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Gracias a la acupuntura volvieron a crear

agujitaslagaceta.com.ar

Desde que los médicos chinos pincharon por primera vez a sus pacientes con objetos punzantes, 4.000 años atrás, la acupuntura ha estado rodeada de un halo de misterio. Desde hace unos años es uno de los sistemas de medicina tradicional más utilizados en el planeta. La Unesco la declaró como un tesoro de la humanidad y en todo el mundo actualmente se dictan carreras relacionadas con estos saberes ancestrales.

Una mañana, mientras conducía por el centro en su auto, Andrés Rivadeneira (57) se dio cuenta de que hablaba lento. Hasta que las palabras no le salieron más. Su hijo iba como acompañante y percibió que algo no funcionaba bien. Tomó el volante y llevó a Andrés al hospital.

Un Accidente Cerebro Vascular (ACV) prometía cambiarle la vida para siempre a su papá. De la noche a la mañana, Andrés quedó en silla de ruedas. Tampoco podía mover las manos. Cuatro años pasaron desde ese episodio que lo había dejado postrado. Hoy, el paciente que no falla ni a una de sus sesiones, está recuperado y ha vuelto a caminar. “Y todo gracias a la acupuntura”, dice. “Ya puedo usar el pañuelo”, añade, orgulloso de los avances que logró con la “terapia de las agujitas”.

Andrés está sentado en la primera fila y observa, con ansiedad, los trabajos que presentarán otros pacientes que, como él, pudieron aliviar sus dolores o recuperar la movilidad en un brazo o una mano y así lograron seguir generando productos artísticos y artesanales.

Una muestra

Todos los pacientes que concurren al servicio exhibieron ayer sus obras en una muestra que se presentó en el hospital Nicolás Avellaneda, en Buenos Aires, Argentina, en consonancia con el “Día Internacional de la Acupuntura” que se celebra cada 24 de octubre.

El servicio de acupuntura funciona de manera gratuita en el hospital Avellaneda desde hace 26 años. Si bien en un comienzo era relativamente bajo el porcentaje de pacientes que acudían, hoy los profesionales que trabajan en este espacio están prácticamente desbordados: atienden aproximadamente unas 40 personas por día que van en busca de soluciones a problemas tan variados como pueden ser dolores corporales, tabaquismo y asma, entre otras cuestiones. Así lo detalló el doctor Mauricio Uehara, médico del servicio.

Según este profesional, si tuvieran más recursos seguramente la lista de pacientes sería mucho mayor de lo que es ahora. Junto a él trabajan otras dos especialistas. Son las doctoras Alsira Villarreal y Vanesa Corbalán.

¿En qué consiste?

La técnica de esta disciplina consiste en la estimulación de puntos cutáneos mediante la implantación de pequeñas agujas. Un tratamiento puede durar entre dos y tres sesiones para casos agudos, como un dolor de muelas, o más citas para problemas crónicos.

Tucumán tuvo el primer servicio en un hospital público del país. Corría 1991 cuando abrió, a cargo del doctor Guillermo Alonso. El especialista falleció en enero. En su honor hoy los consultorios del Avellaneda llevan su nombre.

Los doctores Uehara, Villarreal y Corbalán explican que la acupuntura generalmente se utiliza para aliviar el dolor, pero que también puede curar enfermedades.

“Lo destacable de esta muestra artística es que a pesar de las dolencias que presentaban muchos de estos pacientes cuando llegaron, pudieron recuperar sus habilidades”, explica Villarreal, y sostiene que mientras el estrés siga dominando la vida de las personas los dolores continuarán en aumento. Hoy se atienden cada vez más casos de cervicalgia y lumbalgia, por ejemplo. Otras afecciones que tratan con mucha frecuencia son los problemas psiquiátricos (como la depresión), las adicciones al tabaco y la obesidad, señala.

Sólo un 10% de los pacientes llega derivado por otros médicos. El 90% restante se dirige al hospital espontáneamente. En el servicio trabajan con turnos.

En primera persona

Luisa Sánchez, de 62 años, sufre dolores en la columna (tiene hernia de disco y artrosis). “Yo no me quería operar, pero a veces era tan fuerte el dolor que no podía ni caminar. Una prima me sugirió que venga aquí y realmente esto me está ayudando”, señala. “Al principio me asusté cuando me dijeron que ponían agujas en el cuerpo. Pero no sentí nada y salí totalmente renovada”, añade.

Rosa Palacios (59) y Alfredo Paliza (60) bromean mientras acomodan sus obras: pinturas en botellas y vidrios y cuadros con diseños lineales. Ellos se definen como el matrimonio “artrosis y artritis”. El primero en llegar al servicio de acupuntura fue él y al poco tiempo ella lo siguió.

“Tengo problemas en la espalda. Pasé mucho tiempo con licencia, no me podía ni mover y menos podía hacer lo que más me gusta: trabajos artísticos. Ahora soy otra”, destaca Rosa, que es docente jubilada de Educación Plástica.

Noemí Graciela Quiroga (61) también muestra orgullosa todos los objetos de madera que pintó desde que pudo enfrentar al síndrome del túnel carpiano que padece. Como consecuencia de los dolores, vivía una verdadera pesadilla, cuenta.

“Empecé hace siete años el tratamiento con acupuntura. Tengo mis altibajos, pero estoy mucho mejor. La terapia me permite seguir trabajando en esto, que es lo que más me gusta”, resume. Rivadeneira la aplaude. Él no se dedica a obras artísticas, pero desde que estuvo al borde de la muerte y pudo recuperarse empezó a hacer las cosas que siempre quiso: conocer cada rincón de Tucumán e ir al teatro, salir, divertirse y disfrutar de su nieto.

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