Ansiedad versus dieta
La ansiedad forma parte de la condición humana y sirve para afrontar situaciones de peligro o riesgo. Sin embargo, cuando es demasiado intensa, se convierte en una fuente de sufrimiento que es necesario controlar. Si esta comienza a tomar más protagonismo en nuestras vidas puede provocar sentimientos de angustia, desesperanza y de vacío interno.
Muchas veces este estado emocional se transforma en miedo, desasosiego y preocupación y en la mayoría de los casos la fuente de estos síntomas no siempre se conoce. La ansiedad se puede concebir como un trastorno que empieza afectando a la mente y que también puede tener repercusión física sobre diversos órganos del cuerpo, pudiendo llegar a producir: taquicardia, dolor estomacal, cefalea, diarreas, obesidad, etc.
Hay muchos factores que contribuyen a agravar esta situación, como por ejemplo, dietas desequilibradas en las que se produce una ingesta insuficiente de hidratos de carbono, vitaminas, sales minerales y nutrientes, todos ellos necesarios para el buen funcionamiento del sistema nervioso. Horarios desordenados de comidas, si sólo se realizan 2 o 3 comidas al día y muy distanciadas entre ellas. También contribuyen a este mal, el consumo habitual de bebidas alcohólicas, tabaco, estimulantes y por sobre todo la falta de descanso.
La ansiedad nos desequilibra física, mental y emocionalmente, influyendo directamente sobre nuestra alimentación diaria provocando variantes negativas en la dieta.
Te vamos a sugerir algunas pautas para que esto no suceda y puedas modificar tu comportamiento alimenticio en caso de ansiedad. Lo más importante es poder distinguir entre la sensación de hambre y la de ansiedad.
Después, a pesar de todo, debes respetar los horarios de comida sin saltearte ninguna. Lo más conveniente es retrasar el acto de comer unos minutos a partir del momento en el que se experimentan las primeras sensaciones de hambre.
Debes tomarte el tiempo y comer sentado en la mesa, de forma tranquila y ordenada, evitando mezclar platos. Debes retirar rápidamente la fuente luego de servirte así como también el plato de la mesa al finalizar la comida, ya que por lo general volvemos a picar un poco después de acabar de comer.
Por favor, no debes comer lo que sobra, dejá algo en el plato, no te presiones por verlo vacío. Hacé un espacio para planificar los menús de la semana, el día o el mes, así ganarás tiempo para prepararlos adecuadamente en cada ocasión.
Evitá retrasar demasiado la sensación de hambre de manera tal que no compres nada o no cocines nada cuando estés pasando por esta situación.
Por último, realiza actividades placenteras, cuando te sientas ansioso por comer. Debes aprender a relajarte para evitar tensiones que creen ansiedad y que por lo tanto, luego conduzcan a la sobreingesta de alimentos.
Fuente: Noticias Hippie-Chic