\/p>\n<p>Mendoza no ten\u00eda manera de saber que su esposo segu\u00eda vivo. Hab\u00eda salido de Jaramij\u00f3 porque su familia necesitaba dinero tan desesperadamente que hab\u00eda aceptado un trabajo para contrabandear coca\u00edna. Mar adentro en el Pac\u00edfico, Arcentales y los otros pescadores con los que iba fueron detenidos, pero no por piratas ni justicieros, sino por la Guardia Costera de Estados Unidos, desplegada a m\u00e1s de 3200 kil\u00f3metros de las costas estadounidenses para rastrear coca\u00edna proveniente de los Andes.<\/p>\n<p>Durante el a\u00f1o fiscal que termin\u00f3 en septiembre de 2017, la Guardia Costera captur\u00f3 a m\u00e1s de 700 sospechosos y los encaden\u00f3 a bordo de barcos estadounidenses.<\/p>\n<p>En los \u00faltimos seis a\u00f1os, m\u00e1s de 2700 hombres como Arcentales han sido capturados cuando iban a bordo de botes bajo sospecha de contrabandear coca\u00edna colombiana a Centroam\u00e9rica, para despu\u00e9s ser trasladados por el oc\u00e9ano durante semanas o meses mientras los barcos estadounidenses contin\u00faan su patrullaje. Estos pescadores convertidos en narcomenudistas son atrapados en aguas internacionales o en mares fuera de aguas estadounidenses; a menudo tienen un escaso o nulo conocimiento de ad\u00f3nde deb\u00edan llegar las drogas que llevaban en su bote. Aun as\u00ed, casi todos estos lancheros son arrastrados por el Pac\u00edfico y entregados en Estados Unidos para enfrentar cargos criminales ah\u00ed, en lo que constituye un amplio ejercicio extraterritorial del poder legal de Estados Unidos.<\/p>\n<p>La Guardia Costera de EE. UU. nunca estuvo destinada a manejar una flota de, en palabras de un exabogado de la agencia, \u201cGuant\u00e1namos flotantes\u201d. En Estados Unidos, la imagen p\u00fablica de la Guardia Costera es la de un organismo que realiza acciones humanitarias, celebrada en medios locales por rescatar a personas naufragadas en Montauk, Nueva York, o a sobrevivientes de los huracanes en Florida. Sin embargo, como la \u00fanica rama del ej\u00e9rcito que tambi\u00e9n act\u00faa como agencia de procuraci\u00f3n de justicia, este servicio de 227 a\u00f1os de antig\u00fcedad se dedica igualmente a interceptar el contrabando, desde traficantes chinos de opio hasta a quienes traficaban ron durante la era de la prohibici\u00f3n del alcohol en EE. UU.<\/p>\n<p>Durante siglos, para arrestar a los contrabandistas, los operativos de la Guardia Costera esperaban a que estos cruzaran hacia las aguas territoriales estadounidenses. Luego, en la d\u00e9cada de los setenta, cuando se dispar\u00f3 el tr\u00e1fico de marihuana por la ruta de Colombia hacia el Caribe antes de encaminarse a Estados Unidos, los funcionarios del Departamento de Justicia argumentaron ante el congreso que la ley estadounidense de ese entonces restring\u00eda la capacidad de castigar a los narcotraficantes atrapados en altamar. Aunque la Guardia Costera \u2014entonces una rama del Departamento de Transporte\u2014 pudiera perseguir a los traficantes hacia el Caribe, los abogados del Departamento de Justicia rara vez pod\u00edan declarar culpables de alg\u00fan delito en los tribunales estadounidenses a los traficantes capturados en la ambigua zona legal de las aguas internacionales.<\/p>\n<p>El congreso respondi\u00f3 con un conjunto de leyes que inclu\u00eda la Maritime Drug Law Enforcement Act (Ley mar\u00edtima judicial contra las drogas) de 1986; esta defin\u00eda al narcotr\u00e1fico en aguas internacionales como un crimen en contra de Estados Unidos, incluso cuando no hab\u00eda pruebas de que las drogas, a menudo transportadas en nav\u00edos extranjeros, estaban destinadas a ese pa\u00eds. A la Guardia Costera se le dio la autoridad de buscar a sospechosos de tr\u00e1fico y llevarlos ante los tribunales estadounidenses.<\/p>\n<p>En los a\u00f1os noventa y dos mil, un promedio de doscientas personas eran detenidas al a\u00f1o con esta normativa. Luego, en 2012, el Comando Sur del Departamento de Defensa, al que se hab\u00eda encargado la tarea de liderar la guerra contra las drogas en el continente, lanz\u00f3 una campa\u00f1a militar multinacional llamada Operaci\u00f3n Martillo. Su objetivo era cerrar las rutas de contrabando en las aguas entre Am\u00e9rica del Sur y Central, al detener a los grandes cargamentos de coca\u00edna transportada en lanchas de motor que viajaban a miles de kil\u00f3metros de distancia de Estados Unidos antes de que esos cargamentos fueran divididos y llevados por tierra a M\u00e9xico y luego a territorio estadounidense. Para 2016, con la estrategia del Comando Sur y la ayuda intermitente de la Armada de Estados Unidos y algunos socios internacionales, la Guardia Costera detuvo a 585 presuntos narcotraficantes, la mayor\u00eda en aguas internacionales. Ese a\u00f1o, 80 por ciento de esos hombres fueron llevados a Estados Unidos para enfrentar cargos criminales, mucho m\u00e1s que el tercio de los detenidos que fueron trasladados all\u00e1 en 2012.<\/p>\n<p>Durante el a\u00f1o fiscal que termin\u00f3 en septiembre de 2017, la Guardia Costera captur\u00f3 a m\u00e1s de 700 sospechosos y los encaden\u00f3 a bordo de barcos estadounidenses.<\/p>\n<p>Es como si sus derechos quedaran suspendidos durante su captura en el mar.<\/p>\n<p>Durante el \u00faltimo a\u00f1o, he entrevistado a siete hombres que fueron detenidos por la Guardia Costera, algunos de los cuales a\u00fan est\u00e1n en una prisi\u00f3n federal estadounidense, y he recibido cartas detalladas de otros doce, algunas con dibujos a l\u00e1piz de los barcos de detenci\u00f3n. La mayor\u00eda de estos hombres siguen confundidos debido a su captura por parte de los estadounidenses y dudan que los oficiales estadounidenses tuvieran la autoridad para arrestarlos y encerrarlos en una prisi\u00f3n. Dicen que el recuerdo de su surreal encarcelamiento en el mar es lo que m\u00e1s los atormenta. Junto con miles de p\u00e1ginas de registros ante la corte, as\u00ed como entrevistas con oficiales actuales y anteriores de la Guardia Costera, estos detenidos crean un retrato s\u00f3rdido de las condiciones de su prolongada captura en barcos movilizados como parte de la guerra extraterritorial contra las drogas.