Peggy, ¡no fui yo!
Tony Raful
Listín Diario
* A propósito de una conferencia magistral en Managua
El escenario estaba montado en Managua, Nicaragua. Era la XXII Conferencia Centroamericana y del Caribe de Partidos Políticos, organizada por el Parlamento Centroamericano. El tema central lo era: “El rol de los partidos políticos y los nuevos instrumentos de integración en América Latina”. Líderes y dirigentes de las organizaciones políticas no solamente de Centroamérica y el Caribe, sino del continente, se dieron cita los días martes 27 y miércoles 28, en medio de un sentimiento de solidaridad e identidad democrática de la lucha de los pueblos.
Las tres conferencias magistrales, estuvieron a cargo del Lic. Orlando Solórzano, ministro de Fomento, Economía y Comercio de la República de Nicaragua, quien abordó el rol de los partidos y los nuevos instrumentos de integración, de Valdrack Jaenthshke, viceministro de Relaciones Exteriores de Nicaragua, quien trató la importancia de los nuevos instrumentos de integración, y del Dr. Aldo Díaz Lacayo, Politólogo e historiador quien nos habló de la CELAC (Comunicad de Estados Latinoamericanos y del Caribe), y su impacto en el entorno latinoamericano.
Este último tema motivó un inusitado interés por las controversias generadas con la creación de la CELAC, en relación con la Organización de Estados Americanos (OEA), ya que se trata de un intento por crear un organismo hemisférico exclusivamente de países latinoamericanos y del Caribe, prescindiendo de la participación de los Estados Unidos, y que además valida la inclusión de Cuba, quien preside en estos momentos dicho organismo, lo cual crea en la práctica funciones paralelas que disminuyen la eficacia de la OEA como institución representativa de los estados latinoamericanos. El magno evento fue clausurado por el presidente de Nicaragua, comandante Daniel Ortega.
El profesor Aldo Díaz Lacayo, sustentó toda su exposición en datos históricos que preceden al proceso actual que ha dado origen al nacimiento de la CELAC, haciendo un recorrido social y político desde las luchas por la Independencia y la figura egregia de Bolívar. El expositor basó todas sus apreciaciones históricas sobre la base de la teoría del azar en la historia. Le atribuyó al azar histórico la fuerza decisoria e interviniente en los procesos políticos vividos por América Latina y el Caribe. Nos habló de la fuerza del azar, de lo imprevisto, de lo aleatorio como actor inesperado en los desenlaces de las confrontaciones políticas.
Recalcó la teoría del azar sin dejar de mencionar las fuerzas sociales y económicas que gravitaron sobre los acontecimientos, introdujo de manera apasionante el escalpelo de la crítica metodológica en la accidentada historia del continente. Nos dijo en lenguaje elocuente y de brillantez indudable, que no hubo un solo hecho histórico en la independencia americana que no hubiese sido trillado por el azar.
Por encima de la voluntad consciente de los hombres, accionando espacios determinantes, asociándose a las causas materiales, el azar fue construyendo nuevas realidades no previstas por el ojo científico de la determinación histórica. Díaz Lacayo, viene de las luchas democráticas nicaragüenses y es militante de ideas progresistas e integracionistas, planteando que la integración cacareada no tiene sentido si no va acompañada de la unidad política de los estados.
Su tesis central es la unidad política como condición primaria para materializar la unidad económica y promover la integración de los pueblos. Dijo en tono enfático que la unidad política significa identificación de interés comunes asentados en la solidaridad continental, valoración de ideas, visión del mercado con sentido social, discurso de un liderazgo político definidor de objetivos sociales de reformas y continuación del pensamiento bolivariano en los nuevos contextos históricos.
Mientras el profesor Díaz Lacayo hablaba sobre el azar, la compañera, Peggy Cabral viuda Peña Gómez se me acercó y me dijo al oído: “Dime que no fuiste tú quien contrató al expositor para que viniera a hablar del azar en la historia”. Sólo atiné a decirle, “no, no Peggy, ¡no fui yo!”.
