{"id":49293,"date":"2018-10-11T11:59:09","date_gmt":"2018-10-11T17:59:09","guid":{"rendered":"http:\/\/elcronistadigital.com\/?p=49293"},"modified":"2018-10-11T11:59:09","modified_gmt":"2018-10-11T17:59:09","slug":"las-raices-de-la-venganza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elcronistadigital.com\/?p=49293","title":{"rendered":"Las ra\u00edces de la venganza"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"color: #993300;\"><em><strong><a href=\"https:\/\/elcronistadigital.com\/wp-content\/uploads\/2018\/10\/venga.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-49294\" alt=\"venga\" src=\"https:\/\/elcronistadigital.com\/wp-content\/uploads\/2018\/10\/venga.jpg\" width=\"400\" height=\"263\" srcset=\"https:\/\/elcronistadigital.com\/wp-content\/uploads\/2018\/10\/venga.jpg 400w, https:\/\/elcronistadigital.com\/wp-content\/uploads\/2018\/10\/venga-300x197.jpg 300w, https:\/\/elcronistadigital.com\/wp-content\/uploads\/2018\/10\/venga-342x224.jpg 342w\" sizes=\"auto, (max-width: 400px) 100vw, 400px\" \/><\/a>* Represalia, revancha, desquite\u2026 Diferentes palabras para un instinto universal dif\u00edcil de controlar. \u00bfCu\u00e1les son sus claves psicol\u00f3gicas y biol\u00f3gicas?<\/strong><\/em><\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #3366ff;\">Luis Mui\u00f1o | Muy Interesante<\/span><\/p>\n<p>Uno de los \u00faltimos fen\u00f3menos virales de YouTube es un v\u00eddeo revanchista subido por Kyle Boggess, un joven de California que dio una sorpresa a su novia por el pasado d\u00eda de los enamorados. En la grabaci\u00f3n se ve a la chica sentada en un sof\u00e1 y con los ojos vendados, mientras su pareja le dice que le espera un regalo y le entrega una carpeta de pl\u00e1stico con un folio en su interior.<\/p>\n<p>Cuando la muchacha se quita la venda, sus ojos se encuentran con una impresi\u00f3n de los mensajes que ella hab\u00eda intercambiado en una web de citas con otro hombre, que result\u00f3 ser el propio Boggess.<\/p>\n<p>Este sospechaba la infidelidad de su novia y se hab\u00eda creado un perfil falso con el que la busc\u00f3 en esa web hasta encontrarla y cerrar un encuentro con ella. El v\u00eddeo concluye con Boggess dici\u00e9ndole a la chica: \u201cVas a ser famosa\u201d. Al d\u00eda siguiente, el amante despechado colg\u00f3 la escena en YouTube. Resultado: 100.000 visionados en quince d\u00edas, una prueba del gusto de muchos por estos desquites.<\/p>\n<p>La atenci\u00f3n que despiertan estos ajustes de cuentas m\u00e1s o menos sentimentales es de tal calibre, que en el Reino Unido, Estados Unidos y otros pa\u00edses se han promulgado leyes para frenar la llamada porn revenge (venganza porno), los v\u00eddeos sexuales grabados en la intimidad y difundidos cada vez en mayor n\u00famero por exparejas despechadas.<\/p>\n<p>Esta es solo una faceta m\u00e1s de los escarmientos espectaculares \u2013y cuanto m\u00e1s p\u00fablicos mejor\u2013 que nos encantan. Muchos partidos de f\u00fatbol se calientan en los medios antes de jugarse con llamadas a la vendetta por derrotas anteriores. La venganza que explica algunos de los chivatazos que destapan casos de corrupci\u00f3n pol\u00edtica llena los informativos, y la figura del t\u00f3pico justiciero es omnipresente en nuestra cultura: de la literaria y decimon\u00f3nica El conde de Montecristo hasta las pel\u00edculas modernas (Kill Bill, V de Vendetta, El renacido\u2026), las revanchas exitosas han inundado de adrenalina a millones de lectores y espectadores. Incluso hay reality shows, como La venganza de los ex, dedicados al espect\u00e1culo del desquite.<\/p>\n<p>Necesitamos ese tipo de personajes: como ha demostrado el antrop\u00f3logo Robert Boyd, de la Universidad de California en Los \u00c1ngeles, los grupos que cuentan con vengadores de las injusticias muestran mayor capacidad de adaptaci\u00f3n y, por tanto, de supervivencia. En un c\u00e9lebre art\u00edculo sobre la evoluci\u00f3n cultural del castigo social, Boyd recopil\u00f3 investigaciones suyas y de otros autores que suger\u00edan que la existencia de un grupo formado solo por altruistas ilusos ser\u00eda imposible.<\/p>\n<p>Castigos ejemplares<\/p>\n<p>En efecto, cuando en los experimentos psicol\u00f3gicos se introducen en un colectivo personas aprovechadas, algo que ocurre inevitablemente en la vida real, el papel de los que disfrutan con las venganzas resulta esencial para frenar y neutralizar a los ego\u00edstas. Por eso, a pesar de lo que evoluciona nuestra sociedad, seguimos deleit\u00e1ndonos con historias de resarcimientos ejemplares similares a los popularizados desde hace milenios en diversas civilizaciones.