<\/p>\n<p>Tanto los oficiales de la Guardia Costera como los fiscales federales justifican su prolongada detenci\u00f3n, arguyendo que sospechosos como Arcentales no est\u00e1n formalmente bajo arresto cuando los retiene la Guardia Costera. Mientras est\u00e1n a bordo, no se les lee la llamada advertencia Miranda (los derechos a los que usualmente acceden las personas detenidas) ni se les asigna un abogado defensor ni se les permite establecer contacto con su consulado o con su familia. No parecen beneficiarse de las reglas federales de procedimientos criminales que dictan que los sospechosos de alg\u00fan delito arrestados fuera de Estados Unidos deben ser presentados ante un juez \u201csin retraso innecesario\u201d. Es como si sus derechos quedaran suspendidos durante su captura en el mar.<\/p>\n<p>\u201cEst\u00e1 grabado en la mente de los guardias costeros\u201d, dice Eugene R. Fidell, exabogado de la Guardia Costera que da clases en la Facultad de Derecho de Yale, \u201cque las restricciones judiciales usuales no son aplicables\u201d.<\/p>\n<p>El aumento en las detenciones y las acciones penales internas derivadas de la actividad extraterritorial se dieron en gran medida bajo el ojo vigilante del general John Kelly, quien de 2012 a 2016 fungi\u00f3 como el jefe del Comando Sur y ahora es el jefe de personal de la Casa Blanca. Durante mucho tiempo, Kelly ha defendido la idea de que el narcotr\u00e1fico y la violencia relacionada con las drogas en Centroam\u00e9rica constituye lo que ha llamado una amenaza \u201cexistencial\u201d en contra de Estados Unidos y que, para proteger su tierra, la procuraci\u00f3n de justicia estadounidense debe ir m\u00e1s all\u00e1 de las fronteras del pa\u00eds. En abril pasado, durante su corto periodo como secretario de Seguridad Nacional de Trump, un departamento del que ahora depende la Guardia Costera, Kelly dio una conferencia en la Universidad George Washington. \u201cSomos un pa\u00eds que est\u00e1 bajo el ataque\u201d de redes criminales transnacionales, le dijo a la audiencia. \u201cCuanto m\u00e1s empujemos hacia afuera nuestras fronteras, m\u00e1s seguridad nacional tendremos\u201d, dijo. \u201cEso incluye el interdicto de la droga por parte de la Guardia Costera en el mar\u201d.<\/p>\n<p>Ante los cuestionamientos sobre las detenciones, un vocero de la Casa Blanca dijo: \u201cBajo el mando del general Kelly, el personal estadounidense trat\u00f3 a los detenidos de manera humanitaria y sigui\u00f3 todas las leyes aplicables\u201d. El vocero se neg\u00f3 a dar m\u00e1s comentarios.<\/p>\n<p>Arcentales, como la mayor\u00eda de los hombres con los que creci\u00f3 en Jaramij\u00f3, comenz\u00f3 a pescar desde que era adolescente y nunca par\u00f3. A menudo trabajaba con Quijije, quien viv\u00eda con su esposa, su hija y la familia de su esposa en una casa de dos cuartos cercana a la de Arcentales. Este y Quijije, despu\u00e9s de sus jornadas en el esquife de su jefe, se encontraban y hablaban durante horas sobre sus hijos y sus planes de alg\u00fan d\u00eda comprar un bote propio.<\/p>\n<p>Arcentales nunca tuvo mucho dinero. Los 6000 d\u00f3lares que llegaba a ganar al a\u00f1o, a bordo del esquife y en trabajos de uno o dos meses en barcos atuneros, no alcanzan para mucho en la econom\u00eda ecuatoriana. La casa donde viv\u00edan \u00e9l y Mendoza constaba de una habitaci\u00f3n compartida por nueve personas: su hijo adolescente, Enrique; las dos hijas m\u00e1s grandes de Mendoza de un matrimonio anterior, Nelly y Juliana, que entre las dos tienen tres hijos; y el esposo de Nelly, Wladimir Jaramillo. Todos dorm\u00edan en colchones ra\u00eddos y compart\u00edan un solo ba\u00f1o. Cuando llov\u00eda, el techo goteaba y el agua lodosa se escurr\u00eda por la puerta.<\/p>\n<p>Ecuador es un punto secundario de env\u00edo para los grupos de narcotraficantes colombianos que trabajan cada vez m\u00e1s para los carteles mexicanos.<\/p>\n<p>La ansiedad por la falta de fondos se volvi\u00f3 alarmante en 2014, cuando Mendoza qued\u00f3 embarazada inesperadamente a los 43 a\u00f1os. El doctor le recet\u00f3 reposo y Arcentales, demasiado preocupado de quedarse mucho tiempo en el mar durante la gestaci\u00f3n, comenz\u00f3 a trabajar menos. Ese julio, Mendoza dio a luz a un var\u00f3n que llamaron Ismael. Ahora era un hogar de diez. Faltaban m\u00e1s de dos meses para su pr\u00f3ximo viaje pesquero y Arcentales no pod\u00eda dejar de sentir un persistente sentimiento de fracaso. \u201cA veces, acostado de noche, me preguntaba: \u2018\u00bfVoy a vivir toda mi vida en una choza que pr\u00e1cticamente se cae a pedazos?\u2019\u201d, cont\u00f3. \u201c\u2019\u00bfQu\u00e9 les voy a dejar a mis hijos?\u2019\u201d.<\/p>\n<p>La ma\u00f1ana del 5 de septiembre, despu\u00e9s de pasar una muy mala noche, Arcentales se despidi\u00f3 de Mendoza y de sus hijos. \u201cViejita\u201d, le dijo, \u201cno te preocupes, todo va a estar bien\u201d. Un pescador que Arcentales conoc\u00eda desde hac\u00eda a\u00f1os le hab\u00eda estado pidiendo, durante dos a\u00f1os, que aceptara un trabajo para traficar coca\u00edna. Arcentales siempre se hab\u00eda negado. Pero cuando sali\u00f3 de casa esa ma\u00f1ana de septiembre, fue a buscar a ese hombre. Ecuador es un punto secundario de env\u00edo para los grupos de narcotraficantes colombianos que trabajan cada vez m\u00e1s para los carteles mexicanos y en Jaramij\u00f3 cada vez se ven m\u00e1s reclutadores, a quienes llaman enganchadores. Los residentes del pueblo han visto c\u00f3mo sus vecinos regresan de lo que dicen fueron viajes pesqueros con la posibilidad de comprar autos o arreglar sus casas. Los habitantes le llaman a ese viaje \u201cla vuelta\u201d. Los pescadores le dijeron a Arcentales que ganar\u00eda 2000 d\u00f3lares de entrada y 20.000 a su regreso, al igual que su acompa\u00f1ante. Arcentales apenas y llegar\u00eda a ganar eso en tres o cuatro a\u00f1os. Si Quijije se le un\u00eda, por fin podr\u00edan comprar su propio bote.