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Rusia y la actualidad de las armadas latinoamericanas

buquesCarlos E. Hernández*

Caracas

Recientemente, un portavoz de Astilleros Unidos de Rusia (AUR) manifestó el interés de esa corporación estatal en cooperar en la construcción conjunta de buques militares en Latinoamérica bajo la premisa de que la mayoría de los países latinoamericanos desean renovar sus flotas construyendo los nuevos buques en sus propios astilleros.

Cabe decir que la industria rusa de defensa ha sido relativamente exitosa, colocando algunos de sus productos en las Fuerzas Armadas de varios países de América Latina, principalmente fusiles, lanzagranadas, camiones, blindados, artillería, aviones, helicópteros y sistemas de defensa aérea, pero la excepción han sido medios navales. Se podría afirmar que existen antecedentes con los buques y otras embarcaciones que le transfirió la extinta Unión Soviética a Cuba y Nicaragua, pero la realidad es que eso sucedió, por razones geopolíticas, durante la Guerra Fría.

Para tener una idea de cuáles son las posibilidades reales que tiene Rusia en este propósito hay que pasar revista a los requerimientos de las principales fuerzas navales de la región.

Programas navales latinoamericanos

Comenzamos por Brasil, tomando en cuenta que AUR estima que los planes de la Marina brasileña para dotarse de nuevos buques, supone una inversión cercana a los 10.000 millones de dólares en la construcción de nuevos astilleros. Esto es cierto, pero hay que tomar en cuenta que algunos de los programas ya se han definido con otros constructores navales europeos.

Continuamos con la Marina de Guerra Revolucionaria de Cuba, cuya dotación actual está conformada casi exclusivamente por unidades navales de procedencia soviética y que en sus mejores momentos contó con submarinos y fragatas, pero ahora solo sobreviven algunos patrulleros misilísticos y embarcaciones menores. Cuba cuenta con astilleros que han sido capaces de transformar barcos pesqueros de 2.500 toneladas construidos en España en “buques patrulleros portahelicópteros”, dotándolos de armamento naval soviético procedente de unidades desincorporadas.

Venezuela, por su parte, está ejecutando un plan naval que contempla la incorporación de más de noventa embarcaciones de alto, mediano y bajo porte. Si bien destaca el hecho de que Caracas y Moscú mantienen una estrecha cooperación técnico-militar, hay que recordar que en años recientes la Armada de Venezuela negoció, sin éxito, la adquisición de hasta nueve submarinos de los tipos Project 677E/clase Amur 1650 y Project 636/clase Varshavyanka. Uno de los planteamientos venezolanos era la posibilidad de ensamblar algunos de los submarinos en astilleros propios.

Mientras, la Armada Argentina ha anunciado varios planes para la renovación de la flota, que no ha logrado concretar por razones financieras y falta de voluntad política. La nación austral cuenta con astilleros en los que ha construido fragatas y submarinos de diseño y tecnología extranjera. Por lo demás, conoce algo de buques rusos, ya que en años recientes ha contratado naves de esa nacionalidad para sus campañas anuales a la Antártica y, a finales de 2014, la Armada adquirió en Rusia cuatro buques multipropósito de procedencia civil y construcción polaca para emplearlos en la Patrulla Antártica.

Chile, Colombia, México y Perú tienen planes en desarrollo para la renovación de sus flotas. Además, estos países también han experimentado avances significativos en su industria naval y están construyendo en sus astilleros buques para sus armadas de diseños propios, o bajo licencia extranjera, de cierta complejidad tecnológica.

Otras armadas como las de Ecuador y Uruguay también tienen proyectos de reequipamiento naval a la vez que cuentan con astilleros que quieren desarrollar. Las prioridades de ambas marinas se centran en patrulleros oceánicos (OPV). Y no hay que olvidar que la Armada uruguaya dispone de buques de la era soviética, aunque construidos en la desaparecida Alemania Oriental y en Polonia.

Finalmente, hay que mencionar a Nicaragua por dos razones. En primer lugar, su pequeña Fuerza Naval recibió en los años ochenta, durante el régimen sandinista, lanchas patrulleras y dragaminas costeros de la Unión Soviética y, en segundo lugar, en fechas recientes ha manifestado su interés en adquirir en Rusia patrulleros lanzamisiles y guardacostas.

