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Mi primer año como Papa

A Francisco no le gustó que lo pintaran como un super héroe. Este mural ubicado en las cercanías del Vaticano ya fue borrado.

A Francisco no le gustó que lo pintaran como un superhéroe. Este mural ubicado en las cercanías del Vaticano ya fue borrado.

* Entrevista publicada en el Corriere della Sera, de Italia con Francisco, el pontífice que nos sorprende gratamente cada día

Ha pasado un año desde aquel humilde «buenas noches» que conmovió al mundo. El arco de 12 meses, así entendidos – no sólo para la vida de la iglesia – con dificultad puede contener la gran cantidad de novedades y los muchos signos de profunda innovación pastoral de Francisco.

Estamos en una salita de Santa Marta. Una sola ventana da a un pequeño patio interior que muestra un munúsculo rincón del cielo azul. El día es hermosísimo, primaveral, cálido. El Papa aparece de repente, casi sorpresivamente, por una puerta, tiene el rostro relajado, sonriente. Observa sonriente las muchas grabadoras que mi ansiedad senil de periodista puso sobre una mesa.

¿Funcionan? Si, Bien.

El reportaje es de Ferruccio De Bortoli, publicado en el diario Corriere della Sera, 05/03/2014. La traducción es de Moisés Sbardelotto.

Aquí la entrevista.

– ¿Balance de un año?

No, los balances no le gustan. «Yo los hago, cada 15 días, con mi confesor.

– Ud., Santo Padre, de vez en cuando, llama por teléfono a quien le pide ayuda. Y a veces, no creen que sea Ud., llamando personalmente.

Sí, eso sucedió. Cuando alguien llama, es porque tiene deseos de hablar, quiere hacer una pregunta, pedir un consejo. Como sacerdote en Buenos Aires, era más sencillo llamar. Y para mí sigue siendo un hábito. Un servicio. Siento esa voluntad dentro de mí. Ciertamente, no es tan fácil hacerlo, dada la cantidad de personas que me escriben.

– ¿Y hay algún contacto, un encuentro que recuerda con especial cariño?

Una señora viuda, de 80 años, que había perdido a su hijo. Me escribió. Y ahora le hago una llamadita cada mes. Ella queda feliz. Y a mí sacerdote. Me gusta.

– Las relaciones con su antecesor. ¿Alguna vez pidió consejos a Benedicto XVI?

Sí. El Papa emérito no es una estatua en un museo. Es una institución. No estábamos acostumbrados. Hace sesenta o setenta años, no existía la figura del obispo emérito. Vino después el Concilio. Hoy en día [el obispo emérito], es una institución. Lo mismo deberá ocurrir con el Papa emérito. Benedicto XVI es el primero, y tal vez habrá otros. No lo sabemos. Él es discreto, humilde, no quiere molestar. Hablamos al respecto y juntos decidimos, sería mejor que él viese personas, saliese y participe en la vida de la iglesia. Una vez, el vino aquí para la bendición de la estatua de San Miguel Arcángel, luego al almuerzo en Santa Marta, y después de Navidad, le invité a participar en el Consistorio, y él aceptó.

Su sabiduría es un don de Dios. Algunos desearían que él se retirase a una abadía benedictina, lejos del Vaticano. Pensé en los abuelos que, con su sabiduría, consejos, dan fuerza a la familia y no merecen terminar en un hogar de ancianos.

– Su manera de gobernar la iglesia nos parece ésta: Ud. oye a todos y decide solo. Un poco como el General de los jesuitas. ¿El Papa es un hombre solo?

Sí y no. Entiendo lo que me quiere decir. El Papa no está solo en su trabajo porque está acompañado y es aconsejado por muchos. Y sería un hombre solo, si decidiese sin oír o fingiendo escuchar. Pero hay un momento, cuando se trata de decidir, de poner una firma, en que él está sólo, solo en el sentido de responsabilidad.

– Ud., ha innovado, criticó algunas actitudes del clero, sacudió la Curia. Con cierta resistencia, alguna oposición. ¿La iglesia ya ha cambiado cómo Ud. se propuso hace un año?

En marzo pasado, yo no tenía ningún proyecto de cambio de la iglesia. No esperaba esta transferencia de Diócesis, por así decirlo. Empecé a gobernar tratando de poner en práctica lo que había surgido en el debate entre cardenales en las diferentes congregaciones. La manera de que actuar, espero el Señor me inspire.

Le doy un ejemplo. Se ha hablado del cuidado espiritual de las personas que trabajan en la Curia y comenzamos a hacer retiros espirituales. Se debe dar más importancia a los ejercicios espirituales anuales: todo el mundo tiene el derecho a pasar cinco días en silencio y meditación, anteriormente, en la Curia, se escuchaban tres sermones al día, y después de algunos continuaban trabajando.