<\/p>\n<p>La noche siguiente, \u00e9l y Quijije se encontraron con otro hombre en San Lorenzo, cerca de la frontera con Colombia. El hombre los condujo a un esquife, le dio a Arcentales un rastreador GPS e instruy\u00f3 al par que se encontraran con otro bote a 50 millas n\u00e1uticas. Les dijo que ah\u00ed recoger\u00edan 100 kilos de coca\u00edna, dividida en cuatro paquetes, y les dio las coordenadas de otra embarcaci\u00f3n a menos de un d\u00eda de viaje en la que dejar\u00edan las drogas y as\u00ed terminar\u00eda su tarea. Sin embargo, cuando llegaron al lugar para recoger la droga, les dieron 440 kilos de coca\u00edna y se les uni\u00f3 un colombiano con cara de ni\u00f1o que hac\u00eda poco hab\u00eda cumplido 20 a\u00f1os, llamado Jair Guevara Pay\u00e1n y a quien le hab\u00edan pagado para vigilar la droga. Payan llev\u00f3 a Arcentales y Quijije en una traves\u00eda de cinco d\u00edas, casi 2000 kil\u00f3metros al norte, mucho m\u00e1s lejos de lo que cualquiera de los dos jam\u00e1s se hubiera aventurado a ir. Arcentales consider\u00f3 negarse, pero sab\u00eda que no ten\u00eda una oportunidad real ahora que estaban en medio del mar. \u201cNos hab\u00edan jodido\u201d, me dijo.<\/p>\n<p>Cuando Arcentales, Quijije y Pay\u00e1n finalmente llegaron a sus coordinadas de destino, a 230 kil\u00f3metros de la costa de Guatemala, una peque\u00f1a lancha de motor se dirigi\u00f3 a ellos, seguida de otra. Juntos, los hombres descargaron la droga en una de sus lanchas y Pay\u00e1n se alej\u00f3 en ella junto con un par de hermanos guatemaltecos que tripulaban la primera lancha. Les dijeron a Arcentales y Quijije que se subieran a la segunda lancha, un esquife llamado Yeny Arg, y que dirig\u00edan los otros dos guatemaltecos, Giezi Zamora, un mec\u00e1nico, y H\u00e9ctor Castillo, un pescador. Los cuatro se dirigieron a la costa y Arcentales baj\u00f3 la guardia por primera vez desde que hab\u00edan partido. \u201cSomos libres\u201d, pens\u00f3 para s\u00ed mismo, y casi se qued\u00f3 dormido.<\/p>\n<p>Sin embargo, un avi\u00f3n de patrullaje de la Armada de Estados Unidos hab\u00eda estado siguiendo al bote guatemalteco desde la ma\u00f1ana. La tripulaci\u00f3n del avi\u00f3n hab\u00eda visto a los hombres subirse a las lanchas que hab\u00edan llegado y el Comando del Sur hab\u00eda contactado a la Guardia Costera. Pronto, Arcentales avist\u00f3 el blanco barco militar, luego una lancha de motor con cinco oficiales que se dirig\u00eda a ellos r\u00e1pidamente. Les ordenaron a Arcentales y a los dem\u00e1s no moverse, y los hombres alzaron las manos.<\/p>\n<p>Se considera que cuando las embarcaciones no est\u00e1n registradas a un pa\u00eds o no ondean la bandera de alguna naci\u00f3n, no pertenecen a ning\u00fan Estado y las leyes mar\u00edtimas permiten a oficiales estadounidenses abordarlas. Cientos de estos botes no marcados salen de Ecuador y Colombia al a\u00f1o. Pero el Yeny Arg s\u00ed estaba registrado en Guatemala, as\u00ed que los federales se pusieron en contacto con sus contrapartes guatemaltecas para obtener permiso bajo un tratado bilateral, de abordarlo y realizar una b\u00fasqueda. Las autoridades estadounidenses tienen cerca de 40 acuerdos con pa\u00edses de todo el mundo para ingresar a nav\u00edos extranjeros. Para algunos pa\u00edses, esta acci\u00f3n procesal aligera la carga para sus sistemas penales; en otros, EE. UU. ha presionado a los gobiernos para alcanzar esos acuerdos. Por lo general los pa\u00edses del continente americano y del Caribe han permitido a los oficiales estadounidenses abordar y hacer b\u00fasquedas en embarcaciones con sus banderas.<\/p>\n<p>Los guardas costeros buscaron durante varias horas el Yeny Arg. A la media tarde, pasaron a Arcentales, Quijije y los dos guatemaltecos a la lancha de motor de la Guardia Costera y los entregaron al barco de esta misma. Una vez a bordo, les tomaron fotos. Menos de doce horas despu\u00e9s, llevaron a los hombres a un barco de la Guardia Costera llamado Boutwell, un patrullero de 46 a\u00f1os de antig\u00fcedad que mide 115 metros y cuenta con una tripulaci\u00f3n de 160 personas. Pay\u00e1n y los hermanos guatemaltecos de la otra lancha ya estaban a bordo.<\/p>\n<p>No se les dijo a d\u00f3nde los llevar\u00edan ni se les permiti\u00f3 llamar a sus familias. Los oficiales les ordenaron desvestirse y ponerse un overol blanco ligero, y luego los guardias los condujeron por unas escaleras hacia la cubierta y a un hangar. Arcentales sinti\u00f3 c\u00f3mo se cerraba un grillete alrededor de su tobillo. \u00c9l y Quijije se vieron entre s\u00ed, y luego voltearon a ver sus tobillos, que ahora estaban sujetos al piso con cadenas cortas. Sus camas ser\u00edan unos delgados tapetes de hule. \u201cMe agarr\u00f3 una profunda tristeza\u201d, dijo Arcentales. \u201cJusto en ese momento cambi\u00f3 mi vida\u201d.<\/p>\n<p>Ya a bordo del Boutwell, Arcentales y los dem\u00e1s hombres comenzaron a preguntarle a los guardias a d\u00f3nde los llevaban. Uno de los guardias, que hablaba espa\u00f1ol, les explic\u00f3 que los oficiales estadounidenses se estaban coordinando con los de su pa\u00eds para arreglar el traslado. Seg\u00fan Arcentales, este guardia le dijo que en cinco d\u00edas estar\u00eda en tierra. Pasaron varias noches en el Boutwell. Luego, cuando sali\u00f3 el sol al quinto d\u00eda, los hombres divisaron tierra. Pudieron ver un volc\u00e1n, luego un puerto; la topolog\u00eda parec\u00eda indicar que estaban en Centroam\u00e9rica. \u201cPensamos que est\u00e1bamos regresando a nuestro pa\u00eds\u201d, dijo Arcentales. \u201cCre\u00edmos que nos entregar\u00edan a migraci\u00f3n. A migraci\u00f3n o al consulado ecuatoriano\u201d.