{"id":49056,"date":"2018-07-19T11:50:36","date_gmt":"2018-07-19T17:50:36","guid":{"rendered":"http:\/\/elcronistadigital.com\/?p=49056"},"modified":"2018-07-19T11:50:36","modified_gmt":"2018-07-19T17:50:36","slug":"el-hotel-de-los-muertos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elcronistadigital.com\/?p=49056","title":{"rendered":"El hotel de los muertos"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/elcronistadigital.com\/wp-content\/uploads\/2018\/07\/Hotel-Bol\u00edvar.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-49057\" alt=\"Hotel Bol\u00edvar\" src=\"https:\/\/elcronistadigital.com\/wp-content\/uploads\/2018\/07\/Hotel-Bol\u00edvar.jpg\" width=\"450\" height=\"298\" srcset=\"https:\/\/elcronistadigital.com\/wp-content\/uploads\/2018\/07\/Hotel-Bol\u00edvar.jpg 450w, https:\/\/elcronistadigital.com\/wp-content\/uploads\/2018\/07\/Hotel-Bol\u00edvar-300x198.jpg 300w, https:\/\/elcronistadigital.com\/wp-content\/uploads\/2018\/07\/Hotel-Bol\u00edvar-342x226.jpg 342w\" sizes=\"auto, (max-width: 450px) 100vw, 450px\" \/><\/a>Juan Jos\u00e9 Revenga | Enigma<\/p>\n<p>El hotel Bol\u00edvar, en Lima, guarda entre su lujo decadente un pasado de historias tr\u00e1gicas que han impregnado sus estancias. Algo sobrenatural habita en \u00e9l. Lo hemos vivido en primera personas.<\/p>\n<p>Era una ma\u00f1ana como cualquiera en Lima, el cielo estaba encapotado con esa calima que cubre la ciudad y parece perpetua. Mi vuelo hab\u00eda llegado al aeropuerto Jorge Ch\u00e1vez. Era mi primer viaje a la capital del Per\u00fa. El camino hacia el hotel era una odisea. Viv\u00edamos los a\u00f1os 80 del siglo pasado, cuando la delincuencia y la guerrilla de Sendero Luminoso dominaban el pa\u00eds.<\/p>\n<p>El hotel Bol\u00edvar, un m\u00edtico cinco estrellas, me esperaba. En su inauguraci\u00f3n, en 1924, fue denominado hotel Ayacucho, el rinc\u00f3n de los muertos, en quechua. Un nombre intrigante para un establecimiento situado en el centro de la ciudad.<\/p>\n<p>Le cambiaron el nombre a Bol\u00edvar, en la Plaza del General San Mart\u00edn, a un kil\u00f3metro escaso del palacio de Gobierno en la Plaza de Armas.<\/p>\n<p>El hotel ten\u00eda un precio equivalente al de una pensi\u00f3n. Fue mi primera visita de m\u00e1s de treinta que he hecho.<\/p>\n<p>Al entrar en la recepci\u00f3n te quedas impresionado. La clase y el dinero que se movi\u00f3 se ven por todas partes. Su c\u00fapula central es tan espectacular como la de los grandes hoteles europeos de la \u00e9poca, su mobiliario, de primera, y hasta los azucareros o los cubiertos eran de plata aut\u00e9ntica.<\/p>\n<p>Aquellos tiempos duros se notaban en el establecimiento hasta el punto de que en muchas ocasiones fui el \u00fanico hu\u00e9sped en el mismo, como en mi primera visita. La plaza de San Mart\u00edn era un hervidero de ladrones \u2013los famosos \u201cpira\u00f1as\u201d\u2013; muchos taxis ni te llevaban al centro.<\/p>\n<p>Caminar solo por esos enormes pasillos pisando una alfombra de m\u00e1s de cuatro dedos de grosor era incre\u00edble. Sent\u00edas que alguien te segu\u00eda. Una especie de escalofri\u00f3 recorr\u00eda tu cuerpo\u2026 pero no hab\u00eda nadie.