La ternura y la misericordia son la esencia de su mensaje pastoral….Y del Evangelio. Constituyen el centro del Evangelio. De lo contrario, no se entiende a Jesucristo, la ternura del Padre que lo envía para oírnos, curarnos, para salvarnos.

– ¿Pero ese mensaje se entendió? Ud. dijo que la franciscomanía no durará mucho. ¿Hay algo en su imagen pública que no te gusta?

Me gusta estar entre la gente, junto con aquellos que sufren, ir a las parroquias. No me gustan las interpretaciones ideológicas, una cierta mitología de Papa Francisco. Cuando se dice, por ejemplo, que salgo por la noche del Vaticano para dar comida a las personas sin hogar en Via Ottaviano. Nunca vino eso a mi mente. Sigmund Freud solía decir, si no me equivoco: que en toda idealización hay una agresión. Pintar al Papa como una especie de súper-hombre, una estrella, me parece ofensivo. El Papa es un hombre que ríe, llora, duerme tranquilo y tiene amigos, como todos los demás. Una persona normal.

– ¿Nostalgia por Argentina?

La verdad es que no tengo ninguna nostalgia. Me gustaría encontrar a mi hermana, que está enferma, la última de nosotros cinco. Me gustaría verla, pero eso no justifica un viaje a Argentina: yo la llamo por teléfono, y eso es suficiente. No iré antes de 2016, porque en América Latina, ya fui a Río. Ahora tengo que ir a Tierra Santa, a Asia y a África.

– Ud., recientemente renovó su pasaporte argentino. Sin embargo, Ud. es un jefe de Estado.

Renové porque se había vencido.

– ¿Le desagradaron esas acusaciones del marxismo, especialmente provenientes de Estados Unidos, después de la publicación de la Evangelii gaudium?

Ni un poco. Nunca compartí la ideología marxista, porque no es verdadera, pero he conocido a muchas personas buenas que profesaban el marxismo.

– Los escándalos que empañaron la vida de la iglesia, afortunadamente, van quedando hacia atrás. Le fue dirigido, sobre el delicado tema de los abusos de menores, un llamamiento publicado por el diario Il Foglio, firmado, entre otros, por los filósofos Besançon y Scruton, para que Ud. haga oír su voz contra los fanatismos y la mala conciencia del mundo secularizado que respeta poco a la infancia.

Quiero decir dos cosas. Los casos de abuso son terribles, porque dejan heridas muy profundas. Benedicto XVI fue muy valiente y abrió un camino. La iglesia, de esta manera, también avanzó. Quizás más que nadie. Las estadísticas sobre el fenómeno de la violencia contra los niños son impresionantes, pero también muestran claramente que la gran mayoría de los abusos se produce en el entorno familiar y del vecindario.

La iglesia católica tal vez sea la única institución que se movió con transparencia y responsabilidad. Nadie más lo hizo. Sin embargo, la iglesia es la única en ser atacada.

– Santo Padre Ud., dice que los pobres nos evangelizan. La atención a la pobreza, la característica más fuerte de su mensaje pastoral, es confundido por algunos observadores como una profesión de pauperismo. El Evangelio no condena el bienestar. Zaqueo era rico y caritativo.

El Evangelio condena el culto al bienestar. El pauperismo es una de las interpretaciones críticas. En la edad media, había muchas corrientes pauperistas. San Francisco tuvo la genialidad de poner el tema de la pobreza en el camino evangélico. Jesús dice que no se puede servir a dos señores, a Dios y la Riqueza. Y, cuando seamos juzgados en el juicio final (Mateo 25), va a pesar mucho nuestra proximidad a la pobreza. La pobreza aparta de la idolatría, abre la puerta a la Providencia.

Zaqueo devuelve la mitad de su riqueza a los pobres. Y a los que tienen los graneros llenos de su propio egoísmo, el Señor, al final, presenta la cuenta. Lo que pienso de la pobreza lo expresé en Evangelii gaudium.

– Ud. Apuntó en la globalización, especialmente financiera, algunos de los males que agreden a la humanidad. Pero la globalización sacó a millones de personas de la pobreza. Dio esperanza, un sentimiento raro que no debe ser confundido con el optimismo.

Es cierto, la globalización salvó a muchas personas de la pobreza, pero condenó a muchas a morir de hambre, porque con este sistema económico, se vuelve selectiva.

