{"id":6856,"date":"2012-05-20T12:27:20","date_gmt":"2012-05-20T18:27:20","guid":{"rendered":"http:\/\/elcronistadigital.com\/?p=6856"},"modified":"2012-05-20T12:27:20","modified_gmt":"2012-05-20T18:27:20","slug":"caribe-para-robinsones","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elcronistadigital.com\/?p=6856","title":{"rendered":"Caribe para Robinsones"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/elcronistadigital.com\/?attachment_id=6857\" rel=\"attachment wp-att-6857\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-medium wp-image-6857\" title=\"Corn Island\" src=\"https:\/\/elcronistadigital.com\/wp-content\/uploads\/2012\/05\/Corn-Island-300x199.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"199\" srcset=\"https:\/\/elcronistadigital.com\/wp-content\/uploads\/2012\/05\/Corn-Island-300x199.jpg 300w, https:\/\/elcronistadigital.com\/wp-content\/uploads\/2012\/05\/Corn-Island-342x227.jpg 342w, https:\/\/elcronistadigital.com\/wp-content\/uploads\/2012\/05\/Corn-Island.jpg 400w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a>El turismo a\u00fan no ha llegado a las islas del Ma\u00edz, en Nicaragua. Arenales blancos, corales, palmeras y langostas a hora y media en avioneta de Managua. Y una gente, los gar\u00edfunas, con un concepto m\u00e1s calmado del tiempo.<\/p>\n<p>PABLO FERRI<br \/>\nEl Pa\u00eds<\/p>\n<p>Un pu\u00f1ado ruidoso de taxistas pelea por los reci\u00e9n llegados al aeropuerto de Big Corn Island. Se empujan, r\u00eden, escuchan el castellano y se giran r\u00e1pido a buscar a los rubios, que llevan d\u00f3lares. El \u00fanico taxista que queda, el pastor Ernesto, se apiada de los simples mortales y los sube a su coche a buscar hotel. El pastor vive aqu\u00ed desde hace a\u00f1os. Se aburr\u00eda en Managua y decidi\u00f3 irse a predicar a otro lado. Quer\u00eda aire fresco, conducir un coche, ver el mar y las palmeras, tomarse una cerveza cuando se le antojase y repartir amor. As\u00ed lo hizo. Un d\u00eda empaquet\u00f3 sus cuatro trapos y se march\u00f3 a Big Corn Island, la mayor de las dos islas del ma\u00edz, un peque\u00f1o archipi\u00e9lago del Caribe nicarag\u00fcense.<br \/>\nAunque ya colg\u00f3 el h\u00e1bito, la tendencia al serm\u00f3n es inevitable en el pastor. Imparte c\u00e1tedra de tax\u00edmetro entre notas de la Creedence Clearwater Revival -la isla esto, la isla lo otro- y te pregunta d\u00f3nde quieres ir a dormir. No es que espere opciones concretas, m\u00e1s bien aguarda una generalidad: \u00bfa la playa? Ah\u00ed vamos pues. El pastor conduce por una carretera que da la vuelta a la isla y al rato encara un sendero rodeado de bananos y cocoteros frente a la playa de South West End. Es la entrada al hospedaje del se\u00f1or Marcos. La arena queda a dos minutos andando. No se ve gente, el cielo son hojas de palmera y el suelo hierba corta y c\u00e1scaras de coco.<br \/>\nBig Corn Island ofrece varias opciones para hospedarse. Los taxistas son buenos gu\u00edas y lo mejor es preguntarles. La gama de precios recoge habitaciones frente a la playa por ocho euros, bungal\u00f3s por 40, verdaderas suites por 85&#8230; En www.bigcornisland.com aparecen la mayor\u00eda de establecimientos de la isla. Si no, f\u00edese del taxista -y no permita que le cobre m\u00e1s de un euro la carrera.