<\/p>\n<p>No obstante, cuando ya estaban cerca del muelle apareci\u00f3 un guardia con una cubeta de pl\u00e1stico que les servir\u00eda como escusado. Un oficial cerr\u00f3 las puertas del hangar donde los ten\u00edan. A trav\u00e9s de peque\u00f1os huecos en la pared, pod\u00edan ver a gente caminando en el muelle. Los guatemaltecos reconocieron el puerto, llamado Acajutla. Pas\u00f3 una hora, luego cuatro, luego ocho. Entonces los delgados rayos de luz que hab\u00edan brillado a trav\u00e9s de los hoyos en el hangar se esfumaron y sintieron que el Boutwell se pon\u00eda en marcha.<\/p>\n<p>Los motores del nav\u00edo rugieron y un guardia abri\u00f3 las puertas: vieron que el sol se pon\u00eda mientras zarpaban de nuevo mar adentro. Durante media hora, o quiz\u00e1 fue una hora, estuvieron sentados en silencio, viendo c\u00f3mo el agua y el cielo se oscurec\u00edan, y pensaron en sus familias. Esa noche, lloraron Arcentales y Castillo, el pescador guatemalteco, sus pechos jadeantes, mientras los dem\u00e1s hombres miraban hacia el mar.<\/p>\n<p>Cuando el sol sali\u00f3 a la ma\u00f1ana siguiente, los hombres se miraron los unos a los otros ya no como compa\u00f1eros prisioneros accidentales, sino como acompa\u00f1antes para un trayecto de largo plazo. El guatemalteco Castillo, a unos d\u00edas de cumplir 24 a\u00f1os, le pregunt\u00f3 a Arcentales \u2013a quien llamaba \u201cDon Jhonny\u201d\u2013 sobre su familia. Se enteraron de que Zamora, Quijije y Arcentales ten\u00edan hijos reci\u00e9n nacidos o en camino. \u201cHabl\u00e1bamos de nuestros hijos peque\u00f1os\u201d, dijo Arcentales sobre las conversaciones que sosten\u00edan. \u201cLuego hab\u00eda d\u00edas en los que no pronunciaba palabra. Me quedaba ensimismado pensando en mis hijos, mi beb\u00e9, mi fracaso\u201d. Todos hab\u00edan aceptado la oferta del contrabando ante lo que pensaban era una posibilidad remota de arresto, con tal de brindarle algo a su familia. Castillo dijo que \u00e9l ya hab\u00eda dado \u201cla vuelta\u201d dos semanas antes. Hab\u00eda sido relativamente f\u00e1cil, as\u00ed que acept\u00f3 hacer otra. \u201cEmpiezas a pensar que puedes salirte con la tuya\u201d, me dijo Castillo.<\/p>\n<p>Funcionarios de la Guardia Costera y del Comando Sur, incluyendo a John Kelly, han argumentado que la agencia confiscar\u00eda cuatro veces m\u00e1s coca\u00edna si tuviera m\u00e1s embarcaciones para movilizar. \u201cDebido al d\u00e9ficit de activos, no podemos pasar del 47 por ciento del presunto tr\u00e1fico mar\u00edtimo de drogas\u201d, dijo Kelly en una audiencia ante el Comit\u00e9 de Servicios Armados del Senado en 2014. \u201cSolo puedo quedarme sentado y veo c\u00f3mo pasan\u201d. La producci\u00f3n colombiana de coca\u00edna est\u00e1 de nuevo al alza y aunque la Guardia Costera ha confiscado cerca de 15.000 kilos de la droga durante el \u00faltimo a\u00f1o, en septiembre pasado los oficiales de la agencia advirtieron que requieren m\u00e1s recursos para detener ese flujo.<\/p>\n<p>En esa l\u00ednea, los funcionarios gubernamentales sostienen que la informaci\u00f3n que obtienen de esos navegantes de poca monta es clave para investigar y desmantelar las grandes redes delictivas transnacionales. La Guardia Costera ha declarado que, de 2002 a 2011, los casos en contra de estos traficantes mar\u00edtimos han ayudado al gobierno estadounidense a afianzar tres cuartos de las extradiciones de capos colombianos. Las declaraciones juradas m\u00e1s recientes en los casos criminales en contra de tres l\u00edderes narcotraficantes mexicanos y centroamericanos, incluyendo la de Joaqu\u00edn \u201cel Chapo\u201d Guzm\u00e1n, han se\u00f1alado la intercepci\u00f3n de esas embarcaciones como puntos peque\u00f1os pero claves que forman parte de la constelaci\u00f3n m\u00e1s amplia de evidencia.<\/p>\n<p>Al vincular a los capos con las embarcaciones, los fiscales pueden a\u00f1adir el tr\u00e1fico mar\u00edtimo a la lista de cargos en su contra. Sin embargo, de los pescadores atrapados a bordo de estos peque\u00f1os botes de contrabando, muchos son detenidos en su primera o segunda vuelta, con frecuencia solo tienen acceso a pedazos de informaci\u00f3n sobre la gente para la cual est\u00e1n trabajando. En buena medida, los hombres como Arcentales apenas si conocen la identidad de su reclutador; en ocasiones saben solo su nombre de pila o su alias, y nada m\u00e1s. \u201cNo son piezas clave de este proceso\u201d, dijo Bruce Bagley, un importante estudioso del narcotr\u00e1fico y profesor de Ciencias Pol\u00edticas de la Universidad de Miami. Al procesarlos, a\u00f1adi\u00f3, \u201cno est\u00e1s deteniendo las grandes operaciones\u201d.<\/p>\n<p>El 6 de octubre, 25 d\u00edas despu\u00e9s de que los capturaron, el Boutwell regres\u00f3 a su puerto base, en San Diego. La tripulaci\u00f3n del barco se form\u00f3 para que les sacaran fotos sobre la cubierta detr\u00e1s de las pacas de coca\u00edna envueltas en lona negra, obtenidas de catorce embarcaciones contrabandistas, incluyendo presuntamente la de Pay\u00e1n, y con un valor de m\u00e1s de 400 millones de d\u00f3lares, de acuerdo con la Guardia Costera.<\/p>\n<p>La coca\u00edna lleg\u00f3 a tierra mucho antes que los detenidos. Durante 44 d\u00edas m\u00e1s, Arcentales, Quijije, Pay\u00e1n y los guatemaltecos fueron transferidos de un barco a otro; pasaban una semana o diez d\u00edas en uno, algunos d\u00edas m\u00e1s en otro, pero siempre encadenados. \u201cRecuerdo que una vez le pregunt\u00e9 al oficial enfermero si pod\u00eda hacerme un favor\u201d, escribi\u00f3 m\u00e1s tarde Pay\u00e1n en una carta: \u201cDarme un tiro y matarme, lo cual le agradecer\u00eda, porque ya no pod\u00eda soportar m\u00e1s aquello\u201d.