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Mi legado de amor, ¡Oh! mis hijos…

Diana Benavides.

En el camino de la vida se presentan imprevistos desvíos y atajos; algunas veces la vida no ofrece una segunda oportunidad, lo siento que fallé en convertirme en su madre en esta vida. Mas no dudaría ni un solo momento en ejercer el milagro como portadora de vida; aunque me costara mi propia vida, gustosamente se las ofrecería. Pues mi vientre bendecido sería, con tan solo la ilusión de sostenerles en mis brazos.

Silenciosamente, la música de mi corazón hace que de mis ojos las lágrimas broten; sueño con tener un momento con ustedes en el que les pueda preparar para esta vida, me gustaría saber que hice una diferencia en sus vidas.

¡Oh! mis hijos, en la vida hay aguas profundas de dolor y desesperación; confíen en Dios y recuerden sus enseñanzas para estar a salvo, es mi obligación llevar sus vidas sin huellas a la sabiduría. Porque es en la sabiduría que las llaves de este mundo se esconden y se encuentran. ¡Levántense! No importa cuántas veces caigan, en su determinación de lograrlo obtendrán el éxito.

Vivan la vida con pasión, es el vehículo del coraje y de la valentía; aliméntense del buen conocimiento, los conducirá más cerca a su Ser mayor, y entonces serán hombres y mujeres de ideales y de gran compasión. Escuchen a su voz interior que los guiará entre el bien y el mal; confíen en sí mismos, aunque el mundo les dé la espalda y los traicione, de esta manera tendrán la armadura necesaria para caminar entre la obscuridad, tocar vidas, y aun así, conservar sus virtudes.

Descubran y obtengan excelencia sobre los dones y talentos que el Altísimo les ha confiado; poniéndolos al servicio de la humanidad como instrumentos divinos, su fe y sus convicciones serán su escudo y la espada que cuidarán de ustedes en todo momento y lugar. El peligro, la desdicha y la injusticia acechan y desafían al mundo; no sean partícipes de los mismos. No contribuyan a la pobreza, esclavitud, ni a la guerra, pues aunque posean abundancia, no sean indiferentes al dolor a su alrededor.

¡Oh! mis hijos, la vida es una ecuación matemática de acciones, querencias y obras. Por lo que es preciso que sean los gobernadores de sus cuerpos, ya maestro de sus almas el Creador es. Por seguro en la palabra de Dios encontrarán las pistas necesarias para el mapa de la vida; así que vivan, aprendan y crezcan de toda experiencia, este es su tiempo de probación para la vida eterna.

El constante arrepentimiento y esfuerzo por sobrepasar sus debilidades y culpas les mostrará la luz y el camino a seguir, y ya que en la vida no se trata de ganar, ni en el destino final…la preparación a lo largo de la jornada les equipara para saber llegar y honrar su propósito de vida. Y cuando sus cuerpos no sientan más el calor de los rayos del sol…será tiempo de partir y marchar hacia la luz.

¡Oh! mis hijos, puede ser que nunca los sostenga en mis brazos, que nunca sea fuente de vida para ustedes, les pido perdón. Este es mi legado de amor, ¡Oh! mis hijos, mami los ama…

Este escrito es propiedad y derechos reservados de su autora, Diana Benavides.

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