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Definidos por la posición, en el tren de la vida

Diana Benavides.

¿Observo que estás placenteramente sentado ahí? ¿Qué esperas? ¿Acaso esperas por el viento que sople a tu favor para proceder con tu vida? Tal vez, estás tratando de guiarte por lo seguro, ya veo…

¡Hoy es un día maravilloso! Mira, mira al avión que se pierde entre las nubes, de seguro tuvo que ir en contra de la corriente del viento para despegar y alcanzar el cielo. Mira, mira a los niños jugando con el cometa, el cometa se eleva lo más alto cuando se desplaza en contra de la corriente del viento, no con el viento. No te limites haciendo la vida más fácil para ti, no es solamente por lo que haces que eres responsable, sino también por lo que no haces en esta vida.

¡Levántate! Ven conmigo, tomaremos el tren de la vida, donde puedes hacer decisiones sobre tu vida. En el tren de la vida está la primera, segunda, tercera clase y una categoría que carece de clase, donde ubicarte y pertenecer, la decisión es siempre tuya.

Nunca te disculpes por viajar en primera clase en la vida, pues tienes todo el derecho de disfrutar del confort de la vida como recompensa de tu trabajo arduo o por herencia a lo que te corresponde. Si decides o te corresponde viajar en primera clase, no permitas que tu abundancia y tus querencias arruinen tu espíritu al final de tu viaje.

Pueda ser que tengas la tendencia de hacerte y creerte grande, pero no lo hagas, pues no hay necesidad, no eres tan pequeño. Así mismo, puede ser que te hinches de orgullo para disfrazar tus culpas, pero al final del día solo tú tienes que convivir contigo mismo. Pero sobre todo no ignores el dolor y sufrimiento de otros, mientras tú viajas cómodamente en el tren de la vida.

En el tren de la vida, la segunda clase es el lugar donde los resentimientos, la envidia, los celos y la avaricia pueden arruinar tu vida mientras codicias y haces daño a aquellos que viajan en primera clase. Debes tener presente que humillándote ante aquellos de los cuales necesitas no te hace humilde, te hace servil.

La verdadera humildad es aquella que cuando en el poder, decides no usarlo, ni abusarlo. Sonriendo con hipocresía a aquellos que están por encima de ti, no te hace una buena persona. Lo que te hace una mejor persona es cuando habiendo recibido daño, dejas la justicia en manos divinas.

La segunda clase, es la clase más peligrosa a la cual pertenecer, porque está definida por tus bienes o por la inferioridad de tu propia mente. Y la única manera de romper con este ciclo, es por medio de tu actitud, la cual determina tu altitud en la vida. La ironía de la segunda clase es clamar por misericordia, cuando no eres capaz de extenderla a aquellos menos afortunados que tu.

En el tren de la vida, la tercera clase es el lugar donde muchos han sido olvidados por el hombre. Este es un lugar donde el mañana puede parecer lejano para el desamparado y desesperanzado; y donde el hoy puede ser demasiado tarde para el hambriento, desnudo, enfermo y oprimido. Y donde el ayer es una eternidad de dolor y lamento para la segunda clase, si tan solo cada persona del tren de la vida hiciera una diferencia por los de esta clase, el mundo despertará a una mañana gloriosa, ¡nunca antes vista por el hombre!

Sé que te preguntas sobre esa categoría en el tren de la vida que carece de clase, este es un lugar que no promete resultados ni seguridad alguna, mucho menos lujos. Algunos de nosotros elijen vivir al filo del tren de la vida, inspirados por una noble causa.

De igual manera, algunos de nosotros optan por vivir un minuto de gloria sobre sus pies; que vivir años de una vida vana y superficial sobre sus rodillas. Puede ser que tengas que acomodarte en el techo del tren de la vida, donde los rayos del sol consumen tus fuerzas y te roban el aliento; o la brisa fría del viento paraliza tu mente.

Y tengas que atravesar valles de sombra y de muerte, o junglas de bestias hambrientas para conquistar tu medio ambiente y lograr maestría sobre tus miedos. Tus movimientos son definidos por tu espíritu de valentía y determinados por tu claro entendimiento del propósito de tu vida, por lo que es preciso que creas en Dios y fortalezcas tu sistema de creencias para apoyar tus estrategias en la vida. El primer principio de la sabiduría es temer a la justicia divina en todo lo que haces o dejas de hacer, este es el principio de todo conocimiento y entendimiento.

En el tren de la vida, esta categoría no es lugar para cobardes, no debes temerle al repentino terror de la maldad cuando esta acecha, porque tu Dios será tu refugio y tu escudo. La sabiduría será tu arma para asegurarte que tus percepciones sean las correctas; por ende, debes aprender que la vista es débil y tu estrategia consiste en proyectar sueños lejanos de cerca y realidades inmediatas como lejanas.

Me encantaría que todos alcanzáramos en el techo del tren de la vida, pero el tiempo y el espacio son limitados en esta vida. Los estragos y desafíos son muchos, mucho más que en cualquier otra clase en el tren de la vida. Contrario a la primera, segunda, y tercera clase, en la categoría que carece de clase el tercer ojo de la conciencia del hombre se encuentra activado; haciéndolo aún más difícil el ser testigo de la resistencia del necio, espiritualmente ciego, y aquellos incapaces de descubrir que la única forma de redirigir el destino y remover las barreras de las clases es iniciando el viaje más maravillosos de todos, el interno, con conciencia definiendo nuestra posición en el tren de la vida.

Este escrito es propiedad y derechos reservados de su autora, Diana Benavides.

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