{"id":8385,"date":"2012-07-16T08:42:58","date_gmt":"2012-07-16T14:42:58","guid":{"rendered":"http:\/\/elcronistadigital.com\/?p=8385"},"modified":"2012-07-16T16:26:01","modified_gmt":"2012-07-16T22:26:01","slug":"ruben-dario-en-el-jardin","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elcronistadigital.com\/?p=8385","title":{"rendered":"Rub\u00e9n Dar\u00edo en el jard\u00edn"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_8390\" style=\"width: 310px\" class=\"wp-caption alignleft\"><a href=\"https:\/\/elcronistadigital.com\/?attachment_id=8390\" rel=\"attachment wp-att-8390\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-8390\" class=\"size-medium wp-image-8390\" title=\"Catedral de Le\u00f3n\" src=\"https:\/\/elcronistadigital.com\/wp-content\/uploads\/2012\/07\/Catedral-de-Le\u00f3n-300x225.png\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"225\" srcset=\"https:\/\/elcronistadigital.com\/wp-content\/uploads\/2012\/07\/Catedral-de-Le\u00f3n-300x225.png 300w, https:\/\/elcronistadigital.com\/wp-content\/uploads\/2012\/07\/Catedral-de-Le\u00f3n-342x256.png 342w, https:\/\/elcronistadigital.com\/wp-content\/uploads\/2012\/07\/Catedral-de-Le\u00f3n-60x45.png 60w, https:\/\/elcronistadigital.com\/wp-content\/uploads\/2012\/07\/Catedral-de-Le\u00f3n-150x113.png 150w, https:\/\/elcronistadigital.com\/wp-content\/uploads\/2012\/07\/Catedral-de-Le\u00f3n-269x201.png 269w, https:\/\/elcronistadigital.com\/wp-content\/uploads\/2012\/07\/Catedral-de-Le\u00f3n.png 425w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-8390\" class=\"wp-caption-text\">Catedral de Le\u00f3n.<\/p><\/div>\n<p>* De paseo por Le\u00f3n, la ciudad donde el poeta nicarag\u00fcense tuvo su aprendizaje sentimental<\/p>\n<p>Juan Carlos Abril (*)<\/p>\n<p>A 90 kil\u00f3metros de Managua, ya en la costa pac\u00edfica, se halla Le\u00f3n, ciudad de unos 400.000 habitantes que fund\u00f3 \u2014junto a Nicaragua\u2014 Francisco Hern\u00e1ndez de C\u00f3rdoba en 1524. La moneda del pa\u00eds, el c\u00f3rdoba, se llama as\u00ed en su memoria. Muri\u00f3 decapitado en el mismo Le\u00f3n, en 1526, por orden de Pedrarias D\u00e1vila, primer gobernador de Castilla del Oro. Le\u00f3n fue capital de la naci\u00f3n durante m\u00e1s de doscientos a\u00f1os. Para llegar hay muchos autobuses durante el d\u00eda que salen desde la terminal de la UCA en Managua.<\/p>\n<p>Le\u00f3n viejo<\/p>\n<p>Pero el actual Le\u00f3n se desplaz\u00f3 a unos 30 kil\u00f3metros de aquel debido a su ubicaci\u00f3n al lado del volc\u00e1n Momotombo, a orillas del lago de Managua, que estall\u00f3 en 1610. La antigua ciudad colonial estuvo sepultada hasta que en 1967 descubrieron sus ruinas, dejando a la luz un trazado sin alteraciones urban\u00edsticas. Por su valor hist\u00f3rico, Le\u00f3n Viejo fue declarado patrimonio mundial por la Unesco. Desde Le\u00f3n hay varios turoperadores dispuestos a llevar y traer a los visitantes en una ma\u00f1ana por poco dinero.<\/p>\n<p>Rub\u00e9n Dar\u00edo<\/p>\n<p>El pr\u00edncipe de las letras espa\u00f1olas y padre del modernismo, Rub\u00e9n Dar\u00edo, pas\u00f3 aqu\u00ed su infancia y juventud. Hay rastros de \u00e9l por todos lados. Para el poeta de mayor y m\u00e1s duradera influencia en la poes\u00eda del siglo XX en el \u00e1mbito hisp\u00e1nico (nacido en Metapa en 1867, hoy Ciudad Dar\u00edo en su honor, por casualidad de un viaje materno), Le\u00f3n ser\u00e1 una constante en su vida: aprendizaje sentimental y juego en noches de farra y alcohol, el cual le pasar\u00e1 factura, pues nunca pudo quitarse de la bebida. Inici\u00f3 sus viajes en 1882, y en 1893 deja Nicaragua hasta 1907, cuando regresa por un breve periodo. Escribe entonces El viaje a Nicaragua e Intermezzo tropical, obra menos conocida y de la que extraemos dos estrofas del poema El regreso: \u201cEl retorno a la tierra natal ha sido tan \/ sentimental, y tan mental, y tan divino, \/ que aun las gotas del alba cristalinas est\u00e1n \/ en el jazm\u00edn de ensue\u00f1o, de fragancia y de trino. \/ Si peque\u00f1a es la Patria, uno grande la sue\u00f1a. \/ Mis ilusiones, y mis deseos, y mis \/ esperanzas, me dicen que no hay patria peque\u00f1a. \/ Y Le\u00f3n es hoy a m\u00ed como Roma o Par\u00eds\u201d. Parte de nuevo para Europa y, en precariedad econ\u00f3mica, vuelve para morir en 1916 afectado por graves crisis nerviosas y f\u00edsicas debidas a su exacerbado alcoholismo.