San Pedro de Lóvago también tiene cañón
Un viaje de aventura por un sitio hasta ahora desconocido de nuestra geografía. Vale la pena hacer el viaje desde cualquier punto del país para conocer además la misteriosa Cueva de Zanzíbar y la Cascada de Quilona. Senderos bajo tierra y pozas subterráneas todavía inexploradas, hacen de esta experiencia algo inolvidable.
OSCAR MERLO MENDIETA

Eran las 6 de la mañana de un viernes, y yo ya estaba esperando en la casa de mi amiga Shirley para partir. Hubo un atraso con el jeep en el que nos íbamos a transportar, lo cual le dio tiempo a un amigo más a unirse a esta aventura, y el afortunado se llama David, un compañero y amigo de la universidad.
A las 8 de la mañana llegó el conductor, y salimos los cuatro con destino hacia San Pedro de Lóvago, municipio del departamento de Chontales. Hicimos una parada para comprar en Las Güirilas “El Tata”, ubicadas en la carretera Panamericana, cerca del empalme de Boaco. Estaban deliciosas.
Llegamos a nuestro destino un poco pasadas las once de la mañana, debido a que nos perdimos. A unos dos kms de la entrada de la ciudad, hay una estatua de San Pedro encima de un caballo, y al lado un rótulo donde se da la bienvenida a este bello municipio, denominado la Capital de la Paz y la cuna de las mujeres más bellas.
Apenas arribamos a esta tranquila ciudad, el historiador René Matus Lazo, hermano del literato Róger Matus Lazo, nos ubicó en el lugar donde íbamos a estar hospedados. Así mismo, el guía Lenín Aróstegui, representante de la alcaldía, nos llevo al lugar donde amablemente nos dieron nuestro alimento los dos días que permanecimos en la zona.
Hacia el cañón
Después de haber degustado de un rico plato de comida, emprendimos nuestro viaje hacia el cañón de San Pedro de Lóvago. El camino es complicado, por lo que solo se puede acceder en un vehículo de doble tracción, el cual se tiene que parquear como a unos 200 metros de distancia del objetivo, y después caminar.
El cañón de este municipio es más pequeño que el de Somoto, pero igual de interesante. En periodos de invierno el agua cubre las piedras, lo que hace imposible caminar a través de él.
Cerca del cañón no hay infraestructura de apoyo, debido a su reciente descubrimiento. Pero en verano se puede avanzar sobre su lecho e incluso llegar a un punto donde se está a 47 metros de altura sobre la base del cañón, y desde donde se obtiene una vista maravillosa que vale la pena presenciar después de la corta pero inclinada subida.
La única fauna que pudimos observar fueron unos peces que el guía dijo eran “Guapotes”, y distintos tipos de aves. La flora es algo variada.
Después regresamos a la ciudad donde nos dispusimos a cenar y a pasear por la misma en la noche, no obstante parece que fue un mal día el que nos tocó ir, ya que no había movimiento en el pueblo, por lo cual nos tuvimos que volver al lugar donde pernoctamos.
A la mañana siguiente, después de alistarnos apresuradamente porque se nos “pegó la cobija”, el camarógrafo comenzó a hacer las tomas del parque central y sus alrededores. Era un jueves, por lo cual logramos apreciar a los devotos religiosos celebrar en la pequeña iglesia la misa del santísimo.
La misteriosa Cueva de Zanzíbar
Después de un desayuno inusual para nosotros cuatro, ya que nunca habíamos comido muy de mañana cerdo con arroz, frijoles, crema y tortilla, nos aventuramos con nuestro guía Lenín a conocer la famosa Cueva de Zanzíbar, tan extraña que no se ha podido descubrir su origen. Su entrada es un poco incómoda y hay que entrar agachados por unos siete metros de distancia, luego se puede andar de pie en todo su interior.
Cuenta con varios senderos y dos niveles. El segundo nivel es una copia exacta del primero. La experiencia aquí fue increíble, ya que nunca habíamos estado tan cerca de tantos murciélagos. Dentro de la cueva uno siente como que está dentro de una mina. No entra ninguna claridad, por lo que se tiene que llevar lámparas.
Al llegar a la cueva y ver la entrada diminuta desde afuera, nunca imaginé que sería tan extensa, con varios senderos que forman un laberinto, y mucho menos que tuviera dos niveles, los cuales se unen por una especie de pozo que se encuentra adentro, el cual tiene una profundidad aproximada de unos 8 metros.
No pudimos descender al nivel inferior, debido a que no llevábamos el equipo necesario para hacerlo. Dentro de la misma cueva hay otras dos pozas, una en cada nivel, de aguas muy oscuras y profundas, las cuales todavía no han sido exploradas en su totalidad.
El hermoso salto de Quilona
Al momento de regresar al mundo exterior, uno se siente raro. La claridad nos estorbaba al inicio, y emprendimos el regreso adonde habíamos dejado parqueado el vehículo, y partimos a nuestro siguiente y último destino: la Cascada de Quilona.
Queda en el mismo camino que lleva a la cueva, pero mucho antes, por lo cual sería recomendable primero ir a la cascada y después a la ya mencionada cueva.
Para llegar a esta cascada se tiene que bajar por una parte muy difícil, ya que es bastante inclinada, y un paso mal dado te puede ocasionar una caída muy lamentable. Para bajar por esa parte uno tiene que ayudarse de las raíces de los árboles y en algunas partes, para los que no tenemos experiencia en estos caminos, hay que bajar arrastrándose.
Ya estando abajo, se observa un gran salto de aproximadamente 11 metros de altura, donde desciende el agua y en donde los aventurados y aventados se hacen clavados.
Aquí también se puede apreciar la flora del lugar y disfrutar de la poza que se forma en la base de la cascada. Aprovechamos para comer, tomamos un pequeño descanso y después partimos para la ciudad de San Pedro de Lóvago, donde nos despedimos de nuestro guía y nos vinimos hacia nuestra querida y calurosa Managua, cansados, pero alegres de la experiencia vivida.
Agradecemos al alcalde del municipio, Melvin Báez; al guía que nos recibió, don Lenín Javier Aróstegui; al historiador don René Matus Lazo, encargado del hospedaje La Casona; a las personas del comedor que nos atendieron muy amablemente; y en mi caso particular, a mi amiga Shirley Gómez Bolaños y a Benjamín Espinoza, ambos integrantes del programa televisivo Senderos y Destinos, del Canal 14, VosTV, por haberme llevado a vivir esta experiencia inolvidable.