<\/p>\n<p>Conforme esos mort\u00edferos d\u00edas se suced\u00edan uno tras otro, el hambre comenz\u00f3 a rivalizar con sus familias como su preocupaci\u00f3n central. Los registros de comida de los barcos de la Guardia Costera y los testimonios de sus oficiales muestran que, en algunas embarcaciones, la comida de los detenidos consist\u00eda solo de peque\u00f1as porciones de frijoles negros y arroz, de vez en cuando con un poco de espinacas o pollo. Arcentales dice que aprendi\u00f3 a comer despacio, para hacer que su mente creyera que el plato ten\u00eda m\u00e1s comida de la real. Los hombres alcanzaron a ver que los guardias tiraban lo que ellos no se hab\u00edan terminado en bolsas de basura que colgaban cerca e idearon un plan. \u201cAlguien ped\u00eda que lo llevaran al ba\u00f1o para tratar de alcanzar la basura y tomar la comida tirada\u201d, declar\u00f3 en su testimonio Quijije. Se pasaban un pedazo de sobras de pollo uno al otro, cada uno dando una mordida y pas\u00e1ndolo al siguiente, hasta que ya solo quedaba el puro hueso. Despu\u00e9s de dos meses de detenci\u00f3n, seg\u00fan lo que dice Arcentales, hab\u00eda perdido 9 kilos; Payan dice que \u00e9l baj\u00f3 23.<\/p>\n<p>Su noci\u00f3n del tiempo comenz\u00f3 a distorsionarse. \u201cYa no pod\u00edamos aguantar vivir en esas condiciones por tanto tiempo\u201d, escribi\u00f3 m\u00e1s tarde Arcentales en una carta. \u201cNi nos importaba d\u00f3nde nos dejar\u00edan; est\u00e1bamos desesperados por hablar con nuestra familia\u201d. La Guardia Costera y el Departamento de Justicia sostienen que todos los detenidos reciben un trato humanitario y en observancia de la ley. La Guardia Costera afirma que encadena a los detenidos y los esconde cuando est\u00e1n en los puertos por su propia seguridad y la de la tripulaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Expertos advierten que los periodos prolongados de detenci\u00f3n empleados por Estados Unidos en su campa\u00f1a contra las drogas contravienen las reglas internacionales de derechos humanos.<\/p>\n<p>La Guardia Costera no tiene la discrecionalidad para decidir d\u00f3nde y cu\u00e1ndo transferir a los detenidos como parte de la intercepci\u00f3n de drogas. Esas decisiones las toman el Departamento de Justicia, la Administraci\u00f3n para el Control de Drogas (DEA, por su sigla en ingl\u00e9s) y los fiscales federales a partir de informaci\u00f3n proporcionada por la Guardia Costera. Los oficiales con los que habl\u00e9 \u2013uno de los cuales estaba lo suficientemente perturbado como para llamar a los nav\u00edos \u201cbarcos prisi\u00f3n\u201d\u2013 dicen que quisieran sacar a los detenidos mucho m\u00e1s r\u00e1pido de sus barcos, que reconocen nunca fueron dise\u00f1ados para funcionar como centros de detenci\u00f3n. Los agentes de la DEA asientan en los documentos de la corte que los traslados r\u00e1pidos a tierra estadounidense son log\u00edsticamente imposibles, pues pocos pa\u00edses permiten traslados por avi\u00f3n y hay una escasez de vuelos disponibles de la DEA. La Guardia Costera se\u00f1ala que la agencia patrulla 15 millones de kil\u00f3metros cuadrados, lo que deviene en \u201cretos log\u00edsticos y de transportaci\u00f3n\u201d.<\/p>\n<p>Sin embargo, hay evidencias en esos documentos de la corte de que algunas consideraciones presupuestarias tambi\u00e9n podr\u00edan estar detr\u00e1s de los retrasos. En 2015, un oficial del Comando del Sur sugiri\u00f3 en un correo electr\u00f3nico dirigido a un agente de la DEA \u2013que estaba encarg\u00e1ndose del traslado de un detenido de la Guardia Costera\u2013 que la agencia \u201cpodr\u00eda ahorrarles costos a los contribuyentes\u201d si sopesara los beneficios de una ruta de regreso con respecto a otra. En un informe de abril de 2017 de un caso distinto, el gobierno de EE. UU. argument\u00f3 que mover un barco patrullero de su ronda normal en busca de narcotraficantes para acelerar el traslado de un detenido constituir\u00eda \u201cuna p\u00e9rdida considerable de tiempo y de recursos gubernamentales\u201d.<\/p>\n<p>En cambio, los barcos de la Guardia Costera y las fragatas que les presta la Armada de Estados Unidos van llenando lentamente sus hangares o cubiertas y esperan para hacer bajar a los detenidos cuando pueden arreglarse paradas con oficiales de otros pa\u00edses o vuelos con la DEA. Otros detenidos simplemente son mantenidos a bordo de los patrulleros mientras estos regresan a San Diego o atraviesan el Canal de Panam\u00e1 en su camino hacia puertos de la costa este. Sin importar la ruta, los jueces federales reiteradamente condonan las protecciones normales en contra de una detenci\u00f3n extendida previa a un juicio y aceptan el argumento gubernamental de que transferir a los detenidos del Pac\u00edfico es demasiado complejo log\u00edsticamente como para permitir que est\u00e9n frente a un juez de manera r\u00e1pida. As\u00ed que, con los a\u00f1os, los jueces federales han permitido periodos de detenci\u00f3n cada vez m\u00e1s largos: cinco d\u00edas en el Caribe en 1985; luego once en 2006; para 2012, diecinueve d\u00edas en el Pac\u00edfico. Ahora, el tiempo promedio de detenci\u00f3n es de dieciocho d\u00edas. Un oficial me dijo que han tenido hombres detenidos hasta durante noventa d\u00edas.<\/p>\n<p>A diferencia de los arrestos nacionales, que estipulan que solo se puede acusar a las personas en la jurisdicci\u00f3n que corresponda a su delito, los traficantes mar\u00edtimos pueden ser procesados en cualquier lugar.