250 mil soldados contra 10 mil, ¿quién amenaza?
Es ridículo y hasta tragicómico lo que ocurre en Colombia ante la inminencia del fallo de La Haya sobre el caso del archipiélago de San Andrés y Providencia y en particular la decisión en torno a quién pertenecen 50 mil kilómetros cuadrados de aguas “infestadas” de petróleo.
Lo dicho por el jefe del Ejército de Nicaragua relacionado a que nuestro país nunca ha dejado de ejercer soberanía en el territorio que siempre nos ha pertenecido, ha levantado una gran alharaca en la lejana nación sudamericana que sinceramente no sabemos qué hace reclamando tierras a casi mil kilómetros de distancia de su masa continental.
Los únicos que se la han pasado ofendiendo, gritando y mintiendo en torno a nuestra preciada joya del Caribe, son los colombianos, y de repente tratan de hacerse las víctimas ante la comunidad internacional –léase La Haya- argumentando que se sienten agredidos por una pequeña nación que apenas tiene 10 mil efectivos en su Ejército, comparados con los 250 mil con que cuentan los sudamericanos (dato de 2010).
El diario El Espectador, uno de los más beligerantes en contra de nuestro país, editorializó este jueves sobre el conflicto, destacando que se incrementan las provocaciones desde Managua. “La firme prudencia de la canciller y del ministro de Defensa es la mejor actitud frente a la insensatez de algunos funcionarios del país limítrofe (¿?). Que allá alardeen con la fuerza. La razón y el derecho están de nuestro lado.
“No de otra manera se pueden leer las recientes declaraciones del jefe del Ejército de Nicaragua, general Julio César Avilés, en el marco de una celebración militar, al afirmar que han ejercido soberanía al este del meridiano 82. Se trata de una bravuconada carente de sustento que busca generar una reacción similar por parte de Colombia, con el desplazamiento de unidades militares.
“El tiro le ha salido por la culata al general Avilés, por varios motivos. La tesis sostenida por Colombia, hasta la presentación de la demanda por parte de Managua, fue la de que no había nada para negociar. Los títulos históricos y jurídicos que poseemos han sido nuestra mejor respuesta. Sin embargo, cada vez que Nicaragua ha tratado de provocar situaciones limítrofes que pudieran llevar a algún tipo de confrontación, nuestras autoridades civiles y militares han obrado con cabeza fría y han hecho presencia activa en la zona sin caer en la trampa de acudir al uso de la fuerza.
“La actitud adoptada por las administraciones Pastrana, Uribe y Santos, desde 2001, ha sido consecuente. Colombia, país amante de la paz y el diálogo, ha respondido con argumentos jurídicos para sustentar ante la Corte su legítimo derecho frente a las absurdas pretensiones del vecino.
“La respuesta ante la provocación no podía ser distinta a la mesura, para no caer en el infantilismo de los juegos de fuerza que plantea el funcionario nicaragüense, pero sin dejar de reivindicar al mismo tiempo nuestra soberanía. Colombia no necesita movilizar unidades a la zona. Desde hace más de cien años se hace presencia dentro de los espacios soberanos que nos son propios. Cualquier intromisión en una zona bajo el control de las autoridades colombianas debe llevar consigo al debido reclamo ante las autoridades del país transgresor. De ser cierto el comentario del alto militar nicaragüense, de cuyos hechos no hay ninguna constancia por parte del Ministerio de Defensa, quedaría más que claro que se trata de provocaciones de fuerza a las que hay que responder con la diplomacia.
“Justo mientras realizaba una visita a Honduras, país con el cual también Colombia comparte límites en el Caribe, la canciller Holguín reiteró que nuestro país ha defendido “una soberanía por siglos que tiene todo el soporte jurídico e histórico de que todo el archipiélago pertenece a Colombia”. Nada que agregar.
La CIJ deberá pronunciarse de aquí a diciembre y en este caso, como en cualquier otro contencioso, la justicia puede fallar a favor o en contra de los intereses de alguna de las partes. Mientras tanto, nuestros argumentos legales e históricos seguirán siendo la mejor defensa frente a la provocación.