<\/p>\n<p>En su libro Monster Show. Una historia cultural del horror, el historiador del cine David J. Skal nos recuerda, por ejemplo, el sorprendente paralelismo que existe entre las historias que desarrollaba la cultura popular de la Edad Media y la imaginer\u00eda del terror m\u00e1s truculento de hoy. En los dos tipos de narrativa se nos hace contemplar la represalia sobrenatural de las v\u00edctimas de la injusticia. Los cad\u00e1veres vuelven a la vida para llevarse por delante a los culpables de su muerte, y el consumidor de la historia recibe su catarsis y libera el rencor que ha ido acumulando contra los aprovechados y los poderosos que oprimen al d\u00e9bil. La idea es siempre la misma: satisfacer la necesidad de venganza. El mundo es injusto desde la noche de los tiempos, y el resentimiento contin\u00faa acumul\u00e1ndose.<\/p>\n<p>Necesitamos que esa frustraci\u00f3n encuentre salida, y por eso los peri\u00f3dicos, el cine, la literatura, los c\u00f3mics y la televisi\u00f3n rebosan de narrativas de desquites exitosos.<\/p>\n<p>Algunas investigaciones se\u00f1alan las repercusiones en nuestro cerebro de este tipo de ficciones. Un estudio dirigido por la neuropsic\u00f3loga Tania Singer, del Instituto Max Planck en Leipzig (Alemania), ha mostrado c\u00f3mo disminuye nuestra empat\u00eda hacia una persona de la que sabemos que ha sido injusta y que merece un castigo. Eso explicar\u00eda por qu\u00e9 podemos ver o leer historias de represalias sin sentir l\u00e1stima por el individuo en el que recae todo el peso de la venganza.<\/p>\n<p>Singer distribu\u00eda por parejas a los participantes en el experimento, y los hac\u00eda relacionarse en diversos contextos. Uno de los miembros de cada d\u00fao era un actor que a veces se mostraba generoso y en otras abusivo. Despu\u00e9s, esos compinches de la investigadora se ve\u00edan sometidos a una situaci\u00f3n dolorosa, mientras se monitorizaba el cerebro del voluntario real de la pareja. Cuando el actor hab\u00eda sido malo con su compa\u00f1ero, la empat\u00eda de este ante el dolor de su maltratador descend\u00eda notablemente. Las dos \u00e1reas cerebrales que se suelen activar ante el sufrimiento ajeno \u2013una zona de la corteza cerebral llamada \u00ednsula anterior y una estructura del sistema l\u00edmbico denominada giro cingular\u2013 reaccionaban con mucha menor intensidad. Si una persona se ha comportado ego\u00edstamente, nos afecta bastante poco que sufra.<\/p>\n<p>Ojo por ojo<\/p>\n<p>Estamos preparados biol\u00f3gicamente para la venganza, porque esta ha tenido sentido desde fases muy tempranas de nuestra historia como forma de mantener la cohesi\u00f3n social. El impulso primitivo de restituir lo arrebatado arbitrariamente y de reparar los da\u00f1os son un primer paso hacia la justicia, y por eso los libros sagrados de todas las religiones, desde los Vedas hasta el Cor\u00e1n, pasando por las mitolog\u00edas griega y romana o la Biblia, ense\u00f1an \u00e9tica y dan lecciones morales a partir del ejemplo de historias de escarmientos ejemplares.<\/p>\n<p>Pero la gran pregunta que se hace la ciencia es si tiene sentido esta estrategia en el mundo actual. Las culturas que promueven el castigo continuo acumulan un nivel de violencia imposible de gestionar. Un ejemplo: David Buss, profesor de Psicolog\u00eda en la Universidad de Texas en Austin, ha recopilado datos que indican que m\u00e1s de un 90\u2009% de los hombres y un 80\u2009% de las mujeres han fantaseado en alguna ocasi\u00f3n con asesinar a una persona que ha cometido una injusticia contra ellos. Pero \u00bfqu\u00e9 suceder\u00eda si liber\u00e1ramos toda esa sed de venganza?<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, enterrar nuestra ira para dejarla salir despu\u00e9s en forma de im\u00e1genes de revancha no es psicol\u00f3gicamente sano. Acumular inquina acaba por envenenarnos, y resulta muy dif\u00edcil actuar con sensatez cuando se vive rebosante de odio. Ben Fuchs, psic\u00f3logo y profesor de la Ashridge Business School, en Inglaterra, ha escrito numerosas recopilaciones de investigaciones que ilustran c\u00f3mo nos intoxica el resentimiento. En ellas nos muestra que, aunque la fantas\u00eda de la venganza nos serene en un primer momento, al final acaba por llevarnos a acumular m\u00e1s rabia. La raz\u00f3n que expone Fuchs para este resultado negativo es que la venganza no resulta funcional en el mundo moderno. Los ajustes de cuentas solo triunfan en las historias de ficci\u00f3n que produce nuestra cultura.