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Nica devorado por cocodrilos sufría depresión

Jesus-Jiron-ParamoEl nicaragüense Omar de Jesús Jirón Romero, de 32 años, devorado por varios cocodrilos en Costa Rica el pasado 29 de abril, era un excelente hijo que sin embargo había caído en el alcoholismo debido a que su ex pareja no lo dejaba ver a sus dos hijos.

Es lo que dice doña Isabel Páramo Hernández, de 58 años, una rivense que habita en Costa Rica desde hace muchos años.

Jirón Romero estaba ebrio cuando se lanzó a las aguas del río Tárcoles ignorando que sus aguas eran un hervidero de hambrientos reptiles.

“El sufrimiento que tengo es más grande que las ganas de seguir en pie. Me siento sola, devastada; mi hijo (de 32 años) era todo y se me fue”, comentó Páramo en una entrevista que concedió a La Nación en la casa de una de sus otras hijas, en San Pedro de Coronado, San José.

“Él estaba deprimido, triste. Yo no entiendo por qué la muchacha no lo dejaba ver a mis dos nietos; él era un buen padre. Ellos se separaron y, de un pronto a otro, ella se los arrebató. Recuerdo que él intentaba verlos desde lejos, ya fuera en el parque o en cualquier otra parte, pero a veces no los lograba ver.

”Esa situación tan incómoda hizo que él no quisiera vivir; yo intenté ayudarlo, pero no pude. La angustia de no ver a sus hijos llevó a Omar a morir así”, aseguró.

En la desesperación por ayudar a su hijo, Páramo llamó meses después de la separación a la expareja de su hijo para que le permitiera ver a sus hijos, pero no tuvo buenos resultados.

Dos años después, la situación era insostenible: Jirón tomaba grandes cantidades de alcohol todos los días, porque sentía menos ganas de vivir, según su madre.

Tanto así fue que hace tres años salió de una cantina y se lanzó a un carro. “Me llamaron. Recuerdo que eran como las 10 p. m. Solo me dijeron que habían golpeado a Omar. Me puse como loca, pero no podía salir de mi casa porque ya era de noche y es peligroso (alquilaban desde hace 14 años un rancho en Los Cuadros). Le pedí a un amigo de él que me lo llevara al hospital para que me lo trataran. Gracias a Dios, no me le pasó nada…, al menos, esa vez no me le pasó nada”.

Ese accidente hizo reflexionar a Páramo sobre la necesidad de que su hijo recibiera terapia en un centro de rehabilitación para alcohólicos. “Lo llevé hace como año y medio, pero estuvo solo 15 días porque no teníamos plata para pagarlo”, detalló la mujer.

Al salir de allí, tuvo una aparente mejoría; pero aquella pena que tenía por no poder departir con sus hijos seguía latente. “Unas dos semanas después empezó a tomar otra vez, hasta que… le pasó esto”, evocó su madre.

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