Ticos están usando otra vez el río San Juan
* Construcción de la trocha fronteriza en vez de progreso ha llevado numerosos problemas a nuestros vecinos, sobre todo incomunicación
Más que soluciones, la trocha que la presidenta de Costa Rica Laura Chinchilla mandó a hacer paralela al río San Juan, está provocando muchos problemas y atrasos a la población del país vecino que habita en la franja fronteriza.
Cinco puentes se han derrumbado pese a que el invierno no ha sido tan copioso como se esperaba, obligando a los pobladores de esas zonas rurales a dar largos rodeos de hasta cuatro o más horas para llegar a sus destinos.
Mientras el escándalo por los actos de corrupción en la construcción de la denominada “1856” crece a lo interno de Costa Rica, más puentes amenazan con colapsar, lo que hace temer a la gente que aumente su incomunicación.
Los más sensatos optaron por volver a utilizar de nuevo el nicaragüense río San Juan, algo que en teoría iba a evitarse con la trocha.
El diario La Nación reporta que para los vecinos de Chorreras, la destrucción del puente sobre la quebrada Venada implica quedarse sin la ruta más corta –5 km– para llegar a Tiricias.
La alternativa terrestre que les queda es usar el camino El Roble-Moravia-Jocote, que los obliga a un recorrido adicional de 22 km a pie o a caballo.
En el pueblo, únicamente dos de las catorce familias tienen carro.
La otra opción es navegar por el río San Juan, pero no quieren volver a hacer eso, según dijo Gregorio Hurtado.
Mientras, la salida en servicio de los puentes sobre la Quebrada Rosalía, en Boca Tapada, y Cureñón, en Cureña de Sarapiquí, coloca en una situación similar a quienes viven en Santa Rita, El Recreo, Boca San Carlos, Palo Seco, Ochoa, Cureña y Remolinito.
La ruta alterna para salir a Golfito de Sarapiquí, y de allí a Pital de San Carlos, es el camino que inicia en Santa Rita de Pital y pasa frente al Hotel Laguna del Lagarto.
“El problema es que por ese camino, que tiene trechos en condiciones malísimas, no hay servicio de autobús. Entonces, tenemos que caminar unas cuatro horas. Es decir, tardamos casi toda la mañana o tarde caminando entre el barro”, dijo la campesina María Martínez.
Los vecinos de Cureña también podrían salir por la vía Tambor-Golfito, pero solo a pie, pues al derrumbarse el paso por el Cureñón ya no pueden pasar vehículos.
“Más mal no podemos estar ya que ahora estamos en enormes dificultades para sacar a los centros de comercialización productos agrícolas y ganado. Peor estaremos si los puentes se siguen derrumbando como castillo de naipes”, aseveró Martínez.
Ella confiesa que la apertura de la trocha les despertó muchas expectativas de progreso, pero que hoy sienten mucha desilusión.
“Primero nos dieron una gran alegría y ahora siento como si me hubieran dado un gran golpe en la cabeza; aturdida por tanto desacierto”, agregó.
Tres puentes más amenazan con caerse en cualquier momento.
Los habitantes de la zona califican con dureza los errores y afirman que ellos mismos advirtieron de la mala calidad de los trabajos, pero aseguran que nadie le puso atención a las denuncias.
“Me inquieta porque en la zona apenas está iniciando el invierno y ya perdimos cinco pasos. Me pregunto qué pasará cuando aumenten las lluvias”, dijo Carlos Rodríguez, de Pocosol de San Carlos.