<br \/>\nMarcha fresca y una To\u00f1a en Mama Lola&#8217;s<br \/>\nLa mejor manera de explorar la isla grande es recorrerla en bicicleta. Los posaderos y taxistas saben d\u00f3nde rentarlas. La carretera principal apenas tiene 12 kil\u00f3metros y conduce a hermosas playas de arena blanca y cocoteros como Sally Peaches, Queen Hill o la misma South West End. La marcha es fresca, verde. Cantidad de ni\u00f1os van de un lado para otro con sus guantes de beisbol -deporte nacional en Nicaragua- y sus carteras de la escuela. Se oyen gritos en espa\u00f1ol, en ingl\u00e9s, en criollo&#8230;<br \/>\nCorn Island fue un enclave comercial ingl\u00e9s hasta el siglo XVIII. Durante d\u00e9cadas, de ah\u00ed la mezcla ling\u00fc\u00edstica, comerciantes brit\u00e1nicos, franceses y holandeses trabajaron con ind\u00edgenas misquitos y levantaron un protectorado de facto hasta que Inglaterra reconoci\u00f3 la soberan\u00eda espa\u00f1ola a finales del 1700. Los ind\u00edgenas gar\u00edfunas, afrocaribe\u00f1os, son hoy mayor\u00eda en las islas y un lenguaje criollo asediado por el intercambio -spanglish gar\u00edfuno con acento nicarag\u00fcense- domina la charla callejera. Tambi\u00e9n hay ind\u00edgenas misquitos -que hablan su propio idioma-, aunque su presencia es mayor en el Caribe norte.<br \/>\nUna buena ruta para la ma\u00f1ana consiste en recorrer la costa norte de la isla, subir el Mount Pleasant, el cerro m\u00e1s alto de Big Corn, -tampoco es mala idea acercarse al atardecer- sentarse a almorzar en Mama Lola\u2019s -un buen plato de arroz, siempre con coco, gambas, una cerveza To\u00f1a- y echarse la siesta en una de las hamacas del acantilado contiguo. El viento sopla fuerte y Mama Lola ofrece de postre cajetas de coco con leche condensada. \u00a1Qu\u00e9 se\u00f1ora! Vino por amor a estas islas y aqu\u00ed sigue a\u00f1os despu\u00e9s, con su volumen intacto y su risa et\u00e9rea. Se la ve por las tardes rodeada de amigos echando cervezas en las hamacas. El pastor visita el lugar de vez en cuando. Esa ma\u00f1ana viene acompa\u00f1ado de una muchacha gar\u00edfuna. Mantienen un conflicto bien curioso sobre la bandera de Nicaragua y su significado, que si el tri\u00e1ngulo del escudo es una cosa, que si los volcanes de dentro son otra. Al final hablan del poco caso que el Pac\u00edfico le hace al Atl\u00e1ntico en Nicaragua y ah\u00ed empiezan a re\u00edr, \u00absi ellos supieran&#8230;\u00bb.<br \/>\nAbajo, en la playa, un grupo de ni\u00f1os chapotea en la orilla ante la mirada c\u00f3mplice de sus madres. Las sombras van cambiando, poco m\u00e1s. Las barcazas de pesca siguen igual de quietas, un \u00e1rbol seco mantiene su figura en la arena, el viento estar\u00e1 soplando fuerte en la cima corta de Mount Pleasant. Tranquilidad. Una toalla, un libro.<br \/>\n\u00abHappiness, depending on me\u00bb<br \/>\n\u00a1Vaya si bota el carguero que va a la ishlita! Los pescadores del muelle de Big Corn Island hab\u00edan dicho que no se mov\u00eda demasiado, aunque a decir verdad tambi\u00e9n se hab\u00edan re\u00eddo y hab\u00edan vuelto enseguida a sus quehaceres. Pero bota, le sacude a uno el espinazo en la hora y media que dura el trayecto a la isla peque\u00f1a, Little Corn Island.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/elcronistadigital.com\/?attachment_id=6858\" rel=\"attachment wp-att-6858\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-6858\" title=\"Corn Island esponsa y corales\" src=\"https:\/\/elcronistadigital.com\/wp-content\/uploads\/2012\/05\/Corn-Island-esponsa-y-corales-300x225.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"225\" srcset=\"https:\/\/elcronistadigital.com\/wp-content\/uploads\/2012\/05\/Corn-Island-esponsa-y-corales-300x225.jpg 300w, https:\/\/elcronistadigital.com\/wp-content\/uploads\/2012\/05\/Corn-Island-esponsa-y-corales-342x256.jpg 342w, https:\/\/elcronistadigital.com\/wp-content\/uploads\/2012\/05\/Corn-Island-esponsa-y-corales-60x45.jpg 60w, https:\/\/elcronistadigital.com\/wp-content\/uploads\/2012\/05\/Corn-Island-esponsa-y-corales-150x113.jpg 150w, https:\/\/elcronistadigital.com\/wp-content\/uploads\/2012\/05\/Corn-Island-esponsa-y-corales-269x201.jpg 