¿Reagan nos libró de las maras?
* Es lo que plantea un investigador norteamericano sobre la razón de que no haya en Nicaragua la violencia pandilleril que existe en naciones vecinas
Nicaragua es el muro de contención de las pandillas a fin de evitar su avance hacia el sur de América Latina, plantea la BBC en un artículo del periodista Juan Carlos Pérez Salazar, corresponsal en México y Centroamérica.
Esa información no es nueva, como sí lo es el hecho de que se plantee que en nuestro país no existen las violentas maras de Guatemala, Honduras y El Salvador, debido al buen trato que Estados Unidos dispensó a los migrantes nicaragüenses que llegaron por miles en los años 80.
En otras palabras, tendríamos que agradecer a Ronald Reagan por el trato que dispensó a quienes huyeron de la revolución sandinista en el poder. Los nicas fueron bienvenidos, mientras que a los de El Salvador y Honduras los consideraron indeseables.
Bush ordenó masiva deportación
La génesis de las maras la ubican en los años 90, cuando George Bush padre, entonces presidente de EE.UU., autorizó la deportación de cientos de jóvenes de origen centroamericano que se encontraban en las cárceles estadounidenses.
La razón por la que los inmigrantes de Nicaragua fueron bien recibidos aunque llegaran indocumentados fue puramente política, ya que los sandinistas eran enemigos de Estados Unidos y Reagan apoyaba a los Contras.
Los que de ser tratados mal serían actualmente nuestros pandilleros de mayor edad, eran vistos en los años 80 como personas que escapaban del régimen y por eso recibían asilo político. Igual que los cubanos. Es al menos la tesis del periodista e investigador Steven Dudley, uno de los directores del sitio de internet InSight.
Cifras apabullantes
Aunque las deportaciones de centroamericanos empezaron en los 90, continuaron con fuerza durante la década de 2000.
En su artículo Gangs, deportation and violence in Central America, Dudley revela que «entre 2001 y 2010 Estados Unidos deportó a 129.726 criminales convictos a Centroamérica, más del 90% al ‘Triángulo del Norte’. Sólo Honduras -un país con población similar a la de Haití- recibió 44.042 deportados en ese período».
«Las cifras son apabullantes» dice Dudley a BBC Mundo. «Casi cualquier país habría hallado difícil lidiar con esas cantidades. Además, la información que debería pasarse entre gobiernos cuando ocurre una deportación de criminales, no se intercambió».
Resultado: los gobiernos centroamericanos quedaron con un número enorme de criminales en sus manos y sin ninguna información sobre sus expedientes, ni siquiera a qué pandilla pertenecían.
100 mil pandilleros
Las maras se extendieron por Guatemala, El Salvador y Honduras, donde se estima que tienen unos 100 mil pandilleros, más que todos los ejércitos del Istmo juntos. También han llegado al sur de México.
Y acompañando su paso, en los países centroamericanos se dispararon los índices de criminalidad, encabezados por el asesinato. En 2012, los dos países con mayor tasa de homicidios a nivel mundial fueron Honduras y El Salvador. Y la ciudad hondureña de San Pedro Sula es considerada la más peligrosa del planeta.
Sin embargo, a medida que las maras seguían su irresistible marcha hacia el sur, un fenómeno interesante apareció: por el momento no han podido avanzar más allá de Honduras.
¿No pasarán?
Y el motivo tiene nombre propio y ubicación geográfica: Nicaragua, señala el periodista de la BBC.
Esto se detectó hace ya varios años. En 2008, durante una reunión de directores de migración de Centroamérica, el de Costa Rica, Mario Zamora, dijo:
«Nicaragua se ha convertido en una especie de escudo inexpugnable para las maras. Hay que analizar qué es lo que está detrás de ese fenómeno, el que Nicaragua sea una barrera de las maras. Gracias a ellos no nos han llegado a Costa Rica».
Componente social
Francisco Bautista Lara -uno de los fundadores de la Policía en la Nicaragua, está de acuerdo en que el tratamiento diferente a sus compatriotas por parte de EE.UU. contribuyó a que las maras no encontraran terreno abonado en su país.
Pero cree hay algo igual -o más- importante: los cambios sociales e institucionales generados en Nicaragua después de la revolución de 1979 que llevó al poder a los sandinistas.
«Si Nicaragua tiene niveles de desarrollo humano y de fragilidad institucional parecidos a los del norte de Centroamérica y también tuvo un conflicto armado, ¿por qué sus cifras delictivas se parecen más a las del sur?».
Fraternidad interpersonal
La razón, repite a BBC Mundo, está en que «la revolución creó instituciones distintas a las que continuaron existiendo en los países vecinos».
Agrega que también hay factores culturales: «Yo diría que Nicaragua y sus ciudades son grandes pueblos, donde todo mundo se conoce y la confianza interpersonal no se ha perdido, como sí sucedió en otros países de la región. Al contrario, la revolución del 79 fortaleció mecanismos de participación».
