Mami, no soy error, vida soy…
A lo largo de mi tiempo en esta vida he tenido el privilegio de conocer una infinidad de grandiosas mujeres; ya sea que provengan de una pequeña villa o de una gran ciudad; sobrevivan en la escasez o vivan en la abundancia; casadas, divorciadas, viudas o solteras, mas todas ellas tienen algo en común…sus acciones son pro-vida.
Bajo cualquier condición de vida, unas porque al tenerlo todo necesitan más tiempo para disfrutar sus vidas y otras porque al faltarles todo no hay espacio para una boca más, lo lógico sería evitar procrear… pero donde hay alimento para uno, lo hay para dos y muchos más. Probablemente no queden huellas de la belleza y juventud con la que un día estas valiosas mujeres fueron dotadas, pero gozan de la alegría de escuchar las voces de sus pequeños llamándolas, mamá.
Hace unos años, una desconocida se cruzó por mi camino por unos cuantos minutos o algo así; era joven, bella y con una vida de sueños por cumplir. Pero se enamoró y el sujeto la abandonó al saber que en su vientre germinaba la semilla de aquel falso amor. Se encontraba confundida y temerosa ante un futuro incierto, por lo que pensaba escapar por la salida mas fácil e igualmente dolorosa al final… negarle a un ser su cuerpo y su tiempo en esta vida.
Consternada por todos los sueños a los que tendría que renunciar al darle a esta semilla de vida una oportunidad; era mi gran deseo el hacerle ver lo mucho que tenía por ganar si su decisión fuese pro-vida. Pues el ser fuente de vida reviste a una mujer de una belleza especial con cada latido de corazón con el que su criatura sutilmente le permite sentir y saber, te amo mamá.
A veces me pregunto qué sería de aquella desconocida mujer; me gustaría saber que en aquellos pocos minutos que nuestros destinos cruzaron caminos y palabras, logré tocar su corazón y transformar ese futuro incierto en una historia de sacrificio y amor que hiciera de su vientre una cuna de luz y no un oscuro sepulcro.
Muchos son los que creen que el mundo no necesita el nacimiento de una criatura más; convirtiéndose en instrumento de muerte y dolor que arrebata a un inocente su oportunidad de vida; irónicamente, todo aquel que está a favor de este acto tuvo la oportunidad de nacer y vivir.
Mami, todavía no puedes verme… pero me amarás, ya lo verás.
Mami, mis pequeños pies y manos aún se forman… espera a verme, me amarás.
Mami, siento tu calor con cada latido de tu corazón… sé que me amarás.
Mami, cuando me cargues en tus brazos te consolaré… espera y verás.
Mami, mami, mami ¿qué pasa? No entiendo.
Mami, ¿por qué permites que me hagan daño?
Mami, no soy error, vida soy… espera a verme y me amarás.
Este escrito es propiedad y derechos reservados de su autora, Diana Benavides.
