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“No se orine, usted no es perro”

Mensaje en una pared de San Marcos, Carazo.

* Una mala costumbre de la que no hay visos vaya a ser corregida por nuestras autoridades

Cuando uno llega temprano al mercado Roberto Huembes, la primera sensación que siente es de náuseas por el repugnante y penetrante tufo a orines.

Los culpables de tan asquerosa acción son hombres -y algunas mujeres-, con vejigas acicateadas por torrentes de cerveza que han ingerido en noches –y tardes muchas veces- en los bares y cantinas que abundan por el sector y que se supone deberían tener sitios adecuados para que sus clientes evacuen esas urgencias.

No solo es el “Huembes” el único mercado que hiede por sus cuatro costados, obligando a los dueños de tramos a utilizar grandes cantidades de sustancias químicas para desodorizar, que a la postre resultan tóxicas para los seres humanos porque envenenan la tierra y el ambiente.

Como si portaran licencia

No son pocos los que van orinándose en el primer lugar que encuentran, sin importarles muchas veces ser vistos por las demás personas. Es como que tuvieran licencia para sacar, disparar y sacudir. Sin ningún sonrojo. Como si estuvieran en el retrete de su casa.

En su defensa, los meones pueden alegar que, a diferencia de otros países, en Nicaragua no existen servicios higiénicos públicos para saciar la a veces repentina acometida de un imparable chorro.

Pero ocurre que en países donde hay meaderos también existen jóvenes que reivindican el miccionar en público como un derecho ganado por las nuevas generaciones. Bebo, luego orino, parece ser la filosofía de los borrachines de nuevo cuño, aunque hay que reconocer que siempre hubo patancitos de la misma calaña.

Exhibicionismo

Los más osados –y vulgares- se arriman a paredes e incluso puertas para rociar su pestífera carga sin ninguna compasión por los dueños de la ajena casa. En la propia nunca lo harían ni permitirían que otro lo hiciera.

En muchas ciudades del mundo han estipulado multas para los jayanes que echan mano de la bragueta en donde les agarra la gana, pero en Nicaragua, pese a que mostrar el órgano sexual en público está tipificado como “exhibicionismo” en el Código Penal, pocas veces se hace uso de las leyes para sancionar a quienes han hecho de esto una costumbre ligada a los tragos.

Estamos claros de que el sujeto que hace pis sin ningún recato, es un exhibicionista que generalmente incurre además en acoso verbal hacia las mujeres que pasan cerca de él.

Hubo una redada

Hasta donde recordamos, una sola vez, hace varios años, las autoridades de uno de los Distritos de Managua realizaron una redada de meones, 38 de los cuales terminaron con su portañuela todavía húmeda más que humeante, tras las rejas.

Pero solo fue por darles el susto, ya que el objetivo era sentar un precedente profiláctico en contra de los alcohólicos que deciden hacer de las ciudades una inmensa bacinilla.

Rótulo en San Marcos

Quizás la falta de acción de las autoridades ante un delito que por rutinario se volvió intrascendente, provocó que un ciudadano de San Marcos, Carazo, colocara un rótulo en una de las paredes de su casa, conminando a los borrachines: “No se orine, usted no es perro”.

El mensaje alude al comportamiento cánido de levantar la pata al orinar, propio de los machos, a fin de marcar territorio y en busca de “borrar” la huella hormonal de posibles rivales que hayan pasado por lo que considera su espacio propio.

En 2008 hubo la aprobación de penas para las personas que orinan en sitios públicos, sin embargo, no hemos conocido que hayan aplicado la ley a alguien.

Una ley poco clara

En el Código Penal no hay mención específica a la acción de mear donde no es debido como delito, por lo que se entiende que la disposición punitiva quedó contenida en el Capítulo III Actos Escandalosos en Forma Pública, que el art0. 540, relativo al Exhibicionismo, señala:

Art. 540 Exhibicionismo: “Quien se muestre desnudo o exhiba sus órganos genitales en lugares públicos, será sancionado de diez a treinta días multa, o trabajo en beneficio de la comunidad de diez a treinta jornadas de dos horas diarias”.

La pueden enredar

Es decir, que si el meón trabaja, le deberían poner entre 10 y los 30 días de salario que gana y si es desempleado, tendría que realizar trabajos en beneficio de la comunidad de diez a treinta jornadas de dos horas diarias.

Pero por la forma en que fue redactado el artículo 540, es obvio que los meones exhibicionistas tendrán muchas oportunidades para eludir la ley, alegando por ejemplo, que nadie los miró, que cuidaron de tapar el órgano genital y que el resto, es decir, la acción de rociar con orina los sitios que se les antojen, no está reglamentada ni penada

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