269w, https:\/\/elcronistadigital.com\/wp-content\/uploads\/2012\/05\/Corn-Island-esponsa-y-corales.jpg 400w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><br \/>\nEnseguida se ve all\u00e1 al fondo. La embarcaci\u00f3n deja el puerto media hora tarde porque unas muchachas llegaron con retraso. Ven\u00edan de \u00abDios sabe d\u00f3nde\u00bb, vestidas de fiesta y con la risa abierta de par en par. El joven grumete las mira malicioso y deja en la radio el suave meneo reggae de The Velvet Shadow -\u00abhappiness, depending on me&#8230;\u00bb. Ellas cantan y r\u00eden con cada golpetazo de las olas. \u00abDios sabe de d\u00f3nde vienen\u00bb, r\u00ede el grumete. Parece un delf\u00edn en cubierta, uno de los que acompa\u00f1an al carguero en la traves\u00eda, solo que este salta en cubierta. Apetece nadar. El mundo es solo agua brillante y un horizonte de palmeras en esta parte medio olvidada del Caribe. No se ven edificios grandes, ni barcos largos. Unas decenas de metros por debajo viven las langostas, las tortugas, las mantas rayas y los corales. En Big Corn funciona una peque\u00f1a escuela de buceo que cobra algo m\u00e1s de 30 euros por cada inmersi\u00f3n, un buen precio comparado con las ofertas de Costa Rica o Belice. En la ishlita funcionan otras tantas.<br \/>\nLittle Corn es realmente min\u00fascula. En un d\u00eda se recorre paseando. A la salida del muelle, un mapa indica los caminos que hay de un lado al otro. Hay uno que cruza por en medio y conduce al verdadero ed\u00e9n, un pu\u00f1ado de playas desiertas que desvelan la riqueza en la paleta del Big Bang. Tantos amarillos, verdes, azules&#8230; Puro antojo de una naturaleza que prueba sus propios l\u00edmites. Una ara\u00f1a del interior selv\u00e1tico se suma a la funci\u00f3n colorista con su abdomen \u00bfSer\u00e1 que ese dibujo existe de verdad? Los colores del fondo del mar producen la misma sensaci\u00f3n. La refracci\u00f3n de los rayos solares inventa tonos sobrenaturales en las esponjas y los corales. Los bancos de peces semejan piezas de cuberter\u00eda a lomos de corrientes caprichosas.<br \/>\nLa ishlita ofrece tambi\u00e9n diferentes opciones de alojamiento. Casa Iguana gestiona una veintena de caba\u00f1as confortables, un bar con vistas espectaculares y un huerto de pi\u00f1as. La caba\u00f1a econ\u00f3mica cuesta unos 15 euros por persona -caben dos- y la lujosa, 30.<br \/>\nLa largu\u00edsima playa bajo el acantilado de Casa Iguana pasa por peque\u00f1os resorts de madera y paja, caba\u00f1as en la playa por ocho euros, desayuno incluido. En Elsa&#8217;s Place Sea Breeze te ofrecen, por ejemplo, gallo pinto -arroz con frijoles, comida de la regi\u00f3n por excelencia-, o arroz con coco, caf\u00e9, fruta&#8230;<br \/>\nLa ishlita es eso, pasear, bucear, hacer snorkel, echarse en la hamaca, visitar el estadio de beisbol -hay uno en cada isla-, conocer al mono que vive en el \u00e1rbol de una familia de lugare\u00f1os, beber zumo de frutas y buscar cangrejos.<br \/>\nRond\u00f3n y bambol\u00e9<br \/>\nNoche animada en Big Corn. Las tabernas del puerto han sacado a pasear sus altavoces y el trasiego de taxis va en aumento isla arriba y abajo. Aunque el del pastor no se mueve. El pastor ha decidido esta tarde que no trabajaba -\u00abas\u00ed es la isla, mi hermano\u00bb- y se ha sentado a beber To\u00f1as en una taberna. Se le ve relajado, risue\u00f1o, pensando en d\u00f3nde ir m\u00e1s tarde.<br \/>\nMientras tanto, en el restaurante que hay junto al muelle, el Fisher Cave, la cocina bulle actividad. Llevan tres horas trabajando en su obra maestra, una delicia culinaria, el rond\u00f3n.