<\/p>\n<p>Expertos en materia de derechos humanos y de las leyes mar\u00edtimas advierten que los periodos prolongados de detenci\u00f3n empleados por Estados Unidos en su campa\u00f1a contra las drogas contravienen las reglas internacionales de derechos humanos. \u201cEn un contexto europeo, lo que hace EE. UU. no cumplir\u00eda con los est\u00e1ndares\u201d, dice Efthymios Papastavridis, un especialista en leyes mar\u00edtimas en la Universidad de Oxford. \u201cTendr\u00eda que medirse contra las leyes de debido proceso y derechos humanos, y es poco probable que pasara la prueba\u201d.<\/p>\n<p>Sin embargo, Melanie Reid, una exfiscala federal de la Divisi\u00f3n de Narc\u00f3ticos Peligrosos del Departamento de Justicia, dijo que la postura de la unidad es que \u201clas horas no empiezan a correr, en t\u00e9rminos procesales, sino hasta que estas personas llegan a Estados Unidos y son arrestadas\u201d. Un abogado s\u00e9nior de la Guardia Costera escribi\u00f3 en un art\u00edculo de 2016 sobre la aplicaci\u00f3n de las leyes mar\u00edtimas y los derechos humanos que \u201cpor lo general no hay un remedio disponible contra estas demoras para los acusados\u201d.<\/p>\n<p>Setenta y siete d\u00edas despu\u00e9s de que su esposo se fue a \u201cla vuelta\u201d, el 21 de noviembre de 2014, Lorena Mendoza se dirigi\u00f3, con su reci\u00e9n nacido en una carriola desde Jaramij\u00f3 hasta la cercana ciudad portuaria de Manta, como parte de una procesi\u00f3n por la Virgen de Montserrat. Entre una multitud de miles de personas que se amontonaban en las calles junto con bandas de metales, rez\u00f3 por su esposo, mientras se imaginaba c\u00f3mo ser\u00eda la vida de ella si \u00e9l estuviera de verdad muerto.<\/p>\n<p>Cuando regres\u00f3 a casa, descubri\u00f3 que ten\u00eda varias llamadas telef\u00f3nicas perdidas, hechas desde Estados Unidos. A las 11:00 de la ma\u00f1ana del d\u00eda siguiente el tel\u00e9fono son\u00f3 de nuevo. \u201cAqu\u00ed estoy\u201d, dijo Arcentales. \u201cEstoy vivo\u201d. Mendoza llor\u00f3, inundada por un sentimiento de gran alivio. \u201cGracias a Dios que puedo escuchar de nuevo a mi familia, gracias a Dios que est\u00e1n bien\u201d, dijo Arcentales.<\/p>\n<p>Varios d\u00edas antes, el barco estadounidense hab\u00eda hecho una traves\u00eda m\u00e1s a un puerto, esta vez a la costa de Panam\u00e1. En esta ocasi\u00f3n les dijeron a los detenidos que se pusieran de pie. Los guardias soltaron sus grilletes y los sacaron del barco. Arcentales pens\u00f3 que pronto ver\u00eda a su familia. Entonces escuch\u00f3 a un guardia anunciar: \u201cCaballeros, afuera los esperan agentes de la DEA. Ir\u00e1n a Estados Unidos\u201d.<\/p>\n<p>A diferencia de los arrestos nacionales en Estados Unidos, que estipulan que solo se puede acusar a las personas en la jurisdicci\u00f3n que corresponda a su delito, los traficantes mar\u00edtimos pueden ser procesados en cualquier lugar, con tal de que sea el primero en el que aterrizan o en el Distrito de Columbia, la capital del pa\u00eds. Los agentes de procuraci\u00f3n de justicia estadounidenses parecen preferir llevar las acusaciones de contrabando mar\u00edtimo ante cortes en Florida, donde las agencias federales han establecido fuerzas especiales contra las drogas compuestas por varias agencias y los fiscales tienen experiencia en este tipo de casos. Hacer esto en Florida pudo haber tenido alg\u00fan sentido pr\u00e1ctico en la d\u00e9cada de los ochenta e incluso en la d\u00e9cada de los noventa, cuando la mayor parte de las intercepciones mar\u00edtimas ten\u00edan lugar en el Caribe. Pero ahora, cuando el tr\u00e1fico por mar se ha movido de manera significativa hacia el Pac\u00edfico, el deseo de procesar a los acusados en tribunales federales floridanos muy probablemente ha desempe\u00f1ado un papel en las cada vez m\u00e1s prolongadas detenciones mar\u00edtimas.<\/p>\n<p>Una raz\u00f3n por la que se han llevado pocos casos a la costa oeste podr\u00eda ser que la Corte de Apelaciones del Noveno Circuito, que abarca California, ha puesto un l\u00edmite al alcance de la Guardia Costera de EE. UU. A diferencia de los tribunales de la costa este, el Noveno Circuito requiere que los fiscales federales comprueben que las drogas descubiertas en las embarcaciones extranjeras registradas realmente estaban destinadas a Estados Unidos. Esa decisi\u00f3n de 1994 hizo que el marco legal de California fuera m\u00e1s parecido al que exist\u00eda a nivel nacional en los a\u00f1os ochenta. El tribunal del circuito determin\u00f3 que procesar a traficantes encontrados a bordo de un nav\u00edo con una bandera extranjera sin probar que su cargamento estaba destinado a los mercados estadounidenses viola las protecciones al debido proceso consagradas en la Quinta Enmienda de la Constituci\u00f3n de Estados Unidos.<\/p>\n<p>\u201cTratamos de no llevar esos casos al Noveno Circuito\u201d, dijo Aaron Casavant, un abogado de la Guardia Costera que hasta 2014 brind\u00f3 asesor\u00eda legal a las operaciones de aplicaci\u00f3n de la ley de la agencia y quien hace poco escribi\u00f3 un art\u00edculo en el que defiende el fundamento legal de la procuraci\u00f3n de justicia extraterritorial. Casavant se\u00f1ala que hay m\u00e1s abogados y m\u00e1s jueces con experiencia mar\u00edtima en Florida. Sin embargo, tambi\u00e9n hay que destacar que el Departamento de Justicia muy probablemente perder\u00eda un caso como el de Arcentales si lo llevara ante el Noveno Circuito por la obligaci\u00f3n de comprobar el posible destino. As\u00ed que la mayor\u00eda de los casos se juzgan en el Und\u00e9cimo Circuito de Florida, donde no hay tal obligaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Orlando do Campo, un abogado defensor privado asentado en Miami, ha sido asignado a llevar veintitr\u00e9s casos de narcotr\u00e1fico mar\u00edtimo ante las cortes. \u201cEs como un documental sobre naturaleza, cuando ves al halc\u00f3n sacar a los peces del agua; el pez dice: \u2018\u00bfQu\u00e9 diablos estoy haciendo en el aire?