{"id":8139,"date":"2012-07-06T10:34:00","date_gmt":"2012-07-06T16:34:00","guid":{"rendered":"http:\/\/elcronistadigital.com\/?p=8139"},"modified":"2012-07-06T10:34:00","modified_gmt":"2012-07-06T16:34:00","slug":"no-habra-mas-letras-escritas-por-gabo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elcronistadigital.com\/?p=8139","title":{"rendered":"No habr\u00e1 m\u00e1s letras escritas por Gabo"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_8140\" style=\"width: 310px\" class=\"wp-caption alignleft\"><a href=\"https:\/\/elcronistadigital.com\/?attachment_id=8140\" rel=\"attachment wp-att-8140\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-8140\" class=\"size-medium wp-image-8140\" title=\"Jaime Garc\u00eda Marquez\" src=\"https:\/\/elcronistadigital.com\/wp-content\/uploads\/2012\/07\/Jaime-Garc\u00eda-Marquez-300x200.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"200\" srcset=\"https:\/\/elcronistadigital.com\/wp-content\/uploads\/2012\/07\/Jaime-Garc\u00eda-Marquez-300x200.jpg 300w, https:\/\/elcronistadigital.com\/wp-content\/uploads\/2012\/07\/Jaime-Garc\u00eda-Marquez-342x228.jpg 342w, https:\/\/elcronistadigital.com\/wp-content\/uploads\/2012\/07\/Jaime-Garc\u00eda-Marquez.jpg 550w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-8140\" class=\"wp-caption-text\">Jaime Garc\u00eda M\u00e1rquez, hermano de Gabo, al centro de la foto.<\/p><\/div>\n<p>Elsa Garc\u00eda de Blas<br \/>\nEl Pa\u00eds<\/p>\n<p>Casi todas las tardes, Jaime Garc\u00eda M\u00e1rquez, hermano peque\u00f1o de Gabo (se llevan 13 a\u00f1os) recibe en su casa de Cartagena de Indias, donde reside, una llamada desde M\u00e9xico. El Premio Nobel de Literatura, el genio, que es su hermano, est\u00e1 al otro lado de la l\u00ednea, y entonces Jaime se dedica a recordarle lo que la demencia senil le est\u00e1 arrebatando al genio: los recuerdos. Jaime Garc\u00eda M\u00e1rquez es ahora la memoria de Gabo. \u00abA veces lloro. Pero siento una felicidad dolorosa, porque tengo el privilegio de hablar con \u00e9l\u00bb, dijo instantes antes de quebr\u00e1rsele la voz y que los ojos se le humedecieran, en la conferencia que imparti\u00f3 a los expedicionarios de la Ruta Quetzal BBVA en el Museo de la Inquisici\u00f3n en Cartagena de Indias, en Colombia. Despu\u00e9s le sali\u00f3 sincero, como un desgarro: \u00abLloro porque siento que se me escapa de las manos\u00bb.<\/p>\n<p>Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez (Aracataca, 1928) no se est\u00e1 yendo, se est\u00e1 marchando su memoria. Y con ella su genialidad. Su hermano lamenta que los estragos le hayan llegado antes de tiempo, por la quimioterapia que le salv\u00f3 en 1999 de un c\u00e1ncer linf\u00e1tico. Pero f\u00edsicamente se encuentra bien. \u00abA veces da la sensaci\u00f3n de que hay personas que quisieran que se muriera, porque la noticia de su muerte ser\u00eda importante, pero se van a quedar pendientes mucho rato\u00bb, expres\u00f3 con malestar Jaime Garc\u00eda M\u00e1rquez, ingeniero civil y exsubdirector de la Fundaci\u00f3n Nuevo Periodismo Iberoamericano creada por Gabo. \u00abTodav\u00eda le tenemos, podemos hablar con \u00e9l, sigue con alegr\u00eda, con entusiasmo, lleno de humor\u00bb. Y lanz\u00f3 al aire, con un suspiro: \u00abQue se demore, que se demore mucho ese momento\u00bb.