<\/p>\n<p>En la vida real, las represalias afectan a v\u00edctimas inocentes \u2013terceras personas que sufren las consecuencias\u2013 y nos sumen en la culpabilidad. Esto encuentra su mejor ejemplo en una de las m\u00e1s antiguas historias mitol\u00f3gicas de vendetta, convertida en tragedia teatral por Eur\u00edpides en el siglo V a. C.: la de Medea, que para desquitarse de la traici\u00f3n de su amado esposo Jas\u00f3n, asesina a los dos hijos que hab\u00edan tenido en com\u00fan. Adem\u00e1s, es casi imposible medir el efecto de la venganza de forma que sea proporcionada: o es demasiado peque\u00f1a \u2013suele ocurrir con las personas m\u00e1s poderosas que nosotros\u2013 o resulta excesiva. El resultado final es que el so\u00f1ado escarmiento acaba en frustraci\u00f3n. \u201cAntes de empezar un viaje de venganza, cava dos tumbas\u201d, advert\u00eda Confucio hace 2.500 a\u00f1os.<\/p>\n<p>La psicolog\u00eda cl\u00ednica nos aporta casos del fracaso de la venganza como t\u00e1ctica vital. Especialistas como la doctora Lyn Abramson, de la Universidad de Wisconsin-Madison, sostienen que el rencor acumulado durante mucho tiempo es uno de los factores que pueden desencadenar una depresi\u00f3n. Se sabe que la ira estancada constituye uno de los pilares b\u00e1sicos de esa enfermedad. Debido a sus prejuicios cognitivos, los pacientes que la padecen desarrollan una gran cantidad de resentimiento contra los dem\u00e1s \u2013porque sus fantas\u00edas justicieras nunca se ven realizadas\u2013 y contra s\u00ed mismos por la impotencia que esto les genera. Su espera in\u00fatil de resarcimiento los lleva a pensar demasiado en lo que sucedi\u00f3, en c\u00f3mo ocurri\u00f3, en qui\u00e9n tuvo la culpa, en lo injusto que fue\u2026 Se detienen en el \u201cdeber\u00eda haber ocurrido de otra manera\u201d y eso les impide avanzar hacia una actitud m\u00e1s adaptativa del tipo \u201ces as\u00ed y tengo que asimilarlo\u201d. Su enfado acumulado acaba convirti\u00e9ndose en un sentimiento de indefensi\u00f3n que se encuentra en la base de muchas depresiones y trastornos.<\/p>\n<p>Malas personas<\/p>\n<p>Por otra parte, la espera de un resarcimiento nos impide pasar p\u00e1gina. Los psic\u00f3logos Andreas Maercker e Ira G\u00e4bler, de la Universidad de Z\u00farich, en Suiza, han publicado recientemente una investigaci\u00f3n sobre presos pol\u00edticos que se\u00f1ala que aquellos que mantienen su necesidad de venganza padecen m\u00e1s s\u00edntomas de estr\u00e9s postraum\u00e1tico que los que se esfuerzan en olvidar.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, la revancha tiene otra consecuencia indeseable: nos iguala emocionalmente a las personas de las que nos estamos vengando. Como nos recuerda el psic\u00f3logo Gordon Finley, de la Universidad Internacional de Florida, los justicieros m\u00e1s presentes en el imaginario colectivo comparten numerosos rasgos con los psic\u00f3patas: narcisismo, carencia de empat\u00eda, frialdad emocional, maquiavelismo\u2026 Los grandes creadores de fr\u00edas venganzas, como la novelista Agatha Christie, saben de sobra que para perpetrarlas hay que ser una mala persona.<\/p>\n<p>No podemos evitarlo: las frustraciones inherentes a la vida nos causan enojo. Si le conceden a otro el puesto de trabajo que dese\u00e1bamos; si la persona a la que amamos nos abandona o no nos corresponde; o si un desconocido hace una maniobra incorrecta al volante y nos obliga a dar un frenazo, nos invade un natural sentimiento de hostilidad y se enciende nuestra programaci\u00f3n biol\u00f3gica para ejecutar la venganza. Pero en ese momento debemos poner en marcha mecanismos para canalizar la ira y evitar la b\u00fasqueda de revancha al precio que sea. Como dijo el c\u00e9lebre novelista escoc\u00e9s Walter Scott (1771-1832), \u201cla venganza es el plato m\u00e1s sabroso condimentado en el infierno\u201d. Aunque se prevea apetitoso, siempre acaba por indigestarse y hacernos da\u00f1o.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>* Represalia, revancha, desquite\u2026 Diferentes palabras para un instinto universal dif\u00edcil de controlar. \u00bfCu\u00e1les son sus claves psicol\u00f3gicas y biol\u00f3gicas? 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