\u2019\u201d, dijo Do Campo. \u201cPara ellos, eso es lo que es Florida. \u2018Hace unas semanas, estaba en Ecuador, luego fui a la mitad del Pac\u00edfico y \u00bfahora estoy aqu\u00ed?\u2019 Es absolutamente surreal\u201d.<\/p>\n<p>Pusieron a Arcentales, Quijije, Pay\u00e1n y los cuatro guatemaltecos en un vuelo a Florida. El 19 de noviembre fueron formalmente arrestados. Arcentales menciona que le dijo a un agente federal todo lo que sab\u00eda sobre la operaci\u00f3n. \u201cPero la verdad\u201d, me dijo Arcentales, \u201ces que no s\u00e9 nada de todo eso\u201d. Por lo menos otro hombre del grupo de siete habl\u00f3 tambi\u00e9n con los investigadores y les dio toda la informaci\u00f3n que ten\u00eda: la ruta que hab\u00eda tomado y el apellido del enganchador que lo hab\u00eda contratado. Los siete aceptaron un acuerdo de culpabilidad. No se presentaron mociones legales que pusieran en tela de juicio las condiciones de su prolongada detenci\u00f3n.<\/p>\n<p>Cuando los abogados defensores llegan a presentar esas mociones, que es poco frecuente, estas tienen un efecto muy reducido. Los abogados de tres hombres que llegaron a estar detenidos en el mismo patrullero que uno en los que estuvo Arcentales solicitaron a una corte federal desistir de la formulaci\u00f3n de cargos debido a una \u201cconducta gubernamental indignante\u201d. El juez dijo que le inquietaban los relatos de los detenidos sobre su \u201cnutrici\u00f3n inadecuada, p\u00e9rdida de peso, falta de privacidad para hacer sus necesidades y carencia de suficiente protecci\u00f3n ante los elementos\u201d. Aun as\u00ed, dijo, tal \u201ctratamiento inhumano\u201d no hab\u00eda sido utilizado \u201cen un esfuerzo para conseguir presentar los cargos\u201d, por lo que no pod\u00eda desestimar las imputaciones. \u201cEso no quiere decir que esta corte condone ese trato hacia los detenidos\u201d, a\u00f1adi\u00f3. \u201cEn absoluto\u201d.<\/p>\n<p>La Guardia Costera ha declarado que, de 2002 a 2011, los casos en contra de estos traficantes mar\u00edtimos han ayudado al gobierno estadounidense a afianzar tres cuartos de las extradiciones de capos colombianos.<\/p>\n<p>El 2 de julio de 2015, Arcentales y Castillo fueron llevados a la corte para una audiencia sobre su sentencia. En las audiencias, seg\u00fan dijo John Kelly este a\u00f1o en un testimonio ante el congreso, los \u201csospechosos de estos casos divulgan informaci\u00f3n durante el procesamiento y la sentencia que es crucial para interceptar, extraditar y sentenciar a los l\u00edderes de los carteles de la droga, as\u00ed como desmantelar sus sofisticadas redes\u201d. Sin embargo, la jueza que presidi\u00f3 en el caso de Arcentales, Virginia Hern\u00e1ndez Covington, dej\u00f3 en claro que lo divulgado por el ecuatoriano y el guatemalteco no serv\u00eda de mucho. \u201cSolo tratan de hacerlo para ganar algo de dinero para su familia\u201d, dijo Covington en la corte. \u201cCuanto m\u00e1s alto est\u00e9s, m\u00e1s informaci\u00f3n tienes\u201d. Continu\u00f3: \u201cLos de niveles bajos del escalaf\u00f3n tienen menos informaci\u00f3n con la cual negociar\u201d.<\/p>\n<p>Los acusados seg\u00fan la ley de control mar\u00edtimo, incluso las mulas como Arcentales, raramente obtienen sentencias reducidas que correspondan a las condenas m\u00ednimas, algo a lo que s\u00ed acceden sospechosos capturados en costas estadounidenses cuando portan la misma cantidad de drogas. Convington sentenci\u00f3 a Arcentales a diez a\u00f1os en una prisi\u00f3n federal y a Castillo a un poco m\u00e1s de once.<\/p>\n<p>Cuando conoc\u00ed a Arcentales por primera vez en la prisi\u00f3n federal Fort Dix de Nueva Jersey, a finales de 2016, su cara era distinta de la angulosa y demacrada que hab\u00eda visto en las fotos que le sacaron los guardias de la prisi\u00f3n poco despu\u00e9s de llegar a Florida. Parec\u00eda que hab\u00eda recuperado el peso que hab\u00eda perdido en el mar. Nos sentamos uno al lado del otro en la sala de visitas, dispuesta como la sala de espera de un aeropuerto, y hablamos en espa\u00f1ol en medio del zumbido de las madres y esposas que hablaban en ingl\u00e9s a sus seres queridos encarcelados. Hablando lento y con precisi\u00f3n, me dijo que nunca antes hab\u00eda considerado que al traficar drogas estuviera cometiendo un crimen espec\u00edficamente en contra de Estados Unidos. Se pregunt\u00f3 repetidamente por qu\u00e9 Estados Unidos no permite que cumpla su sentencia en Ecuador. Por lo menos, dijo, as\u00ed estar\u00eda en contacto con su familia m\u00e1s all\u00e1 de las llamadas de duraci\u00f3n limitada cada tantas semanas. Piensa en ellos constantemente. Y tambi\u00e9n en los barcos patrulleros de la Guardia Costera en los que estuvo detenido.<\/p>\n<p>\u201cTen\u00eda una pesadilla terrible sobre las cadenas\u201d, me dijo Arcentales en la sala de visitas. \u201cMe despertaba sintiendo que la cadena se hund\u00eda en mi tobillo y sacud\u00eda la pierna pensando que estaba encadenado, hasta que la sent\u00eda libre y me tranquilizaba saber que no estaba amarrado al barco. Me levantaba sudando, casi llorando, pensando que a\u00fan estaba encadenado. Con el tiempo se pasa. Pero algo como esto nunca desaparece\u201d.<\/p>\n<p>En la casa que Arcentales dej\u00f3 atr\u00e1s, la vida no es menos menesterosa que cuando \u00e9l parti\u00f3. Dos semanas despu\u00e9s de que Arcentales lleg\u00f3 a Florida, Mendoza abri\u00f3 una tienda en lo que antes era su peque\u00f1a sala de estar. Aunque solo gana 15 d\u00f3lares en un buen d\u00eda, cuando me encontr\u00e9 con ella en Jaramij\u00f3, hab\u00eda un flujo constante de clientes que llegan a comprar pa\u00f1ales, pl\u00e1tanos o queso al hogar de Mendoza, que est\u00e1 lleno de sus hijos y nietos.