<\/p>\n<p>La ciudad colonial<\/p>\n<p>El mito tuvo un entierro apote\u00f3sico, y hoy su tumba se halla en la catedral, una joya del barroco colonial rematado en el neocl\u00e1sico, tambi\u00e9n patrimonio de la humanidad. Por Le\u00f3n se pasea a cualquier hora y hay mucho que ver. En el parque, los vendedores de pl\u00e1tano frito y semillas de mara\u00f1\u00f3n (anacardos) se combinan con las artesan\u00edas, ni\u00f1os corriendo y adolescentes. No hay nada que temer. Desplazarse en taxi es barato, pero no te debe extra\u00f1ar que a mitad de camino se suba una familia que va en tu misma direcci\u00f3n. Le\u00f3n es tranquilo, colorido y tur\u00edstico. Ciudad universitaria y plagada de j\u00f3venes, mestiza, conserva su antigua arquitectura de casas altas de un piso y techos de teja \u00e1rabe. Construidas alrededor de un patio con plantas y frutales, produce frescura aunque el clima es muy caliente y h\u00famedo, con lluvias torrenciales. La vida se hace en los portales, que dan a la calle, recordando algunas construcciones andaluzas: uno se siente arropado por esa herencia hisp\u00e1nica. La riqueza arquitect\u00f3nica sorprende, junto a la monumentalidad de las iglesias. Hay que visitar la Casa-Museo Archivo Rub\u00e9n Dar\u00edo y el Centro de Arte Fundaci\u00f3n Ortiz-Gurdi\u00e1n, por citar dos iconos.<\/p>\n<p>El colibr\u00ed<\/p>\n<p>Todas las ma\u00f1anas viene un colibr\u00ed a acompa\u00f1arme en el desayuno, y no es un t\u00f3pico. La cultura popular est\u00e1 tan arraigada que se comprueba en cualquier evento. Durante la semana hay siempre varias procesiones que pululan liger\u00edsimas por los barrios con fanfarrias y m\u00fasicas carnavalescas alegres, llenas de alboroto. Pervive la oralidad, y la m\u00fasica en vivo de los locales. La juventud, como en el resto de esta tierra caliente, se re\u00fane para bailar salsa, merengue\u2026 El baile se concibe sociol\u00f3gicamente como una forma de relacionarse. Pero la hospitalidad y la amabilidad destacan. En poco rato haces amistad y te montan en su camioneta para llevarte donde haga falta. O te sientan a comer en su mesa. La calidez humana latina sobrevive.<\/p>\n<p>Poneloya<\/p>\n<p>El viaje se completa con alrededores de lujo: la isla Juan Venado, Las Pe\u00f1itas o las playas de Poneloya, a menos de media hora, donde el viajero se queda sin palabras que usar. Incomparable flora y fauna, paisajes que piensas que no mereces. Puedes ver tortugas (en v\u00edas de extinci\u00f3n: sus huevos, por cierto, est\u00e1n protegidos porque son muy buscados por los furtivos por su alto valor nutricional y culinario) que vienen a desovar, inm\u00f3viles e inquietantes cocodrilos, y no s\u00e9 cu\u00e1ntas especies raras. Tambi\u00e9n hay que visitar Cerro Negro, a menos de una hora, un volc\u00e1n activo que ofrece unas vistas de esc\u00e1ndalo.<\/p>\n<p>\u00bb Juan Carlos Abril es poeta, autor de los libros El laberinto azul y Crisis.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>* De paseo por Le\u00f3n, la ciudad donde el poeta nicarag\u00fcense tuvo su aprendizaje sentimental Juan Carlos Abril (*) A 90 kil\u00f3metros de Managua, ya en la costa pac\u00edfica, se halla Le\u00f3n, ciudad de unos 400.000 habitantes que fund\u00f3 \u2014junto a Nicaragua\u2014 Francisco Hern\u00e1ndez de C\u00f3rdoba en 1524. 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