La Globalización en el que la iglesia piensa no se asemeja a una esfera, en la cual cada punto es equidistante entre el centro y donde, por lo tanto, se pierde la peculiaridad de los pueblos, sino más bien a un poliedro, con sus caras diferentes, mediante las cuales, cada país conserva su propia cultura, idioma, religión, identidad. La actual globalización «esférica” económica, es, sobre todo financiera, produce un pensamiento único, un pensamiento débil. En el centro, no está la persona humana, solamente el dinero.

– El tema de la familia es central en la actividad del Consejo de ocho cardenales. Desde la exhortación ‘Familiaris consortio’, de Juan Pablo II, muchas cosas han cambiado. Se están programando dos sínodos. Se esperan grandes novedades. Ud., dice acerca de los divorciados: no debe ser condenados, deben ser ayudados.

Es un largo camino que la iglesia debe hacer. Un proceso deseado por el Señor. Tres meses después de mi elección, me fueron sometidos los temas del Sínodo. Se propone discutir sobre la contribución de Jesús al hombre contemporáneo. Pero, al final, como pasos graduales – que para mí eran signos de la voluntad de Dios – se optó por hablar de la familia que está pasando por una crisis muy grave. Es difícil formarla. Los jóvenes se casan poco. Hay muchas familias separadas, en que fracasó el proyecto de vida común. Los hijos sufren mucho. Debemos dar una repuesta.

Pero para eso, tenemos que reflexionar muy profundamente. Eso es lo que el Consistorio y el Sínodo están haciendo. Debemos evitar permanecer en la superficie. La tentación de resolver todos los problemas con la casuística es un error, una simplificación de las cosas profundas, como hacían los fariseos, una teología muy superficial.

A la luz de una profunda reflexión podrán ser enfrentadas seriamente las situaciones particulares, incluso de los los divorciados, con profundidad de pastoral.

– ¿Por qué la conferencia del cardenal Walter Kasper en el último consistorio (El matrimonio y la familia, y la vida real de muchos cristianos) dividió tanto a los cardenales. ¿Cómo Ud. piensa que la iglesia puede recorrer estos dos años de arduo camino, llegando a un amplio y sereno consenso? Si la doctrina es sólida, ¿por qué es necesario debate?

El cardenal Kasper hizo una presentación hermosa y profunda, que pronto será publicada en alemán y la desarrolló en cinco puntos; el quinto se refirió a los segundos matrimonios. Yo me preocuparía si, durante el consistorio, no hubiese un debate intenso, no serviría para nada. Los cardenales sabían que podían decir lo que quisieran y presentar diferentes puntos de vista que enriquecen el resultado. Los debates fraternos y abiertos permiten hacer crecer el pensamiento teológico y pastoral. Del debate no tengo miedo, al contrario, lo busco.

– En el pasado reciente, fue recurso habitual los llamados «valores innegociables», especialmente en Bioética y en la moral sexual. Ud. no ha retomado esta fórmula. Los principios doctrinales y morales no han cambiado. ¿Esa decisión significa, tal vez indica un estilo menos prescriptivo y más respetuoso con la conciencia personal?

Nunca he entendido la expresión «valores innegociables». Los valores son valores y eso es suficiente, no puedo decir que entre los dedos de una mano hay unos menos útiles que otros. Así que no entiendo en qué sentido puede haber valores no negociables. Lo que tenía que decir sobre el tema de la vida, lo escribí en la Exhortación Evangelii gaudium.

– Muchos países regulan las uniones civiles. ¿Es un camino que la iglesia puede entender? Pero ¿hasta qué punto?

El matrimonio es entre un hombre y una mujer. Los Estados laicos quieren justificar las uniones civiles para regular diversas situaciones de convivencia, impulsados por la exigencia de reglamentar aspectos económicos entre las personas, por ejemplo garantizar asistencia sanitaria. Se trata de pactos de convivencia de diversas naturalezas, de los cuales no podría enumerar las varias formas. Tenemos que ver los diferentes casos y evaluarlos dentro de su variedad.

– ¿Cómo será promovido el papel de las mujeres en la Iglesia?

Aquí tampoco ayuda la casuística. Es verdad que la mujer puede y debe estar más presente en los lugares de toma de decisión de la Iglesia. Pero yo llamaría a esto una promoción de tipo funcional. Así solo, no se hace un largo camino. Por el contrario, es necesario pensar que la iglesia tiene el artículo femenino la: es femenina en sus orígenes. El gran teólogo Urs von Balthasar trabajó mucho este tema: el principio mariano guía a la iglesia, al lado del principio petrino. La Virgen María es más importante que cualquier obispo y que cualquier apóstol. La profundización teologal está en marcha. El cardenal Rylko, con el Consejo de los Laicos, está trabajando en esta dirección con muchas mujeres especialistas en diversos temas.