<\/p>\n<p>Tanto Mendoza como Arcentales asumieron que su destino, ahora muy conocido en la comunidad, servir\u00eda como una advertencia para aquellos a quienes se acercan los enganchadores. En abril, en Fort Dix, Arcentales me dijo que si \u201cpudiera les dir\u00eda a todos que no vayan, \u00a1que nunca acepten dar \u2018la vuelta\u2019!\u201d.<\/p>\n<p>No obstante, las \u201cvueltas\u201d se han incrementado desde que Arcentales fue sentenciado a prisi\u00f3n. En abril de 2016, un catastr\u00f3fico terremoto golpe\u00f3 la costa ecuatoriana. Calles enteras de Jaramij\u00f3 se derrumbaron y dejaron a miles sin hogar. Los botes pesqueros, as\u00ed como los trabajos de almacenamiento y enlatado, quedaron destruidos. A m\u00e1s de un a\u00f1o todav\u00eda hab\u00eda tiendas de campa\u00f1a azules, proporcionadas por el gobierno chino como refugios de emergencia, al borde de un pe\u00f1asco que se alza por encima de los muelles ahora tranquilos del pueblo.<\/p>\n<p>El terremoto llev\u00f3 a varios desempleados, incluidos los empobrecidos pescadores, en busca de trabajos de contrabando. A finales de 2016, el yerno de Mendoza, Wladimir, quien hab\u00eda estado viviendo en su casa, desapareci\u00f3. Desde que se lastim\u00f3 la espalda descargando pescado en Manta, el joven hab\u00eda trabajado vendiendo morocho, una bebida de ma\u00edz dulce hecha en casa. Pero con eso solo ganaba unos cuantos d\u00f3lares al d\u00eda. Le hab\u00eda estado diciendo a su esposa, Nelly, que estaba pensando en dar una \u201cvuelta\u201d. Wladimir nunca hab\u00eda pescado en toda su vida, seg\u00fan me dijo Nelly, y ella no le crey\u00f3 nunca que fuera a aceptar ese trabajo. Pero en diciembre de 2016, Wladimir dijo que iba a la tienda y ya nunca regres\u00f3. Durante seis semanas, Nelly estuvo preocupada constantemente por su marido y me ped\u00eda por mensajes en Facebook si yo pod\u00eda revisar si estaba en alguna prisi\u00f3n estadounidense. A principios de febrero de 2017, una semana antes de que yo llegara a Jaramij\u00f3, Wladimir llam\u00f3 a Nelly desde una c\u00e1rcel de Florida. Un barco de la Guardia Costera lo hab\u00eda detenido en el oc\u00e9ano Pac\u00edfico.<\/p>\n<p>El abogado que la corte le asign\u00f3 a Wladimir, Joaqu\u00edn M\u00e9ndez, argument\u00f3 en una corte federal de Florida que el retraso de 31 d\u00edas entre que fue interceptado y fue presentado en una corte de Estados Unidos violaba los estatutos federales que requieren que los acusados sean procesados en un lapso de treinta d\u00edas. \u201cLa Guardia Costera tom\u00f3 la determinaci\u00f3n calculada de continuar con su interceptaci\u00f3n y de mantener a estas personas en las condiciones en las que estaban, mientras la tripulaci\u00f3n prosigui\u00f3 con sus tareas\u201d, le dijo M\u00e9ndez al juez James I. Cohn.<\/p>\n<p>En lo que quiz\u00e1 fue la primera vez en una corte federal, Cohn desestim\u00f3 la acusaci\u00f3n en contra de Wladimir debido al retraso.<\/p>\n<p>\u201cSi el argumento del gobierno se lleva a su extremo l\u00f3gico, una persona podr\u00eda estar detenida indefinidamente por un delito federal mientras el gobierno no presente una demanda formal\u201d, dijo Cohn en la corte. El caso fue desestimado \u201cpor sobreseimiento con reservas\u201d, algo que fue un tanto vergonzoso para los fiscales federales pero que les permiti\u00f3 presentar una nueva demanda. A finales de agosto, Wladimir fue sentenciado a diez a\u00f1os de prisi\u00f3n.<\/p>\n<p>En Ecuador, los funcionarios gubernamentales han aconsejado p\u00fablicamente a los pescadores que rechacen las ofertas de los enganchadores. Sin embargo, todav\u00eda hay hombres que hacen el viaje, muchos directamente hacia las redes de la Guardia Costera. Conoc\u00ed a m\u00e1s de veinte familias en Jaramij\u00f3 y otros pueblos que han perdido a hombres de esta manera. Una mujer a quien conoc\u00ed en su casa con techo de paja me dijo que su hijo mayor, un pescador y apenas un adulto, era el que proporcionaba a la familia su \u00fanica fuente de ingresos. Pero tres meses despu\u00e9s del terremoto, los puestos en el mercado de pescado segu\u00edan diezmados y solo cerca de un tercio de los pescadores estaba trabajando. Ese hijo sigui\u00f3 a la marea de hombres que se lanzan a altamar.<\/p>\n<p>Una noche de febrero, despu\u00e9s de los arrestos de Arcentales y Wladimir, me sent\u00e9 junto a Mendoza bajo un \u00e1rbol de granadas en la carretera fuera de su casa. Un grupo de sus vecinos y parientes se re\u00fanen ah\u00ed casi todas las noches cuando cae el sol y el aire refresca. Mientras habl\u00e1bamos, un hombre que cargaba dos brillantes peces espada pas\u00f3 por ah\u00ed y salud\u00f3 con la mano. Uno de los hombres que estaba acostado en una hamaca me dijo que el que pas\u00f3 hab\u00eda dado la \u201cvuelta\u201d hac\u00eda poco. Mendoza se\u00f1al\u00f3 en la calle hacia un auto nuevo estacionado cerca de la esquina; el hombre lo hab\u00eda comprado con el dinero de la \u201cvuelta\u201d. Luego, un pariente joven de Mendoza, que hasta entonces hab\u00eda estado echado en silencio en la hamaca, me dijo que estaba pensando en aceptar tambi\u00e9n ese trabajo. \u201cYa s\u00e9 que tengo solo un 50 por ciento de probabilidades de regresar\u201d, dijo. \u201cS\u00e9 lo que le pas\u00f3 a Jhonny\u201d.<\/p>\n<p>*Seth Freed Wessler es un periodista de investigaci\u00f3n y adjunto de investigaci\u00f3n Puffin en el Investigative Fund del Nation Institute estadounidense.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Seth Freed Wessler* | NYT En las noches, cuando ca\u00eda la lluvia de noviembre y no hab\u00eda dormido en absoluto, Jhonny Arcentales ten\u00eda visiones de s\u00ed mismo muerto y de que su cuerpo era arrojado al oscuro mar. 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