<br \/>\nEl rond\u00f3n es un guiso marinero t\u00edpico del Caribe nicarag\u00fcense. Una extensa gama de tub\u00e9rculos harinosos -yuca, quequisque, malanga&#8230;- componen la base del plato sobre un sofrito de leche de coco, cebolla, ajo, banano y fruta de pan; el pescado del d\u00eda -cola amarilla, pargo rojo-, las gambas y la langosta hacen el resto. En Fisher Cave, el restaurante del puerto, proponen de acompa\u00f1amiento una espectacular salsa de habanero que levantar\u00eda de la silla al mexicano m\u00e1s exigente. La mezcla es una oda a la cocina caribe\u00f1a, un chuparse los dedos descontrolado -afortunado el que lleve una barra de pan, porque en Fisher Cave no hay.<br \/>\nLa noche sigue en el Bambol\u00e9, as\u00ed lo ha dicho el pastor. Es la discoteca de la isla, el sitio de encuentro, el lugar. Gar\u00edfunas y misquitos llenan las mesas entre botellas de ron Flor de Ca\u00f1a y la paja quebrada que cae del techo. La pista se llena poco a poco y el perreo invade el alma del local, las piernas van de cuatro en cuatro, los torsos de dos en dos; los bailarines semejan rizos negros, fibra incandescente, una excitante escalada hacia el final del individuo. Los cuatro blanquitos del lugar asisten al espect\u00e1culo con timidez pero el Flor de Ca\u00f1a cumple y el Bambol\u00e9 triunfa a orillas del mar.<br \/>\nA la vuelta, el taxista pasa por el aeropuerto -el pastor no apareci\u00f3. Solo hay una carretera en toda la isla y alguna ramificaci\u00f3n, poco m\u00e1s, as\u00ed que es f\u00e1cil pasar por el aeropuerto. Hay una vaca pastando a pocos metros de la pista, unos muchachos corren tambi\u00e9n por all\u00ed. El taxista dice que cuando llegan las avionetas, les echan. La temperatura es ideal. La bicicleta ser\u00e1 una buena compa\u00f1era m\u00e1s tarde.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El turismo a\u00fan no ha llegado a las islas del Ma\u00edz, en Nicaragua. Arenales blancos, corales, palmeras y langostas a hora y media en avioneta de Managua. Y una gente, los gar\u00edfunas, con un concepto m\u00e1s calmado del tiempo. PABLO FERRI El Pa\u00eds Un pu\u00f1ado ruidoso de taxistas pelea por los reci\u00e9n llegados al aeropuerto [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":6858,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"om_disable_all_campaigns":false,"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[3,13],"tags":[],"class_list":["post-6856","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-nacionales","category-portada"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/elcronistadigital.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/6856","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/elcronistadigital.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/elcronistadigital.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/elcronistadigital.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/elcronistadigital.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=6856"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/elcronistadigital.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/6856\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":6861,"href":"https:\/\/elcronistadigital.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/6856\/revisions\/6861"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/elcronistadigital.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/6858"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/elcronistadigital.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=6856"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/elcronistadigital.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=6856"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/elcronistadigital.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=6856"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}