– A Medio siglo de la Humanae vitae, del papa Paul VI, ¿la Iglesia puede retomar el tema del control de la natalidad? El cardenal Martini, su cohermano, consideraba que ya había llegado el momento.

Todo depende de cómo se interpreta la Humanae vitae. Pablo VI, al final, recomendaba mucha misericordia para confesores, atención a situaciones concretas. Pero su genialidad fue profética, tuvo la valentía de inclinarse contra la mayoría, de defender la disciplina moral, para ejercer un freno cultural, para oponerse al neomalthusianismo presente y futuro.

La cuestión no es cambiar la doctrina, sino ir al fondo y hacer que la pastoral tome en cuenta las situaciones y lo que puede hacer por las personas. También este tema se discutirá en el camino del Sínodo.

– La ciencia evoluciona y rediseña los límites de la vida. ¿Tiene sentido prolongar artificialmente la vida en un estado vegetativo? El testamento biológico podrá ser una solución?

No soy un experto en temas bioéticos. Y me temo que cada frase mía puede estar equivocada. La doctrina tradicional de la iglesia dice que nadie está obligado a utilizar medios extraordinarios cuando sabes que estás en una fase terminal. En mi pastoral, en estos casos, siempre aconsejé cuidados paliativos. En casos concretos, es bueno recurrir, si es necesario, el consejo de expertos.

– El próximo viaje a Tierra Santa ¿dará lugar a un acuerdo de intercomunicación con los ortodoxos que Papa Pablo VI, hace 50 años, casi había llegado a firmar con Atenágoras?

Estamos todos impacientes por obtener resultados «cerrados”. Pero el camino de la unidad con los ortodoxos significa, sobre todo, caminar y trabajar juntos. En Buenos Aires, en los cursos de catecismo, participaban diversos ortodoxos. Pasé la Navidad y el día 6 de enero junto a sus obispos, que a veces también pedían consejo a nuestras oficinas diocesanas. No sé si es cierto el episodio que se cuenta, que Atenágoras, habría propuesto a Pablo VI que caminasen juntos y enviasen a todos los teólogos a una isla para discutir entre sí.

Es una broma, pero lo importante es que caminemos juntos. La teología ortodoxa es muy rica. Y creo que tienen grandes teólogos en este momento. Su visión de la iglesia y de la sinodalidad es maravillosa.

– En algunos años, la mayor potencia mundial será China, con el cual el Vaticano no tiene relaciones. Matteo Ricci era jesuita como Ud.

Estamos cercanos de China. Envié una carta al presidente Xi Jinping, cuando fue elegido, tres días después de mí. Y me respondió. Existen relaciones. Es un gran pueblo al cual quiero bien.

– ¿Por qué, Santo Padre, nunca habla de Europa? ¿Qué no lo convence del proyecto europeo?

¿Recuerda el día que hablé de Asia? ¿Qué fue lo que dije? (Aquí el reportero se lanza con algunas explicaciones, recogiendo memoria vagas, para después darse cuenta que había caído en una simpática trampa).

Yo no hablé de ni Asia, ni de África, ni de Europa. Sólo de América Latina, cuando estuve en Brasil y cuando tuve que recibir la Comisión para América Latina. No ha habido una ocasión de hablar de Europa. Ella vendrá.

– ¿Qué libro estás leyendo estos días?

Pietro y Maddalena, de Damiano Marzotto, sobre la dimensión femenina de la iglesia. Un libro bellísimo.

– Ud. ¿ha podido ver algunas bellas películas, otra de sus pasiones? La gran belleza ganó el premio de la Academia. ¿Ud. va a verla?

No sé. La última película que vi fue ‘La vida es bella’ por Benigni. Y antes había vuelto a ver ‘El camino de la vida’, de Fellini. Una obra maestra. También disfruté de Wajda…

– San Francisco tuvo una juventud despreocupada. Le pregunto: Ud. ¿nunca se enamoró?

En el libro El jesuita, cuento acerca de cuando yo tenía una novia a la edad de 17 años. Y también hago referencia a esto en ‘Sobre el cielo y la tierra’ (Compañía de las letras, 2013), el libro que escribí con Abraham Skorka. En el seminario, una chica me hizo girar la cabeza durante una semana.

– Y con estas preguntas termino, sin querer ser indiscreto.

Eran cosas de jóvenes. ¡Hablé sobre ello con mi confesor! (gran sonrisa).

– Muchas gracias, Padre Santo.

Muchas gracias a Ud.

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