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Tragedia social en Centroamérica

Alarmante es la información que nos presenta el catedrático hondureño Edmundo Orellana, sobre la situación en Centroamérica, basado en datos del Cuarto Informe del Estado de la Región, presentado en su país recientemente.

Es una tragedia social. Esa fue la conclusión del informe. “¿Cómo calificar de otro modo a una región en la que viven en condiciones paupérrimas 17,2 millones de personas de los 43 millones que habitan…?”, se pregunta.

Nicaragua aglutina a gran parte de los desheredados de esta parte de la Tierra. Los otros son Honduras, El Salvador y Guatemala. Los cuatro suman el 80% de la población total del istmo y en ellos, más del 40% de la población es víctima de exclusión social.

¿Qué significa lo anterior? El profesor Orellana lo dice: “excluidos del mercado de trabajo, de la seguridad social, de la educación, de la salud, de la vivienda y de un larguísimo etcétera”.

“Esa enorme masa de excluidos son seres humanos a los que el Estado y la sociedad discrimina con ferocidad. De estos, los niños, los jóvenes, las mujeres, las minorías étnicas, los discapacitados y los adultos mayores son los más golpeados”, señala.

Las cifras que nos ofrece el informe, son estrujantes: casi dos millones de niños condenados a la desnutrición crónica en toda la región. Cerca del 5% queda fuera del sistema escolar. De los que logran matricularse, solo el 75% logra culminar un ciclo completo del nivel primario, y el lograr que terminen un ciclo completo es uno de los objetivos de Desarrollo del Milenio, cuyo plazo termina en el año 2015, lo que aleja a la región de la posibilidad de cumplir con ese compromiso.

Como era de esperarse, ni las presuntas leyes de protección ni las cuotas partidarias tienen un efecto significativo: las mujeres cargan con la peor parte de este drama que no es nuevo y se arrastra desde hace varias décadas.

De la población juvenil que no trabaja, el 80% es mujer. Del 40% de los jóvenes que abandonan las aulas, la mayoría son mujeres (embarazos, trabajos domésticos, matrimonio, etc.). Los homicidios de mujeres, entre 2003 y 2006, en El Salvador y Honduras casi se duplicaron, mientras en la región aumentó el 60.7%, pero fue en Guatemala en donde se presentó el mayor número de homicidios en términos absolutos.

La participación laboral de las mujeres aumentó, quienes representaban el 40% de la fuerza laboral a la fecha de la medición, siendo Honduras el país con mayor equidad salarial entre géneros en la región.

La población indígena es la más afectada. En Costa Rica, que es el país que mejores indicadores presenta en todos los aspectos, la quinta parte de los indígenas mayores de 15 años no sabían leer y escribir, al año 2000. Pero Guatemala es el país que peor trata a la etnia que constituye el 80% de su población total, ya que cerca del 50% de los indígenas mayores de 15 años, no sabía leer y escribir al 2002.

“En todos los países hay exclusión, pero en aquellos que es más alta (que constituyen la mayoría), los esfuerzos para reducirla exigen más recursos y más tiempo, por la gravedad del problema, ya que requisito fundamental para que abandonen esa precaria situación es un cambio radical de su perfil socio-laboral.

“El informe es descriptivo, pero también propositivo. Coincidamos o no con sus propuestas, lo importante es que constituye una señal de alarma. Atenderla exige de los gobiernos seriedad, responsabilidad, transparencia, rendición de cuentas y mayor inversión, factores que han sido eliminados del escenario gubernamental en Centroamérica, en donde impera la negligencia, la corrupción y la impunidad, causas reales de esta ‘tragedia social’”, plantea Orellana.

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