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Nicaragua, un litigio sin fin

Mauricio Jaramillo Jassir.

Mauricio Jaramillo Jassir (*)

El anuncio nicaragüense de buscar una extensión más prolongada de su mar territorial luego del polémico fallo, demuestra no sólo que la decisión de la CIJ de noviembre del año pasado es el inicio y no la conclusión del litigio, sino que Colombia perdió tiempo valioso para solucionar el tema desde hace varios meses.

Las afirmaciones de Carlos Argüello se explican por una posibilidad que surge luego de que la Corte no descartara del todo que Nicaragua tuviese derechos sobre la totalidad de la plataforma continental, lo que le significaría mayor extensión de su mar. La ambigüedad de Colombia con respecto al fallo ha contribuido a que el vecino busque de nuevo obtener por la vía jurídica lo que el gobierno colombiano se niega a reconocer.

Lo que es peor, en las últimas semanas en diversos sectores políticos ha circulado el rumor promovido por Noemí Sanín, basado en que detrás del citado fallo habría intereses económicos de China para favorecer a Nicaragua. Concretamente, por el voto de la jueza china Hue Hanqing. Tratándose de una excanciller, es una acusación muy grave, que pone de manifiesto el provincianismo con el que en Colombia se asume la realidad legal internacional. Simplismo que hace carrera en la clase política colombiana con consecuencias nefastas para el país. Ojalá las infundadas denuncias no afecten las relaciones con Beijing. Afortunadamente se trata de un tal desatino, que es probable que sea asumido con hilaridad por el Partido Comunista Chino.

Esos mismos sectores que dan crédito a esa versión, insistieron en que Colombia buscara con el secretario general de la ONU una revisión del fallo. Algo jurídicamente imposible y políticamente inviable. A su vez, han apoyado que el país siga invirtiendo dinero en abogados para modificar el fallo, lo que resume la impotencia e ignorancia frente al fallo. Paralelamente, la postura actual nicaragüense también demuestra que con la denuncia del Pacto de Bogotá, Colombia no está blindada frente a nuevas confrontaciones legales con Nicaragua.

Entretanto, se sigue perdiendo tiempo precioso para negociar directamente con Managua un régimen de explotación común como el que ya existe con Jamaica, y que ponga fin a la confrontación de una vez por todas. El problema para que eso se concrete estriba en lo siguiente: sectores colombianos como el que representa la excanciller Sanín, ven en Nicaragua un vecino de condición inferior con el que no se puede negociar, desconociendo que el país ha defendido la igualdad de las naciones en el concierto internacional y ha privilegiado el respeto irrestricto por el derecho como derrotero de política exterior. Con estos desatinos, se contribuye a que las posibilidades colombianas en el Gran Caribe se esfumen.

( *)Profesor U. del Rosario.
Fuente: El Espectador.

 

 

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