Impactante porcentaje de mujeres presas por droga
* Nicaragua está a la cabeza en la proporción de detenidas por narcotráfico e informe señala que han fallado los inadecuados sistemas judiciales en América Latina
Con un 89 por ciento, Nicaragua, encabeza en la región la proporción de mujeres encarceladas por delitos de drogas desde 1980, según el informe «Mujeres, delitos de drogas y sistemas penitenciarios en América Latina».
Una nota de Charles Parkinson, de InSight Crime, señala que los inadecuados sistemas judiciales les están fallando a las mujeres condenadas por narcotráfico en Latinoamérica, según el reporte de la organización no gubernamental líder en política de drogas.
El informe, publicado por el Consorcio Internacional sobre Políticas de Drogas (IDPC), hace un llamado a la implementación de estrategias internacionales y locales para abordar tanto las condiciones de detención como las causas de la participación de las mujeres en el narcotráfico.
Sorprendente crecimiento
Describe además cómo las actitudes arraigadas hacia el género y la continua marginación de las mujeres, han contribuido al crecimiento significativo de la población carcelaria femenina -en particular por delitos de drogas- desde 1980.
Como destaca el informe, aunque las mujeres en promedio sólo representan el cinco por ciento de la población carcelaria en Centroamérica y el seis por ciento en Suramérica, la cifra ha crecido a un ritmo mucho más rápido que la población carcelaria masculina en las últimas décadas.
La proporción de mujeres reclusas encarceladas por delitos de drogas también es sorprendente. En Ecuador, del 75 al 80 por ciento de las reclusas son encarceladas por delitos de drogas, frente a un 18,5 por ciento en 1983.
Hay que hacer algo
En otras partes de la región predominan los cargos por narcotráfico; con un 60 por ciento en Brasil; un 70 por ciento en Argentina y Venezuela; y un 89 por ciento en Nicaragua, entre las mayores proporciones de mujeres encarceladas por delitos relacionados con las drogas.
Cabe destacar que en México, del 30 al 60 por ciento están encarceladas por cargos de drogas, una cifra que se eleva a entre un 75 y 80 por ciento en la región fronteriza de Estados Unidos, una zona clave para el narcotráfico.
Según el informe, la evolución del papel social y familiar de las mujeres en Latinoamérica ha contribuido a su mayor participación en el tráfico de drogas, pero no se han dado políticas de drogas y reformas carcelarias para abordar estas nuevas condiciones.
Únicas proveedoras
Con un creciente número de familias con una sola cabeza de familia, las mujeres están adoptando cada vez más el papel de único proveedor, no sólo para sus hijos sino también a menudo para los parientes ancianos. Como dice el informe, «muchas de ellas [las mujeres prisioneras en Latinoamérica] son madres solteras que entran al negocio de las drogas solamente para poder alimentar a sus hijas e hijos».
Junto a este cambio, la «feminización de la pobreza» ha visto un aumento significativo en el número de mujeres extremadamente pobres y sin hogar en toda la región; condiciones a menudo estrechamente relacionadas con el abuso personal de drogas, que es otro factor crítico que empuja a las mujeres hacia la criminalidad. El perfil general de las reclusas por drogas se caracteriza por la falta de educación, y un historial de empleos mal remunerados o inadecuados, según el informe.
El informe también pone de relieve cómo las relaciones personales -a menudo románticas- con los hombres pueden conducir a las mujeres a participar en el tráfico de drogas, donde por lo general ocupan los eslabones más bajos de las redes criminales: cultivando, transportando o vendiendo drogas. El contrabando de drogas también es un papel que frecuentemente juegan las mujeres, ya sea como «mulas» que transportan drogas a nivel internacional, o las llamadas «aguacateras» (portadores de aguacate: llamadas así por la forma de las cápsulas de la droga), quienes ocultan las drogas para llevarlas a la cárcel, usualmente para pasárselas a los prisioneros masculinos.
En desamparo
Las sanciones que se aplican a este tipo de actividades pueden ser severas, con condenas largas independientemente de si la mujer fue obligada a llevar las drogas. En muchos países de Latinoamérica, los delitos de drogas se encuentran con la automática detención preventiva, que puede durar meses o años y, como expone el informe, «la mayoría de estas mujeres procede de los estratos sociales más marginados y socialmente excluidos, y no cuenta con los medios económicos ni con el conocimiento legal o el capital social para proveerse de una defensa legal adecuada».
Según el informe, mientras que los hombres por lo general cuentan con el apoyo y las numerosas visitas de sus familiares y socios, las mujeres a menudo son «abandonadas a su suerte», ya que el sesgo de género innato las ve pasar de ser percibidas como «madres» a «delincuentes», con las dos caracterizaciones siendo a menudo incompatibles a los ojos de los miembros de la familia y la sociedad en general.
Además, las mujeres a menudo no pueden tener visitas conyugales, mientras que el número inadecuado de cárceles de mujeres significa que o bien se encuentran lejos de su familia, o en condiciones inadecuadas e improvisadas en las cárceles de hombres.