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Zelaya puso a la orden de Ortega los aviones F-5

El presidente Daniel Ortega saluda a Mel Zelaya desde la cabina de un F-5.

* Durante la “Danto 88” dichas aeronaves “se vieron la cara” con los misiles Sam-7, pero el encuentro no pasó a más

Hace cinco años, el entonces presidente hondureño Manuel Zelaya, depuesto posteriormente por un golpe de Estado, puso a la orden del mandatario nicaragüense, Daniel Ortega, los polémicos aviones F-5, de los que el país vecino del norte tiene unos once.

Zelaya recibió a Ortega en la base militar “Hernán Acosta Mejía” e invitó al nicaragüense a subir a uno de los F-5 con los que hoy Honduras nuevamente nos amenaza, que era lo que quería borrar el sombrerudo presidente con aquel gesto.

Recordando las frecuentes fricciones con dichas naves aéreas desde que Estados Unidos se las vendió a Honduras en los años 80, a fin de acosar a la revolución sandinista de entonces, Zelaya puso los F-5 a la orden de Ortega para “cuando los necesitara”.

Tras la adquisición de los F-5, aviones supersónicos, la situación se volvió equiparada habida cuenta de que Nicaragua tenía unos dos mil cohetes tierra-aire Sam-7.

En marzo de 1988, hace precisamente 25 años, los F-5 y los Sam-7 se vieron las caras durante la operación militar “Danto 88”, mediante la cual varios batallones del servicio militar de Nicaragua incursionaron a Honduras más de diez kilómetros, a fin de atacar al ejército contrarrevolucionario en su santuario.

En esa ocasión el encuentro de dos aviones y los misiles que cargaban los “lanzacoheteros” de los BLI no pasó a más, pese a que los F-5 incursionaron en el espacio aéreo nicaragüense en el sector del cerro “La Coneja”, en San Andrés de Bocay, desde donde dispararon varios misiles en contra de las tropas que retornaban a nuestro país.

Los F-5 fueron sacados poco después de la destrucción en tierra de un helicóptero de los Estados Unidos que estaba en el denominado “Campamento Estratégico” de los Contras, lo que motivó una llamada del Departamento de Estados de los Estados Unidos al entonces jefe del Ejército Popular Sandinista, Humberto Ortega, amenazando con una invasión inminente si no retiraba sus tropa de Honduras.

Fue por esa razón que no se produjo el asalto final al “Estratégico”. Los de los BLI no hicieron intentos de derribar los F-5, pese a que pudieron bajarlos mientras atacaban, cuando son más vulnerables, pero la orden era salir del país vecino lo más rápido posible.

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