<\/p>\n<p>El relato del hermano del Nobel discurri\u00f3, gracias a las preguntas de los chicos en el patio del museo a la sombra de un bonga centenario, con saltos en el tiempo, del Gabito de ahora al de antes; pero siempre genial. \u00abDesde muy temprana edad ya sab\u00edamos que era un genio, era muy despierto\u00bb. Su abuelo, con el que vivi\u00f3 los primeros a\u00f1os, le influy\u00f3 decisivamente en la \u00abvocaci\u00f3n temprana\u00bb, cuando le puso a pintar con acuarelas de colores en papel de peri\u00f3dico virgen. As\u00ed nacieron las primeras obras de Garc\u00eda M\u00e1rquez, como novelas gr\u00e1ficas. Naci\u00f3 genio, y tambi\u00e9n en sentido cient\u00edfico. Su hermano revel\u00f3 que G\u00fcnter Grass le hizo en el a\u00f1o 99 un test de inteligencia que desvel\u00f3 un coeficiente intelectual alt\u00edsimo. La obsesi\u00f3n hizo el resto.<\/p>\n<p>\u00abEstaba obsesionado con la perfecci\u00f3n\u00bb. Al principio escrib\u00eda con una m\u00e1quina de escribir, y los tachones le perturbaban tanto que ten\u00eda que repetir, mecanografiar de nuevo, las hojas que ten\u00edan equivocaciones, hasta que quedaban impolutas. El proceso le llevaba tanto tiempo que cuando por fin utiliz\u00f3 el ordenador &#8211; y fue de los primeros escritores en hacerlo en Latinoam\u00e9rica- ahorraba un 70% del tiempo invertido en escribir. Ese tiempo extra que le regal\u00f3 la tecnolog\u00eda no lo emple\u00f3 en nuevas obras, sino en perfeccionar las que ya hab\u00eda escrito. \u00abNo quiso hacer m\u00e1s, quiso hacer la mejor\u00bb.<\/p>\n<p>La mirada luminosa del Jaime Garc\u00eda M\u00e1rquez, que vestido con guayabera y pantal\u00f3n de lino blanco parec\u00eda Gabo solo unos a\u00f1os m\u00e1s joven, se tornaba mustia cuando volv\u00eda al presente. Tigra y Agosto nos vemos son dos relatos inconclusos del Nobel. El primero cuenta la historia de una hembra de tigre que se venga de un cazador -un magnate neoyorquino- que mat\u00f3 a su pareja. Lo hace mat\u00e1ndole en su oficina despu\u00e9s de coger un tren y hasta un ascensor. Del segundo, que ya se public\u00f3, Garc\u00eda M\u00e1rquez tiene cinco versiones diferentes. No las ha compartido con nadie, y su hermano teme que las haya destruido, porque elimina en una trituradora de papel lo que no le gusta.<\/p>\n<p>Los hermanos no se ven desde hace dos a\u00f1os, salvo esas conversaciones telef\u00f3nicas en las que uno hace de memoria del otro. Por eso y porque la sombra de un Nobel en la familia tiene que pesar como una losa, Jaime les confes\u00f3 a los chicos que a veces preferir\u00eda no ser el hermano de Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez. Para poder hablar con libertad. Pero fue solo un momento, antes de volver a expresar su anhelo porque su Gabito aguante: \u00abA\u00fan siento que le tenemos agarrado por el cuello\u00bb.<\/p>\n<p>Fue la \u00faltima pregunta: \u00bfLeeremos un nuevo relato de Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez? Y Jaime Garc\u00eda M\u00e1rquez contest\u00f3, sincero, y lo hizo con un desgarro que en esta ocasi\u00f3n fue para todos, no solo para \u00e9l. Lo dijo claro: \u00abDesgraciadamente, no vamos a tener esa oportunidad\u00bb. Aunque pareciera probable, escucharlo se hizo duro. No habr\u00e1 m\u00e1s letras escritas por Gabo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Elsa Garc\u00eda de Blas El Pa\u00eds Casi todas las tardes, Jaime Garc\u00eda M\u00e1rquez, hermano peque\u00f1o de Gabo (se llevan 13 a\u00f1os) recibe en su casa de Cartagena de Indias, donde reside, una llamada desde M\u00e9xico. 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