La competencia

No le va a resultar fácil a Rusia abrirse paso en el mercando naval militar latinoamericano, un terreno que vienen abonado desde hace décadas otros constructores navales europeos y asiáticos.

El holandés Damen Shipyards Group se encuentra a la cabeza en este mercado. En los últimos años ha suministrado decenas de embarcaciones de patrullaje y auxiliares a las marinas de guerra y cuerpos de guardacostas de ocho países de Latinoamérica y el Caribe, aparte de los de Canadá, Estados Unidos y Antillas holandesas. Otro tanto se encuentra en construcción o en la cartera de pedidos. Además, opera un astillero en Cuba, que no es poca cosa, y mantiene acuerdos para la asistencia y transferencia tecnológica con astilleros de Ecuador, México y Venezuela.

Navantia ha quedado rezagada en cuanto a nuevas construcciones navales, tras hacerse en 2005 con el “contrato del siglo” como se llamó en su momento el convenio para suministrar a Venezuela ocho buques patrulleros, cuatro Avante 2200 y cuatro Avante 1400, de los cuales, el cuarto de ese último tipo, se está ensamblando en el astillero estatal venezolano. Ahora bien, en 2014 y en lo que va de 2015, Navantia ha firmado varios contratos con firmas brasileñas con vista a participar en los proyectos estratégicos de la Marina de ese país. Los acuerdos, entre otros, se refieren a auditoría y consultoría en el programa de construcción de los patrulleros NAPA 500 y para la constitución de una empresa mixta que operará tras astilleros. Por su parte, SIMA Perú está construyendo un buque velero escuela diseño de la española Castellanos y Pamies S.L., mientras que el astillero gallego C.N. Paulino Freire S.A. construye un buque oceanográfico, también para la Marina de Guerra del Perú.

Corea del Sur tiene presencia en las armadas de Latinoamérica desde los años ochenta, cuando construyó cuatro buques de desembarco tipo LST para Venezuela, a los que siguió un buque de reabastecimiento de flota a comienzo del siglo XXI. Actualmente, el astillero estatal SIMA Perú construye un buque de asalto anfibio tipo LPD de diseño coreano y se apresta a construir un segundo, así como patrulleros de 500 toneladas del mismo origen. Igualmente, Colombia está construyendo en sus astilleros, en acuerdo con el coreano Stx Offshore & Shipbuilding Co., patrulleros tipo CVP-46 para su Armada.

Alemania está representada por Fassner, que ha colocado un patrullero oceánico tipo OPV-80 en Colombia y Chile por el que también han mostrado interés Argentina y Uruguay. Al menos seis unidades se han construido, y se construyen actualmente, en astilleros colombianos y chilenos.

Respecto a Francia, Brasil está construyendo en sus astilleros cinco submarinos (uno nuclear) clase Scorpène, con transferencia de tecnología de DCNS. Por su parte, los 27 patrulleros NAPA 500 en proceso de construcción, obedecen a un diseño obtenido con base a un acuerdo de transferencia de tecnología con Constructions Mécaniques de Normandie’s.

Finalmente, hay que mencionar a China, que ya ha colocado sus barcos en la región. Sus astilleros construyeron recientemente un buque oceanográfico para la Marina de Brasil, mientras que Trinidad y Tobago le acaba de comprar un patrullero multipropósito de 1.000 toneladas de desplazamiento. Además, una empresa naval china ha presentado a Chile importantes propuestas para nuevas construcciones navales para su Armada en su territorio.

El hecho cierto es que se trata de un reto interesante el que se plantea Astilleros Unidos de Rusia en América Latina, el tiempo nos mostrará los resultados.

* Caracas, 1946. Corresponsal de Infodefensa.com en Venezuela. Abogado por la Universidad Central de Venezuela (UCV). Postgrado y especialista en desarrollo económico e integración latinoamericana (UCV e Intal, Buenos Aires). Egresado del Center for Hemispheric Defense Studies de la National Defense University (Washington, D.C.). Colaborador de Notitarde. Autor de libros y artículos de seguridad y defensa y miembro de Red de Seguridad y Defensa de América Latina (Resdal).

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