<\/p>\n<p>El mobiliario de las habitaciones est\u00e1 en consonancia con el resto del hotel: mobiliario que en los a\u00f1os 40 ser\u00eda de extraordinario lujo, pero que en los 80 se notaba que eran una reliquia poco \u00fatil por su falta de mantenimiento. El agua caliente, claro, no funcionaba.<\/p>\n<p>La primera noche escuch\u00e9 ruidos y gente hablando por los pasillos, pese a ser el \u00fanico hu\u00e9sped. Ten\u00eda una mochila sobre la cama. En mitad de la noche, me despert\u00f3 un tremendo golpe: la mochila cay\u00f3 al suelo, sin que nadie la tocase.<\/p>\n<p>Nada sab\u00eda de los misterios del hotel, pero esa ma\u00f1ana en el desayuno charl\u00e9 con uno de los viejos camareros y me cont\u00f3 su t\u00e9trica historia.<\/p>\n<p>En la historia del establecimiento hab\u00eda ocurrido de todo. Por ejemplo, un suicidio: la mujer salt\u00f3 por la ventana de la sexta planta, en la habitaci\u00f3n 666, que dio origen al fantasma de \u201cla gringa\u201d, que confesaban encontrarse los empleados bailando en los solitarios salones del hotel.<\/p>\n<p>Una noche, el jefe de seguridad, que termin\u00f3 siendo un gran amigo, me contaba que escuch\u00f3 ruido en las \u00faltimas plantas, que llevaban a\u00f1os cerradas al p\u00fablico. Subi\u00f3 y encontr\u00f3 a un se\u00f1or mayor con uniforme de camarero. Le pregunt\u00f3 su nombre y le oblig\u00f3 a abandonar la planta. Baj\u00f3 a personal y pregunt\u00f3 por este empleado, para sancionarle. La respuesta fue que una persona con esos datos trabaj\u00f3 en el hotel\u2026 y falleci\u00f3 en 1936.<\/p>\n<p>Todo esto no hizo m\u00e1s que aumentar mis ganas de subir a las plantas cerradas. Lo hice acompa\u00f1ado del director de seguridad. No hab\u00eda luz y camin\u00e1bamos con linternas. Los ruidos eran infernales. Las fotos sal\u00edan llenas de luces inexplicables. Los descensos de temperatura al pasar por ciertas habitaciones te estremec\u00edan el cuerpo. La br\u00fajula bailaba sin rumbo.<\/p>\n<p>Entre la suciedad y el abandono de aquellos habit\u00e1culos hab\u00eda algo, algo que se escapaba de cualquier explicaci\u00f3n razonable. Iba caminando delante con la linterna cuando me gir\u00e9 y vi que el jefe de seguridad no ven\u00eda. Se hab\u00eda marchado. Aquello era superior a sus fuerzas. Prefiero no especificar lo que tard\u00f3 un servidor en salir corriendo\u2026<\/p>\n<p>Muchas fueron mis visitas posteriores a las habitaciones cerradas del Bol\u00edvar, algo hoy imposible, pues cerraron el acceso, pero esta primera no la olvidar\u00e9 nunca. Muchas veces fui con gente y no les dec\u00eda nada. Todos sent\u00edan cosas extra\u00f1as en sus habitaciones: radios que se encend\u00edan solas, golpes en la puerta en mitad de la noche de entes invisibles\u2026<\/p>\n<p>No cabe duda de que se trata de uno de los lugares m\u00e1s enigm\u00e1ticos de Am\u00e9rica. El lujo decadente y lo que se ha fraguado en aquellos salones; las alegr\u00edas, las penas, la muerte y la felicidad corrieron por los pasillos de este hotel\u2026 una muerte y una felicidad que aseguro que no han abandonado estos pasillos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Juan Jos\u00e9 Revenga | Enigma El hotel Bol\u00edvar, en Lima, guarda entre su lujo decadente un pasado de historias tr\u00e1gicas que han impregnado sus estancias. Algo sobrenatural habita en \u00e9l. Lo hemos vivido en primera personas. 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