Crustáceo con tóxico de “culebra cascabel”
* Habita en Centroamérica y México y es el primero venenoso de las 70 mil especies existentes
Jennifer Holland
NatGeo Society
No más grande que el dedo meñique y completamente ciega, la Speleonectes tulumensis aún así es una peligrosa criaturita de mar que habita en cuevas. Y ahora es la primera de las aproximadamente 70.000 especies de crustáceos en ser confirmada como venenosa.
Tal como se informa en la revista Biología y Evolución Molecular, el S. tulumensis despliega un desagradable cóctel químico que incluye una neurotoxina paralizante y enzimas que rápidamente descomponen la carne en una lechada digerible.
En resumen, convierte en malteadas a sus presas: camarones y peces chicos.
El S. tulumensis es un crustáceo ondulado y blanco, largo y de muchas patas como un ciempiés, y es el más grande de su grupo, los remipedes.
Según lo reportado por los biólogos Björn von Reumont y Ronald Jenner, ambos del Museo de Historia Natural de Londres, y colegas de Alemania y México, las especies venenosas (como las arañas, los escorpiones, las hormigas, las abejas y los ciempiés) son comunes en tres de los cuatro grupos principales de artrópodos, pera hasta ahora los crustáceos parecían estar libres de veneno.
Choque Tóxico
Cuando el S. tulumensis fue descrito por primera vez en 1987 (el grupo remipede había sido descubierto en 1979), sus colmillos en forma de agujas sugerían que podrían estar equipados para inyectar veneno. Otra posible pista: los científicos informaron haber visto remipedes en estado salvaje descartando cáscaras de camarones vacías, presumiblemente luego de haberse dado un banquete con sus tripas. Pero nadie sabía con certeza que estuvieran usando veneno.
Tiene sentido que hayan evolucionado esta estrategia de sobrevivencia, dice von Reumont. A diferencia de, digamos, un camarón mantis que utiliza su tamaño y fuerza bruta para capturar su comida, “los remipedes son pequeños, frágiles y viven en oscuros sistemas de cuevas debajo del agua. Así que necesitan un buen truco eficiente para atrapar, y luego no perder, a su presa”.
El veneno es el truco que la evolución proporcionó. Y no cualquier veneno. “Nuestro estudio molecular reveló un veneno sorprendentemente muy adaptado con una composición compleja y un aparato de administración altamente desarrollado”, dice Von Reumont. En otras palabras, tanto la saliva tóxica del animal como sus partes para morder son impresionantes.
Misteriosamente, la receta del veneno de este remipede se parece más a la de las serpientes de cascabel que a la de artrópodos más estrechamente emparentados; un gran ejemplo de convergencia (cuando surge un rasgo independientemente en animales no emparentados).
Un hallazgo final sorprendente: su neurotoxina es exclusiva del S. tulumensis. “Es el ingrediente que abruma instantáneamente a la presa”, comenta Von Reumont, lo que es clave para impedir que un depredador ciego pase hambre.
Cuestión arriesgada
No es fácil estudiar a los remipedes en la naturaleza; habitan en redes laberínticas de cuevas marinas en México y Centroamérica donde hasta los buzos experimentados lo piensan dos veces antes de adentrarse.
Bucear en cuevas en busca de crustáceos no es para cualquiera, reconoce Von Reumont. “Es un entrenamiento bastante duro, y necesita estar mental y físicamente estable, y no debería estresarse fácilmente”, señala.
“Ah, y no debe temer a la oscuridad o a bucear sin máscara y aletas”, precisa. Debido al espacio reducido de los túneles de las cuevas, no todos pueden tener su propio tanque de oxígeno. “Hay que respirar aire compartido con tu compañero mientras buceas a ciegas (¡como un remipede!) a lo largo de la cuerda guía hacia la salida de la cueva”, explica.
Parece una locura
Pero vale la pena, aparentemente. Ahora, Von Reumont y sus colegas pueden contar a sus amigos que no tres, sino todos los cuatro grupos de artrópodos tienen miembros venenosos. Y para los biólogos, esa es una gran noticia escondida en un paquete muy pequeño y mortal.
