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Secretario de armas tomar

David Torres

A Pete Hegseth, Secretario de Guerra de los Estados Unidos, le encanta hacerse fotos con la bandera de las barras y estrellas. Se pone delante de ella, se pone detrás, se pone a un lado, se la pone de sombrero y hasta se la pone de pañuelo, por si tiene que limpiarse los mocos con algún artículo de la Constitución o con la Primera Enmienda.

Hay una foto estupenda en la que se está abriendo la chaqueta igual que un exhibicionista de la vieja escuela a punto de enseñar la chorra, pero lo que enseña es el forro estampado con la star spangled banner. Lo de llevar los colores de la patria por fuera es más bien cosa de superhéroes, de atletas olímpicos o de Evel Knievel, que era un poco las dos cosas. Pero llevar la patria como ropa interior ya es otro nivel.

De momento, Pete Hegseth no ha enseñado los calzoncillos, aunque sí ha enseñado casi todo lo demás. En el pecho destaca un tatuaje bien gordo con la Orden del Santo Sepulcro, también llamada Cruz de Jerusalén -una cruz enorme rodeada de cuatro cruces más pequeñas-, un símbolo de la Primera Cruzada que le costó que le retirasen del servicio activo en la Guardia Nacional durante la investidura de Joe Biden, al considerarlo un extremista peligroso.

En los brazos, entre serpientes, banderitas, puñales y rifles, llama la atención el Deus Vult («Dios lo quiere»), otro lema de las Cruzadas que fue adoptado por supremacistas blancos. También tiene un tatuaje en árabe («Kfir»), de más que probable significado islamofóbico, y otro con las primeras letras de Cristo en griego. Se echa en falta un diccionario, pero a lo mejor lleva uno tatuado en la planta del pie.

Con tantas etiquetas encima es difícil no darse cuenta de que estamos ante un patriota epidérmico, uno de esos a los que el amor a su país no le cabe en el pecho y tiene que transportarlo en la cartera.

Defendió el asalto al Capitolio el 6 de enero de 2021 como un acto de patriotismo, del mismo modo que aseguró que los demócratas estaban apoyando la propagación del coronavirus e incluso habían inventado la variante ómicron sólo por joder.

Dice que las universidades están envenenando la mente de los jóvenes americanos, que los islamistas pretenden conquistar demográfica y culturalmente Europa y América, y que Israel es el «pueblo elegido de Dios».

No es partidario de las mujeres en funciones de combate, ha bloqueado personalmente el ascenso de dos mujeres y dos negros al puesto de general y no quiere saber nada de personas trans en el Ejército. Es decir, que le quitas la chaqueta, le pones una armadura, cambias el coronavirus por la peste y ya tienes a un cruzado del siglo XI dirigiendo el Departamento de Defensa de Estados Unidos.

Puesto que la mejor defensa es un buen ataque, Pete Hegseth ha pedido al pueblo estadounidense que rece de rodillas en el nombre de Cristo mientras los bombarderos cumplen con su delicada tarea de liberar al pueblo iraní. Podían haber liberado antes, sin ir muy lejos, Arabia Saudí, donde las mujeres están mucho peor que en Irán y donde los derechos humanos vienen en las instrucciones de las bolsas de dátiles, pero tampoco hay que pasarse.

Durante una homilía celebrada el Domingo de Ramos, el Papa León XIV regañó a Hegseth por invocar los Evangelios para justificar una matanza, sin darse cuenta de que con eso se está jugando que Trump incluya al Vaticano entre los pupilos desobedientes de la OTAN.

La expresión «como a un Cristo dos pistolas» le sienta tan bien a Hegseth como el turbante negro a un ayatolá, de ahí que esta contienda iniciada en defensa propia por Estados Unidos e Israel se vaya pareciendo tanto a una guerra de religión medieval.

De tres religiones, para ser exactos, o más bien de cuatro, si tenemos en cuenta que el Petróleo y el Becerro de Oro son los verdaderos ídolos de estos patriotas a flor de piel. Ahora acusan al actual Secretario de Guerra de los Estados Unidos de haber intentado enriquecerse antes del ataque a Irán mediante una inversión millonaria en fondos de armamento.

¿Cómo iba a saber Hegseth lo que hacía su inversor de bolsa, cuando es tan buen cristiano que su mano izquierda no sabe lo que hace la derecha? Por algo los billetes de dólar llevan impreso «En Dios confiamos», aunque también podrían llevar «A Dios rezando y con el mazo dando».

Gracias a David Torres y PÚBLICO y a la colaboración de Antonio Aguado

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