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“El Palidejo” fue una de las bisagras del paso de droga por Nicaragua

Jorge Ulloa Sebrián, alias "El Repollo".

* El capo costarricense detenido en Guatemala, se jactaba ante sus cómplices del crimen organizado de sus contactos con autoridades de nuestro país

Desde que Jorge Ulloa Sibrián, alias «El Repollo» fue capturado en marzo del presente año, las autoridades salvadoreñas adelantaron que su arresto pondría en evidencia muchos de los nexos de este narcotraficante cuscatleco que de ser abastecedor de frutas y verduras, se convirtió en capo centroamericano del crimen organizado.

Este miércoles, el diario digital El Faro, de El Salvador, publica un extenso reportaje sobre las primeras investigaciones sobre “El Repollo” y efectivamente empiezan a cumplirse las predicciones. Hay varios nicaragüenses involucrados en la extensa red de Ulloa Sibrián, un par de ellos detenidos en Costa Rica.

“El Repollo” llegó incluso a trabajar en 2009 con “Tony”, seudónimo que utilizó ante él Alejandro Jiménez, alias “El Palidejo”, quien fue contactado por policías y empresarios aliados del narcotráfico en Costa Rica, que vieron deteriorada su anterior relación con el colombiano Libardo Parra- un exguerrillero de la organización M-19 que repartía dinero a manos llenas a sus aliados.

“Tony” o “El Palidejo” era un hombre que se jactaba de ser un peso pesado en el mundo del narcotráfico porque tenía grandes amistades con altos militares, policías y políticos en Nicaragua, según escribió en su confesión el expolicía Kalter Cortés, el 1 de abril de 2012.

Cortés, alias “Macho”, es un nicaragüense del sector fronterizo que en 1999 logró ingresar a la Policía de Costa Rica, puesto que aprovechó para llegar a ser pieza importante del grupo de “El Repollo”.

En 2009, el nombre de Alejandro Jiménez era desconocido y la opinión pública supo de su existencia hasta después del 9 de julio de 2011, el día en que fue asesinado en la ciudad de Guatemala el trovador argentino Facundo Cabral.

Efren Lemus, periodista de El Faro, señala que en 2009 “El Palidejo” se movía libremente por Centroamérica, porque aún no cargaba sobre sus espaldas la acusación de ser el autor intelectual del atentado en el que murió Cabral y que estaba dirigido contra uno de sus antiguos socios, quien quiso arrebatarle algunos negocios del tráfico de drogas: el empresario nicaragüense Henry Fariñas, quien era el anfitrión y patrocinador del concierto que Cabral recién había dado en Guatemala.

El Palidejo usaba una falsa cédula nicaragüense y alquilaba una casa en Managua que tiene piscina y un amplio garaje donde hay varios carros con compartimentos ocultos para transportar cocaína; entre ellos un Toyota Hilux, de cabina sencilla.

El Palidejo le propuso a Allan Álvarez Roca, “El Negro”, un empresario de transporte y cultivo de naranjas en el sector fronterizo, que se encargara de pasar los cargamentos por Liberia, en Costa Rica, y una vez dentro de territorio nicaragüense, él se encargaría de transportarla hasta Managua, donde la esconderían en unos furgones para luego llevarla hacia Honduras, saliendo por el municipio de Jalapa, al norte de Nicaragua. Ese pacto, empero, no cortó los vasos comunicantes con El Salvador. Al contrario, los hombres que trabajaban para El Negro siguieron laborando como los principales agentes de El Repollo en Costa Rica.

Tanto El Palidejo como El Repollo fueron clientes de los mismos corruptos. El testigo clave de la Fiscalía salvadoreña relata, por ejemplo, que El Macho, aquel policía que aceptaba sobornos por facilitar el paso de cargamentos desde Costa Rica hasta Nicaragua, usó un pick up Hyundai Porter, color azul, para mover un alijo. Esa operación fue un fracaso. Los 78 kilogramos de cocaína fueron decomisados y uno de los hombres de la organización, El Borracho, capturado.

El Macho ha confesado que su organización fue pieza de un mismo rompecabezas. Durante unos siete meses, hasta julio de 2009, el grupo de narcos que dirigía El Negro era la bisagra que abría la puerta para pasar la cocaína desde Costa Rica hasta Nicaragua. Ambos fueron clientes de los mismos corruptos, hasta que un día El Palidejo creyó que era el momento de buscar un nuevo aliado porque necesitaba pasar más toneladas de cocaína.

El Palidejo ya no se menciona más en la confesión judicial que rindió El Negro ante el Tribunal de Casación de Guanacaste, en Costa Rica. El Negro, por su parte, buscó un nuevo contacto para traficar cocaína y lo encontró en Alexander Leudo Nieves, un colombiano que terminó detenido en la cárcel de San Sebastián, en Costa Rica, en el año 2011. La confesión del expolicía termina con esta frase: “Si la verdad no es toda, lo demás yo no lo sé. Juzgue usted…”

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