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Pasan a CIDH el enigma del “Diana D”

Los familiares de la tripulación del desaparecido "Diana D" rechazan que a dicho barco le haya ocurrido algo similar al de la fotografía. (Tomada de Internet).

* Familiares de la tripulación desaparecida junto con el barco carguero de 91 metros de largo, exigen respuesta de Nicaragua y Costa Rica

Oscar Merlo

Aunque en el trecho del océano Pacífico ubicado entre Guatemala y Nicaragua no existe nada parecido al “Triángulo de las Bermudas”, lo cierto es que hace 29 años ahí se perdió un barco carguero de bandera mexicana que llevaba a bordo a 26 personas: once guatemaltecos, siete costarricenses, siete mexicanos y un peruano.

Hay mucho enredijo sobre el caso y lo último que se supo este lunes es que familiares de los ticos desaparecidos elevaron el caso ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIHD), con sede en Washington, de acuerdo a medios costarricenses.

No era un lanchón cualquiera, tenía 91 metros de largo, sin embargo no dejó ningún rastro de su existencia como trozos de su estructura o aceite de sus motores, lo que hace pensar a los deudos de los marineros que hubo mano criminal en la tragedia.

Entre los principales sospechosos se encuentran varios gobiernos de esa época, (1984), y el del sandinismo es para los costarricenses el que más responsabilidad podría tener debido a las presuntas pesquisas que habría realizado en nuestro país la madre de uno de los desaparecidos.

En una cárcel nicaragüense, según la señora, algunos reclusos le habrían dicho que habían conocido a tripulantes del “Diana D” detenidos en esas celdas. Es el único dato que ubica a los marineros y de ahí se han aferrado los deudos costarricenses para que la CIDH exija a Nicaragua y a Costa Rica, que brinden información sobre lo que pudo haber ocurrido.

Algo que nunca fue comprobado es que el carguero, que regresaba de Guatemala, traía un supuesto embarque de armas para la Contra nicaragüense, lo que habría provocado su hundimiento por parte de las autoridades sandinistas.

El “Diana D” no llevaba ningún tesoro a bordo como para ser blanco de modernos piratas. Tampoco es una gran pista el “testimonio” de detenidos en Nicaragua en los años 80, cuando muchos de ellos eran adversarios del gobierno de esa época, enviados a la cárcel por conspiración armada.

Los gobiernos de México, Guatemala y Costa Rica cerraron el caso un mes después debido a que sus investigadores concluyeron que el “Diana D” había naufragado. Existían, dijeron, 95% de posibilidades de que eso hubiera ocurrido.

El gobierno tico se basó en reportes desde Guatemala en los que se aseguraba que el “Diana D” había partido pese a que la Marina de ese país había advertido que no estaba en condiciones para hacer ese viaje debido a las precarias condiciones en que se encontraba. También se conoció que el barco se había devuelto en dos ocasiones porque tenía problemas con un motor.

Entonces a los familiares no les quedó más alternativa que asirse de los confusos argumentos de los presos en Nicaragua e incluso en la versión de un presunto polizón salvadoreño que habría viajado en el navío y que según él, logró escapar de su prisión en nuestro país.

Fue una travesía en aguas de una Centroamérica convulsionada políticamente. El último contacto con la embarcación, se dio cuando la embarcación se encontraba entre El Salvador y Nicaragua.

Si un gobierno se hubiera propuesto hundir al “Diana D” por las razones que fueran, ¿tenía lógica dejar a 26 testigos revueltos con miles de reclusos en una prisión?

Como en el caso del Titanic, la empresa guatemalteca Indunor, propietaria del barco, siempre refutó la posibilidad del naufragio, pues sus funcionarios afirmaban que el buque no se pudo haber hundido porque tenía todo un equipo moderno de navegación, tres radios, compartimientos de aire que impedían su rápida inmersión y un equipo electrónico que enviaba automáticamente señales de SOS en caso de estar yéndose a pique.

Hasta el momento lo único que persiste es el misterio sobre el paradero del “Diana D” y el inmenso dolor de los familiares de la tripulación desaparecida. Esconder un barco de 91 metros de largo no es tarea sencilla. Los expertos no lograron discernir lo que pasó. Ojalá algún día se sepa.

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